Fútbol

Así ha sido la espectacular llegada del Racing al campo

Marcos Menocal
MARCOS MENOCALSantander

Tres horas antes de que comenzase el partido arrancó el corteo desde la sede de Juventudes Verdiblancas hasta el estadio de los Campos de Sport. Racinguismo de calle. Unos y otros se juntaron en los aledaños, donde algunos apuraban su ración de cocido. No había sitio para nadie y más cuando asomó el autobús; himno, bengalas, ruido. Mucho ruido y un pequeño espacio para que pasase el bus. Los jugadores de pie en su interior grabando el espectáculo. Fuera, la afición enfervorizada gritando. No hay palabras. La expedición gira y se da de bruces con los suyos. Al salir los jugadores el ruido es total. «Que sí, joder, que vamos a ascender». Barral entra, se pide un café en vaso de plástico y regresa para grabar con su móvil la escena. Actor de reparto en la prefiesta y principal en la que viene después. Padres con los niños a hombros, madres con la camiseta del Racing. Unos minutos antes había llegado el trío arbitral y también se llevó los aplausos. Parece que los silbidos están reservados para... El Atlético Baleares, que un cuarto de hora más tarde asoma en un autocar blanco sin una letra en su exterior. Se detiene ante los miles de racinguistas que murmullan y pitan. Los jugadores salen de uno en uno y hay quien no duda en sacar su móvil y retratar la imagen. Es única. No importa de donde se venga.

«Esto es el Racing, estoy enamoraduco», dice Quique Estebaranz, exjugador de los noventa y que no se lo quiere perder. Lo mismo que Mendilíbar, entrenador del Eibar, que tampoco, quiere que se lo cuenten.

Y con prisa, para dentro del estadio. No hay tiempo que perder. En La Gradona: «Preparados listos, ya». En frente, no menos de 400 aficionados del Atlético Baleares rivalizan en ruido pero pronto se ven en inferioridad. Los minutos previos al arranque han sido una declaración de intenciones.