«La sede del Senado debería estar en Barcelona»

Ramon Tamames en la terraza de su casa. /
Ramon Tamames en la terraza de su casa.

Ramón Tamames publica un libro con una fórmula para desatascar el conflicto catalán mediante un conjunto de reformas de gran calado

CÉSAR COCA

Ramón Tamames ha entrado en el debate catalán. En '¿Adónde vas, Cataluña?' (Ed. Península) aborda la historia de esa comunidad autónoma, para plantear luego una propuesta que, a su juicio, podría conducir hacia la resolución del problema. Se trataría de una serie de medidas fiscales, políticas, judiciales y simbólicas que permitirán un acomodo mejor que el actual, gracias a algunas cesiones por ambas partes. El punto de partida del ensayista y profesor es que la secesión no tiene fundamento histórico, jurídico, económico ni político, pero no se puede permitir que aumente la tensión. Entre sus propuestas están un nuevo sistema de financiación autonómica con un tope a la solidaridad interreterritorial, un órgano pactado de resolución de conflictos competenciales y un asunto simbólico pero muy importante que es dar a Barcelona un gran peso como sede de instituciones del Estado. Su propuesta ya ha sido elevada a Mariano Rajoy y Artur Mas.

-En su libro plantea no una doble capitalidad, pero sí llevar algunas sedes de importantes instituciones a Barcelona.

-Sí, lo propongo porque desde Carlos I la corona de Aragón, y dentro de ella Cataluña, fue quedando relegada. La causa fue que poco a poco se produjo una descompensación entre las dos grandes coronas que habían terminado por formar España. Lo que planteo es reequilibrar eso de alguna manera, dando más peso a Barcelona. En concreto, creo que la sede del Senado, de un Senado reformado desde una óptica territorial, debería estar allí, y alguna institución más.

-¿Una fórmula parecida a la holandesa, que reparte sedes entre La Haya y Amsterdam?

-No, más bien algo parecido a lo que sucede en Alemania, donde las sedes de entidades estatales están repartidas por el país. Piense, por ejemplo, que el Tribunal Constitucional de aquel país está en Karlsruhe, y no en Berlín.

-También plantea un límite a la solidaridad interterritorial. ¿Cuál debería ser?

-La propia Unión Europea considera que el tope máximo de esos flujos sin distorsionar la economía es el 4%. Y ese es el tope que yo propongo. Que todo lo que recibe de fuera cada comunidad no supere el 4% de su PIB, y lo mismo para las salidas: que la aportación a las comunidades más pobres tampoco suponga más de esa suma. A partir de ahí, llegan los problemas, y hay experiencias históricas de ello.

-¿Como cuál?

-Italia lleva cien años con una política de ayudas que no tiene en cuenta esos límites y no ha servido de nada. Lo único que produce es más clientelismo y una gran dosis de corrupción.

-Una Agencia Tributaria Federal resolvería muchos problemas, asegura usted. ¿Cómo se articularía?

-Se trataría de que solo hubiera una Agencia Tributaria, con un consejo en el que estarían representadas todas las comunidades autónomas. Ahí se discutirían las cosas fundamentales. La organización sería estable y habría sedes regionales. En cada una de ellas, intervendría solo la Administración central y la autonómica, correspondiente, sin presencia de las otras.

-¿Qué ventajas supondría respecto de la situación actual?

-Si el Estado y las autonomías van juntos en esta materia, habrá más información y disminuirá el fraude. No tengo ninguna duda de que habría una compenetración mucho mayor entre las administraciones fiscales con esa fórmula.

-Uno de los aspectos más llamativos de su propuesta es la creación de un órgano que dirimiera los conflictos territoriales. ¿Permitiría acabar con el permanente recurso al Constitucional que se da ahora?

-De eso se trata, de que disminuyan los recursos, con todo lo que ello supone. Sería una forma nueva de revisar los estatutos. Habría un cuerpo deliberante formado por 27 miembros elegidos en tres niveles distintos y con personas procedentes de ámbitos diversos. Ellos elaborarían una ponencia que se transferiría a las Cortes y plantearía, si lo vieran necesario, una reforma constitucional. Sería una forma de desdramatizar el conflicto y no derivar hacia un diálogo de sordos entre Rajoy y Mas.

-Usted ha hablado alguna vez de dejadez por parte del Estado en algunos conflictos con las comunidades. ¿A qué se refiere?

-A que el Estado ha hecho muchas concesiones y ha permitido que no se cumplan algunas sentencias del Constitucional. En materia educativa, por ejemplo, no cumplen ni una. Deberían aplicarse sentencias para las administraciones que se saltaran las sentencias.

-¿Sería posible una racionalización de competencias que, en busca de una mayor eficacia, implicara que el Estado cediera algunas que mantiene y recuperara alguna que transfirió, como se ha debatido en Alemania?

-Para recuperar competencias, el Estado debería armarse de paciencia y argumentos, porque la resistencia a devolverlas por parte de las autonomías es muy grande. La idea de alguna de ellas es ser un Estado, y así nos va porque lo duplican todo.

-Pero parece que hay competencias que podrían ser transferidas sin problemas: la gestión de los aeropuertos, por ejemplo. Se hace así en algunos países.

-Sí, aunque también la gestión en red presenta ventajas. Creo que hay algunas competencias críticas que habría que repensar.

-¿Cuáles?

-La sanidad es una de ellas. Un Insalud federal sería un portento, porque igualaría prestaciones a todos los españoles, con independencia de donde vivan. La Justicia debería estar mucho más coordinada. No hablo de suprimir los Tribunales Superiores autonómicos, sino de más coordinación. Y luego está la educación, que es lo más problemático. Las universidades deberían ser un asunto federal. Por no serlo, estamos perdiendo mucho en investigación y en atracción de alumnos extranjeros. Deberíamos ser una potencia en esto último, y no lo somos.

-¿Qué España ve en un plazo de digamos cinco o seis años?

-Creo que Felipe VI va a entender mejor lo que pasa. Puede jugar un gran papel de moderación y acercamiento. Sabe lo que tiene entre manos. Pienso que, con algunas reformas y la reparación de algunos daños, no entraríamos en un remanso de paz pero sí mejoraríamos mucho.

-¿Puede suceder lo contrario: ir a peor?

Si no se hace algo, sin duda puede ir a peor. El Gobierno central juega duro pero la negociación es posible. De todos modos, me temo que Rajoy no tiene la formación histórica suficiente para resolver este dilema.

-¿Cree que habrá referendum en noviembre en Cataluña?

-Creo que no. Estoy casi seguro. La idea de Mas será convocar elecciones pero los sondeos no le van bien, así que tampoco estoy convencido de que lo haga de inmediato.

-Usted no es partidario de que el Gobierno central haga campaña por el 'no' utilizando caras famosas. ¿Por qué?

-Espero que no lo plantee nadie porque sería entrar en un choque de trenes. Sería muy pernicioso sacar a Gasol o Nadal haciendo el numerito, o a algún investigador famoso de los que están en el extranjero... Ellos harían lo mismo, porque también hay famosos que defenderían la independencia.

El impacto del referéndum en Escocia

-¿Qué impacto puede tener en el proceso catalán el resultado del referéndum en Escocia?

-Si sale 'sí', sería un motivo de enorme euforia entre los independentistas catalanes, por supuesto. De todos modos, el proceso de separación sería muy difícil, por las enormes implicaciones que tiene en aspectos políticos, económicos, diplomáticos... Sería una verdadera escuela de dificultades.

-¿Y si sale que no?

Parece que va a ser así, pero hay aún un número muy alto de indecisos. Si sale que no, los independentistas perderán mucho fuelle en Cataluña. Sobre todo, si la diferencia entre el 'no' y el 'sí' en Escocia es amplia.