Tres hermanos en la 'San José XV'

Los hermanos Mario, Miguel y Pablo Hernando, en la sede de Astillero./R. Ruiz
Los hermanos Mario, Miguel y Pablo Hernando, en la sede de Astillero. / R. Ruiz

Mario, Miguel y Pablo, comparten ilusión a bordo de la trainera de Astillero, en la que bogarán el año que viene en la Liga ACT

RAFA GONZÁLEZ

Ni uno ni dos, tres hermanos forman parte de la plantilla de Astillero. Los objetivos, los triunfos y los disgustos deportivos se comparten de forma fraternal en la familia Hernando San Millán. De los 21 remeros de la 'San José XV', tres llevan la misma sangre: Mario, Miguel y Pablo. Llevan muchos años ligados al deporte que practicó su padre y han hecho realidad un sueño que compartían cuando comenzó la temporada que no era otro que devolver al club de su pueblo a la máxima categoría.

Ellos han sido piezas importantes de la cuadrilla que cada fin de semana se encargaba de defender la suerte de su club. Mario, a sus treinta años, es un remero contrastado y un especialista tanto en banco fijo como móvil, hasta el punto que una vez concluida la temporada con Astillero se marcha a Torrevieja para competir en banco móvil en el club alicantino. Participará en el campeonato Valenciano en cuatro skull y doble mixto y también acudirá al Campeonato de España. Su análisis de lo que sucedió en la última cita es contundente:. «Hemos vivido con mucha emoción la doble jornada. Ha sido muy intensa y la verdad es que han salido bien las cosas, porque hemos trabajado muy bien. Es el club de mi vida; en él empece a remar desde niño y en el equipo hay compañeros de entonces, amigos y a los que sumo a mis hermanos. Todo ha sido muy emotivo».

Mario, por su parte, cuenta con experiencia y reconoce que, aunque comparten muchísimas cosas, los Hernando San Millán son remeros con valores diferentes. «Cada uno de nosotros tenemos distintos perfiles para diferentes puestos. Cada uno dentro de sus características trata de aportar el máximo. En mi caso creo que soy un remero de centro del barco. Es decir, con más vatios. Miguel rema en diferente posición, más en la punta, y Pablito es mas joven y tiene que acabar de hacerse». De cara al futuro, Mario entiende que si todo transcurre con normalidad seguirá el año que viene. «Hemos terminado ahora y empezamos con el tema de los niños, que es uno de los motivos por los que volví a remar aquí. La verdad es que es un proyecto que me ilusiona. El año pasado empecé con diez niños y este año me he buscado la vida y empiezo con cuarenta, que es una de las cosas que me motiva para seguir. Si todo va bien y el club sigue contando conmigo, en principio, no habrá ningún problema, mi intención es seguir aquí», reconoce.

Miguel es el mediano de la saga y ocupa un puesto importante en la trainera como es el de marca, el remero más próximo al patrón. Estos deben ser capaces de llevar una remada continúa controlando el ritmo. Habla de sus comienzos. «Toda la vida de marca. Soy el más bajito de los tres y eso me condiciona. Mi padre remó, pero no lo hizo muchos años. Siempre le ha gustado y un buen día nos decidimos a probar Mario y yo, hace dieciocho años, y aquí continuamos». Y también hace balance de la temporada recién culminada: «Ha sido buena, estamos contentos. En Cantabria lo hemos ganado todo: batel, trainerillas, larga distancia, las regatas de aquí... En la Liga también hemos estado muy regulares. Hemos ganado bastantes banderas y, salvo dos cuartos puestos que hicimos, creo que es para estar contentos. Lo podíamos haber hecho un poco mejor, pero en líneas generales muy contentos», explica.

La jornada del sábado en Bermeo no fue buena y para todo el mundo parecía que las opciones de ascenso se habían alejado demasiado. «La verdad es que no salimos con la cabeza baja, pero sí dolidos, ya que no habíamos sido el equipo que demostramos durante todo el año. Creo que se juntó un cúmulo de circunstancias: nos pudo la presión, no cogimos remada, el barco no se soltó... Cuando habíamos dado treinta paladas ya noté que el barco no navegaba como otras veces», analiza. Pero la plantilla hizo propósito de enmienda. «Estábamos en el hotel por la noche y hablamos del tema. Y todos pensamos que, efectivamente, estábamos heridos, pero no derrotados, como nos dijo el entrenador muchas veces entre el sábado y domingo». Así que hicieron borrón y cuenta nueva. «En Portugalete teníamos que salir a hacer nuestra regata y ganarla y después esperar, no dependíamos de nosotros. Teníamos que esperar que Lekeitio fuese segundo y después superar a Meira por más de siete segundos». Hubo final feliz, pero no sin suspense. «Cuando acabamos nos tocó esperar. Fueron unos minutos de incertidumbre. Sabíamos que llevábamos ventaja, pero nadie conocía las centésimas. Al final se consiguió por cuarenta y cuatro, que es lo importante», afirma.

«A mantenerse en la ACT»

De cara a la próxima temporada Miguel da un paso al frente en relación a su continuidad: «Habrá que seguir aquí. Hay que mantener a Astillero en la ACT, ese es el objetivo. Ahora, de momento, dos meses de desconexión, relax y un poco de carrera para mantenerte. El invierno es muy duro, con cargas y entrenamientos de más de dos horas, mientras que en verano es diferente porque se hace lo que nos gusta, que es remar».

Pablo es el benjamín de la familia. A sus veintidós años lleva ya una buena parte de ellos agarrado al remo. Comenzó hace trece años, a los nueve. No era ni alevín. El pasado domingo le tocó morderse las uñas en los muelles de Portugalete viendo a sus compañeros. «Se sufre más desde fuera. Cuando se confirmo el ascenso lo festejé mucho, ya que somos un equipo y mis compañeros habían conseguido arreglar la mala regata del sábado. Yo no remé el domingo, soy de los que esta rotando todo el año. Yo siempre acepto quedarme fuera. Somos un equipo y sabía que los que embarcasen lo iban a hacer bien, como se demostró».

Este joven remero habla del entusiasmo que ha demostrado la afición, a la que se muestra muy agradecido. «Ha sido muy bonito, tanto por los que fueron a las regatas como por los que se acercaron al Ayuntamiento a una hora que era muy mala. Nos han demostrado que se sienten orgullosos de nosotros, hay que darles las gracias». El remo se vivía en casa y eso fue fundamental para su vinculación. «En casa, el deporte era el remo. Yo practicaba otro deporte, pero a los nueve años me dijeron que bajase a probar y aquí sigo. Trece años, más de media vida».

«El año pasado no remé y en éste me ha costado muchísimo coger la forma. He tenido que bajar veinte kilos. Llegué a pesar noventa y cuatro», afirma, con voz de satisfacción porque el esfuerzo ha merecido la pena. Por eso quiere continuar: «Yo pienso seguir.Es el club del pueblo y nunca he remado en la ACT, así que habrá que defenderlo en una competición muy exigente, con los mejores».

 

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