"Nos hemos prometido no llorar delante de los niños"

Dos enfermeras cántabras parten este jueves hacia Anse-a-Pitres, la población más pobre de Haití, para mejorar los hábitos de higiene de sus habitantes

Cristina Escudero y Ana Belén Gándara./
Cristina Escudero y Ana Belén Gándara.
ANA DEL CASTILLOSantander

Las enfermeras cántabras Ana Belén Gándara y Cristina Escudero han prometido no derramar una sola lágrima en público. "Lo haremos en la soledad, una vez hayamos regresado a nuestras casas". Este jueves parten hacia Haití con el propósito de hacer más saludable la vida a la población, en su mayoría niños, de Anse-a-Pitres, la zona más pobre de toda América. En la maleta, un pequeño botiquín para ellas y "uno más grande para ellos". Poco más, salvo la ansiedad por llegar, ver y actuar.

El viaje forma parte del proyecto de cooperación que un grupo de 14 enfermeras del Colegio de Enfermería de Cantabria puso en marcha hace "un par de años" en colaboración con la ONG 'Aytimoun Yo', fundada por la también santanderina Lucía Lantero y Alexis Derache, que gestionan un orfanato donde medio centenar de niños recibe comida y educación. Lucía nos explicó las principales necesidades de la población de Haití y fijamos la ayuda que nosotras, desde el ámbito de la sanidad, podríamos aportar. Así que no solo administraremos vacunas, impartiremos talleres relacionados con hábitos de higiene y con las enfermedades más comunes, como la malaria, el dengue, el cólera, la tuberculosis y el VIH, explica Gándara.

La asistencia en Haití la sufragan casi íntegramente de sus bolsillos y viene empujada por las ganas de ayudar a familias que viven en campos de refugiados en una situación de total desamparo, insalubridad y desnutrición. Hasta el momento hemos desembolsado unos 800 euros del vuelo, la estancia en el hotel la primera noche en República Dominicana, desplazamientos, medicinas..., enumera Gándara, sin dar demasiado importancia. En su destino poco importa el dinero. A ver si les sirve nuestra ayuda, ojalá que si, dice Escuero.

El plan de viaje es el siguiente. Llegan a República Dominicana donde pasan la primera noche, muy pronto por la mañana viajan durante ocho horas en autobús hasta la frontera con Haití, donde se alojarán cada noche en una casa que tiene la ONG para los voluntarios a quince minutos andando de Anse-a-Pitres. Probablemente lo más duro de la experiencia sea la visita a los campos de refugiados donde tienen previsto hacer todo lo que esté en sus manos. Son conscientes de que, aunque tienen la pretensión de aportar un enorme grano de arena a un desierto invisible, es la pescadilla que se muerde la cola y poco hay que hacer. Las dos enfermeras que viajaron el pasado diciembre hasta Haití nos han advertido de lo que vamos a encontrar, después seremos nosotras las que tendremos que 'autoadministrar' los sentimientos, pero sabemos donde vamos. No es un viaje vacacional.

 

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