Ciclismo

Freire: «Aprendías a montar en bici con los amigos»

Óscar Freire apostó por el ciclismo como profesión cuando estaba en sub-23./DM .
Óscar Freire apostó por el ciclismo como profesión cuando estaba en sub-23. / DM .

Las calles del Barrio Covadonga fueron el escenario de los primeros kilómetros del tricampeón del mundo «con las bicis que heredaba de mis hermanos»

Adela Sanz
ADELA SANZTorrelavega

Día de Reyes del año 85 en el Barrio Covadonga de Torrelavega. Un niño de nueve años llamado Óscar Freire (Torrelavega, 1976) descubre que sus majestades de Oriente le han dejado una bicicleta Emporium granate. «Esa fue la primera que tuve, hasta entonces había ido heredando las de mis hermanos -es el menor de cuatro-, que eran artilugios más que bicicletas», bromea el tricampeón del mundo de ciclismo en ruta.

La Emporium no duró mucho. «Como no era una bicicleta muy buena se cambió con el tiempo por otra mayor y no la conservo, aunque reconozco que me hubiera gustado, pero en aquel momento no le di importancia», explica sobre su primera bici 'seria'. Freire aprendió a pedalear mucho antes de que el deporte del ciclismo llegase a su vida. Lo hizo en el Barrio Covadonga. «Era un poco supervivencia. Con seis años cogías la bici y allí estabas con unos y otros, entre los chavales. Entonces no era como ahora. Aprendías a montar en bicicleta con los amigos y nos poníamos a dar vueltas al bloque». La infancia en la década de los ochenta era muy diferente a la actual. «Antes no era como ahora. Ibas al colegio y después estabas el resto del tiempo por la calle. No existían las actividades extraescolares de ahora y además había niños de sobra con los que jugar y pasar la tarde. Creo que era mucho más divertido», explica el torrelaveguense. Cuando le regalaron la bici fue «porque quería apuntarme a un club de ciclismo. A unos les da por el fútbol y a mi me dio por la bicicleta. En aquel momento se organizaban carreras y competiciones pero no dejaba de ser un juego, ya que de pequeño nunca pensé en que iba a dedicarme profesionalmente a ello».

Con la llegada de la Emporium, el pequeño de los Freire se incorporó al Club Ciclista Galón. Y el primer día que fue a entrenar se tuvo que volver a casa. «Desayunaba fatal, pero para ir a entrenar mi madre me dio un tazón lleno de galletas con miel y no hubo forma de hacer nada con eso en el estomago», recuerda con una media sonrisa. El ciclista va desgranando anécdotas y recuerdos. «Te acuerdas más de esos años que de cuando eras un profesional. En ese momento son muchas sensaciones nuevas. Tienes nueve años y todo se mantiene fresco en la memoria».

Tampoco le faltan detalles a su primera carrera. «Fue en el Paseo Pereda de Santander. Habían cortado la calle y pusieron un cono en una parte y otro más allá. Hice octavo o noveno, pero me enganchó». En aquel momento el ciclismo gozaba de un buen estado de salud en las categorías inferiores. «En mi generación fue cuando más niños había», y esto -según el torrelaveguense- «pudo ser gracias a Perico Delgado en el Tour, que consiguió que el ciclismo tuviera más presencia y que todo el mundo hablara de ello». Ese año también conquistó su primer trofeo. «Quedé quinto en Colindres. No tengo recuerdos muy claros de la carrera, pero sí de la ilusión de regresar con un premio. Era algo muy bonito y aunque no hubiera ganado, resultó emocionante. Ahora dan medallas en todas las pruebas, pero esa para mí fue especial porque fue el esfuerzo lo que me llevó a conseguirlo. Lo que no recuerdo fue la primera carrera que gané», comenta.

De su talento para el ciclismo se fue dando cuenta «poco a poco», reconoce. En cadetes «destacas, luego llegas a juveniles y ves que es más difícil, pero que todavía sigues ganando. Cuando era juvenil de segundo año veía que podía valer para ser ciclista, pero cuando pasas a otra categoría mayor tienes que mantener los pies en la tierra. Puedes ser el mejor de tu año en tu ciudad y en tu región, pero a medida que vas subiendo de categoría te mides con los mejores de otros años y de otros lugares. Así, hasta que no eres profesional y te consagras, no eres consciente». Óscar Freire sólo estuvo un año en el Galón y al siguiente se fue a la Sociedad Deportiva Torrelavega. «Cuando pase a sub-23 me planteé que mi futuro podía pasar por dedicarme a esto. No por el hecho de triunfar, sino ser profesional». Dejó los estudios de Metal que cursaba en el Miguel Herrero, hizo el servicio militar y el resto ya es historia del ciclismo.

 

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