Cántabros en el caótico Mad Cool: «Estuvimos más tiempo esperando en la cola que viendo el concierto»

La organización del festival ha sido«nefasta». Avalanchas, golpes de calor, colas kilométricas para entrar y una hora para pedir en las barras

Ana del Castillo
ANA DEL CASTILLOSantander

La tercera edición del festival Mad Cool, conocido como la madre de todos los festivales, ha comenzado con mal pie. Buenas cifras de asistencia -casi 80.000 personas- pero nefasta organización: avalanchas, evacuaciones, golpes de calor, colas kilométricas para entrar y una hora como mínimo para poder pedir algo en las barras. Barras, por cierto, en las que no funcionaba el datáfono. «No podías localizar a tus amigos porque tampoco funcionaba la red. Había muchísima gente y caminar se hacía complicado», cuenta el cántabro Andrés Fernández, asistente habitual a este tipo de eventos. Sabe de lo que habla. Sus casi dos metros de altura le libraron de agobiarse entre tanta gente, pero reconoce que era un «caos» moverse por el recinto, que este año cambió de ubicación, junto al Ifema, al norte de Madrid.

Mucho más crítico se muestra el también cántabro Juan Herrería. «Tardé una hora y veinte en entrar al recinto, y eso que tenía reservado el parking», explica. Como él, miles de personas se toparon con colas kilométricas para acceder. Y ahí no acabó el caos. Una vez dentro, la desorganización también se hacía palpable. «La sensación que he tenido, es que había poco personal para tantísima asistencia. Una barra con diez camareros no da y eso provocó que la gente acabara muy molesta. Con tanto calor si las barras no funcionan...», apunta Herrerías. Por si fuera poco, el datáfono no funcionaba. «Había tanta gente que la red estaba colapsada y tampoco podías pagar con tarjeta en las barras. Y otra de ellas se quedó sin luz un buen rato y no podían servir», añade Fernández.

La peor parte la sufrieron quienes no tenían encima la pulsera (el festival mandó previamente a muchos usuarios la pulsera a sus domicilios). «Esos tuvieron que esperar colas de hora y media a 35 grados, sin una sola sombra. Fue horroroso», puntualiza Herrerías.

El cántabro Chuchi López tenía previsto ir solamente a ver a Perl Jam, cabeza de cartel. El concierto comenzaba a las 22.00 horas «y estuvimos hora y media para entrar, así que no nos dio tiempo ni a pedir. Bueno, ni me lo planteé viendo las colas que había», cuenta.

El caos llegó también a la salida del festival. «No sabíamos cómo salir de allí. Habían cortado la carretera, el tren de cercanías no funcionaba hasta las siete de la mañana y había una línea de metro, pero era inviable con la avalancha de gente. ¿Los taxis? Colas de kilómetros para coger uno», explica a este periódico Fernández. Herrerías lo tiene claro: «Ha sido frustrante. No tengo intención de regresar».

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