Dalton Trumbo, el guionista irreductible

La azarosa trayectoria laboral y vital del brillante escritor que quedó marcado por la 'caza de brujas' se convierte en película

Dalton Trumbo, escribiendo en la bañera con un café y un cigarrillo. /
Dalton Trumbo, escribiendo en la bañera con un café y un cigarrillo.
RICARDO ALDARONDO

El guionista sigue siendo el hermano pobre de la gran familia del cine: no le invitan a la rueda de prensa de presentación de 'su' película, por muy grande que sea la mesa, puede ser solo un eslabón de una cadena de reescritura de su idea original, y los críticos le achacamos de todo sin poder saber si otros cortaron mal lo que él escribió bien. Así que no deja de ser insólito que en una película como la que ahora se estrena el protagonista sea el guionista, en pantalla y no como escritor, aunque se trate de alguien tan célebre como Dalton Trumbo (1905-1976).

No se oculta desde el primer momento de 'Trumbo. La lista negra de Hollywood' (Jay Roach, 2015) que tiene más morbo, y por lo tanto más carne cinematográfica, las circunstancias de la persecución política y el encarcelamiento arbitrario que sufrió el creador en la sombra de películas como 'Vacaciones en Roma' (William Wyler, 1953) y 'Espartaco' (Stanley Kubrick, 1960), que su intrínseco talento como escritor para el cine. Trumbo fue todo un personaje, de la estirpe de los brillantes escritores americanos de mediados del siglo XX que consideraron el cine una herramienta tan válida y prestigiosa para contar historias como la gran novela.

más información

Pero a Trumbo, como a tantas otras gentes del cine en el Hollywood de los años 50, trataron de hacerle la vida imposible acusándole de comunista. Y este 'biopic' que reconstruye su azarosa trayectoria laboral y vital entra directamente al meollo, al momento en que Trumbo tuvo que enfrentarse al Comité de Actividades Antiamericanas impulsado por el senador McCarthy para responder a la pregunta fatídica: "¿Es usted comunista o ha tenido relación con el Partido Comunista?". Sí, en el momento de aquella tristemente célebre 'caza de brujas' tener esas simpatías ideológicas costaba caro en la tierra de las libertades y en un tiempo en que el comunismo resultaba atractivo para muchos intelectuales que soñaban con un reparto más equitativo de la riqueza o unas relaciones no necesariamente basadas en el dinero. Esa 'buena fe' de aquellos acusados de querer colocar a América bajo el yugo del comunismo queda bien retratada en una escena entre Trumbo y su pequeña hija al comienzo de 'Trumbo, la lista negra de Hollywood', en la que la niña tiene interiorizada la idea de compartir con los demás como una de las máximas del ser humano.

Idealismos al inicio de la Guerra Fría que chocaron con la obsesión siniestra del senador McCarthy que afectó a muchos guionistas y directores, y sobre todo a los llamados 'diez de Hollywood'. A algunos de la forma más triste y trágica: el actor John Garfield no pudo aguantar la presión y murió de un ataque al corazón. John Ford, con su proverbial cachaza, se limitó a espetar a los inquisidores "me llamo John Ford y hago westerns", una forma inteligente y expeditiva de indicar que no le tocaran los higadillos, cuando le incitaban a denunciar a compañeros de profesión. Otros directores como Edward Dmytryk cayeron en el bando de los acusadores aunque, no lo olvidemos, después de haber sido ellos mismos enjuiciados y encarcelados. Espinoso tema el de la delación. Tampoco Elia Kazan podrá sacarse nunca de encima esa mancha, aunque el cine de ambos debe quedar por encima de todo eso, y de tan negro periodo que ahora 'Trumbo, la lista negra de Hollywood' rescata.

Cuando a Dalton Trumbo le tocó sentarse en el banquillo ya era uno de los guionistas más brillantes y mejor considerados de Hollywood, lo que no impidió que al negarse a declarar y delatar a otros, fuera encarcelado. Trabajó a destajo desde 1936, alternando los guiones de celebradas películas como 'Espejismo de amor' (Sam Wood, 1940), 'Treinta segundos sobre Tokio' (Mervyn LeRoy, 1944) o 'Dos en el cielo' (Victor Fleming, 1943), que cuatro décadas más tarde Steven Spielberg reconvirtió en 'Always' (1989), con la publicación de novelas como 'Eclipse' (1935) y sobre todo el muy célebre y desgarrado alegato pacifista 'Johnny cogió su fusil' (1939), que el propio Trumbo convertiría mucho tiempo después en su única película como director, con el mismo título y la acongojante historia de un soldado herido que queda completamente consciente pero inmóvil y sin poder comunicarse de ningún modo con los demás.

Proscrito

Pero su carrera ascendente quedó seriamente dañada por la 'Caza de Brujas': a pesar de que salió a la calle después de once meses de encarcelamiento, su nombre estaba proscrito y tuvo que ingeniárselas para convencer a productores atrevidos para que compraran sus guiones que solo podía firmar con una colección de seudónimos. "Trumbo era un guionista demasiado bueno como para quedar eliminado de una industria desesperada por conseguir buenos guiones", explicaba Gregory D. Black en su libro 'La cruzada contra el cine (1940-1975)'. "Entre 1947 y 1956 escribió dieciocho guiones con varios seudónimos cobrando por ellos unos honorarios mucho más bajos que los 75.000 dólares por guion que recibía en 1946".

Entre esos guiones que escribió en la sombra estaban el de una película tan icónica como 'Vacaciones en Roma' (William Wyler, 1953) y el que supuso su rehabilitación con nombre y apellido, gracias a la valentía de Kirk Douglas como productor de 'Espartaco' (Stanley Kubrick, 1960). En ese período ocurrieron cosas tan curiosas como que el Oscar al mejor guion por 'The Brave One' lo ganara un desconocido Robert Rich, que no era otro que Trumbo. También el guion de 'Vacaciones en Roma' había recibido el Oscar, esta vez firmado como Ian McLellan Hunter.

Ahora Trumbo reaparece bajo piel que pertenece a otro: hay que hacer un reseteo mental para ver en Bryan Cranston al guionista que reescribió para el cine las novelas de otros, y contribuyó a crear películas legendarias como 'Éxodo' (Otto Preminger, 1960) y 'Papillón' (Franklin J. Schaffner, 1973), y no al también mítico Walter White que el actor encarnó brillantemente en la serie 'Breaking Bad'. A la fusión del actor con la figura histórica contribuye el planteamiento formal de 'Trumbo. La lista negra de Hollywood', que utiliza mucho material de archivo de los juicios y las acusaciones reales, y en muchos momentos inserta al actor entre las imágenes documentales, como dando un paso más en la integración de noticiarios y cine, y de nueva ficción insertada en una anterior, como ya hicieron, cada una a su modo, 'Cliente muerto no paga' (Carl Reiner, 1982), 'Forrest Gump' (Robert Zemeckis, 1994) o 'La reina' (Stephen Frears, 2006).