Recordando a los 'memorialistas'

Recordando a los 'memorialistas'

Los también llamados 'escribientes' trabajaban en el exterior de las cabinas callejeras hasta los años ochenta

Javier Rodríguez
JAVIER RODRÍGUEZSantander

Muchas personas no saben quiénes fueron los 'memorialistas' porque ya no forman parte del paisaje urbano de nuestra nación. El diccionario de la RAE define así 'memorialista': «Persona que por oficio escribe memoriales o cualesquiera otros documentos que se le pidan». Porque tal palabra no resultaba fácil de entender (sonaba y aún suena raro) la mayoría decidió anunciarse como 'escribiente' en el exterior de las cabinas callejeras donde trabajaban.

En terribles años de analfabetismo, miseria y carencias, se dedicaban a escribir cartas (primero a mano; más tarde, desde mediados de la década de los veinte, a máquina) y también a leerlas, para aquellos ciudadanos que no sabían ni escribir ni leer (por no poder ir a la escuela al verse obligado a trabajar, un amplio segmento de la población). También rellenaban impresos de cuestiones burocráticas, etcétera.

Quien precisaba sus servicios entraba en una cabina que parecía un confesionario y le explicaba al 'memorialista' o 'escribiente' qué quería. Él se ponía manos a la obra y, una vez concluida, recibía el pago correspondiente. Cuando el clima lo permitía, algunos instalaban una mesa en la calle y sobre ella la máquina. De tal modo laboraban, sí: al aire libre. Entre la clientela siempre había personas de múltiples edades y oficios.

Tintes literarios

Los profesionales de la escritura que sabían un idioma incluso traducían cartas y las redactaban. Todos destacaron siempre por cuidar cada matiz literario (suavizando, con frecuencia, lo que expresaba como desahogo el cliente de turno) y la pulcritud final del producto, carente de tachones o manchas que pudieran causar en el receptor mala impresión. Especialmente en las misivas románticas, claro.

Los 'memorialistas' o 'escribientes' retrotraen a una realidad social que, por fortuna, nada tiene nada que ver con la España de hoy. Pero, como por razones obvias resulta fácil suponer, en su día resultaron importantísimos para millares de personas. De hecho, varios trabajaron hasta bien entrada la década de los ochenta. Es de justicia, pues, evocarles.

Existió el ayer.

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