La Garma enamora al 'zapatero de Hollywood'

Stuart Weitzman, con su asistente personal, Barbara Kreger, posan en la cueva delante de unas pinturas.
Stuart Weitzman, con su asistente personal, Barbara Kreger, posan en la cueva delante de unas pinturas. / AP
  • Stuart Weitzman conoció la cueva cántabra hace dos años y ha creado una fundación para divulgar su valor

El día que Stuart Weitzman (Massachusetts, 1941) entró en la cueva de La Garma permaneció en su interior durante cerca de cinco horas. El acceso a la primera galería había sido complicado, de modo que sus acompañantes, mucho más versados en el asunto, le ayudaron a descender por un agujero que a él le recordó a las bajadas que hacen los bomberos cada vez que salta la alarma y toca salir corriendo. Luego, cuando sus ojos se adaptaron a la oscuridad y comenzaron a recorrer aquellas paredes, creyó que estaba soñando. La caverna, decorada con figuras de animales pintadas, grabados, signos y manos en negativo de color rojo firmadas por hombres que vivieron hace 30.000 años, abrió una mella tan grande en su corazón que el hombre que calza a buena parte de las celebridades que pueblan el planeta decidió hacer algo al respecto.

Hace ya tiempo que el único zapatero en el mundo capaz de hacer sombra a Blahnik y Louboutin optó por engordar la lista de millonarios dispuestos a donar en vida su dinero. Su fundación, la Weitzman Family, maneja desde hace años buena parte de su más que considerable fortuna apoyando proyectos de educación y sanidad dirigidos a niños desfavorecidos, organizaciones caritativas deportivas y, como buen judío, a todo aquel que comparte sus raíces y sufre penalidades lejos de casa. Hasta ahí, nada de particular; Weitzman sería solo uno más de los muchos filántropos que pululan por el Globo si no fuera porque aquella visita a La Garma, en las entrañas de Cantabria, le convenció de la necesidad de colaborar para preservar y dar a conocer aquella maravilla escondida. Dos años después ha creado la Stuart Weitzman Foundation For The Preservation of Cantabria Prehistoric Caves; una sociedad a la que ya ha dotado con un cuarto de millón de euros y que promete colocar esta cueva a la cabeza de los grandes tesoros prehistóricos del planeta.

Tan bella como Altamira

Weitzman está estrechamente ligado a España desde que a comienzos de los años setenta decidió que sus zapatos, esos que hoy calzan Beyoncé, Kendall Jenner, Angelina Jolie, Gisele Bundchen, Taylor Swift y Lady Gaga –entre otras muchas ‘celebrities’–, se fabricarían en Alicante. Casi medio siglo en el que ha levantado un imperio que, además de procurarle un montón de dinero, da trabajo a 3.000 personas; cinco décadas en las que ha visto crecer su negocio mientras los lazos con su "segunda tierra" se estrechaban.

Fue mucho después de aterrizar en España cuando comenzó a alimentar el sueño de conocer Altamira. Por eso, cuando hace un par de años el destino le acercó a gente influyente ligada a Cantabria –cuyos nombres no desvela–, creyó que había llegado su momento. "Cuando planteé la posibilidad de que hicieran una excepción y me dejaran entrar en la cueva me dijeron que era imposible, pero que había otra, tan importante y bella como Altamira, que podría conocer: La Garma. Cuando por fin pude verla quedé impresionado; y sí, completamente emocionado con la experiencia, pensé: ¿Cómo podemos promocionarla? ¿Qué podemos hace para que todo el mundo sepa que existe un tesoro así aquí?".

De que su empeño va en serio dan fe su fundación y los 250.000 euros con los que la ha puesto a andar, pero también su certeza de que eso solo será el principio. Weitzman ya ha contactado con su amigo el famoso fotógrafo Mario Testino para colocar la cueva en el foco de todas las revistas, periódicos y redes sociales del mundo. "Le comenté mi proyecto, le hablé de tratar de informar sobre lo que hay aquí y está dispuesto a a ayudar. Mario, además de un amigo con el que he trabajado mucho, es un hombre sensibilizado con toda acción que tenga como objetivo la preservación del patrimonio. Él tiene su propia fundación y es el presidente de la World Monuments Fund Perú".

El zapatero ya ha arrancado del peruano más famoso del mundo –con permiso de su tocayo Vargas Llosa– el compromiso de viajar el próximo mes de mayo a España y fotografiar la cueva. Y por si eso no fuera suficiente, su modelo fetiche, la estadounidense de origen palestino-holandés Gigi Hadid podría acompañarle para apoyar su cruzada. "Hay que presentársela al mundo y yo sé cómo hacerlo. Al fin y al cabo, llevo décadas vendiendo zapatos con éxito". Los números prueban que dice la verdad. De otro modo no se entendería que Coach, una multinacional de EE UU especializada en accesorios de lujo, pagara el año pasado por su empresa 574 millones de dólares.

Sigue como presidente y director creativo

El americano, que sigue siendo presidente y director creativo de la compañía, asegura que su trabajo le divierte tanto como el primer día. Lo dice en un castellano perfecto salpicado de acento y de un entusiasmo contagioso. Explica que habla ‘espanyiddis’ porque ama España y es judío –su esposa aún conserva la llave de la casa de Lleida de la que su familia fue expulsada hace quinientos años–; también que está convencido de que los españoles no aprecian su patria todo lo que debieran. "Cuando llegué aquí este era un país cerrado, pero ustedes tienen ahora la mejor comida del mundo, el mejor arte y al número uno de la moda: Zara. España es maravillosa. Sus políticos son horribles, pero la gente es fantástica", dijo cuando le pidieron su opinión por el país en el que pasa seis meses al año, mucho antes de embarcarse en esta nueva aventura. Y es que ahora, en su empeño porque el mundo descubra la cueva cántabra, no le quedará más remedio que tratar con su gestor, el Gobierno de Cantabria. Una administración en la que muy pocos sabían hasta ahora de la existencia de su nuevo mecenas, y mucho menos de sus intenciones. Aún así, parecen dispuestos a acogerle con los brazos abiertos.

Los investigadores, en uno de los trabajos dentro de la cavidad.

Los investigadores, en uno de los trabajos dentro de la cavidad. / R. Ruiz

"Queda mucho por descubrir"

Ramón Ruiz, consejero de Cultura de Cantabria, opina que la iniciativa de Weitzman es un gesto para agradecer que certifica que el patrimonio subterráneo de la región es tan excepcional que está consiguiendo atraer la atención no solo del ámbito científico internacional, sino también de los grandes filántropos que buscan invertir en la recuperación del legado histórico. "La Garma es una cavidad en la que, según aseguran los investigadores, aún quedan muchos hallazgos por descubrir que, sin duda, cambiarán las ideas que tenemos sobre ese periodo de nuestra historia", apunta el consejero, encantado con la idea.

Tan contenta o más está la familia científica. Tanto Roberto Ontañón, director de Cuevas Prehistóricas de Cantabria, como el catedrático de Prehistoria Pablo Arias, ambos responsables del proyecto de investigación de La Garma, opinan que cualquier ayuda es bienvenida, y que el proyecto de Weitzman puede atraer a otros colaboradores.

La casualidad ha colocado en la entrada de la cueva al prestigioso zapatero norteamericano, igual que en 1991 hizo que José Luis Novoa, un paisano de la zona que paseaba por allí con su perro, se saliera del camino y diera con la boca de una cueva. Un yacimiento arqueológico considerado único en el mundo y que, al menos hasta ahora, muy pocos conocen.

"Cuando entré en la cueva no quería salir", confiesa el zapatero de Massachusetts. "Pensar en que el ADN de aquellos hombres es igual que el nuestro es emocionante".