Memorias de piedra y terciopelo

Diecinueve visiones sobre el cementerio de Ciriego, su patrimonio, la muerte o el recuerdo confluyeron en la jornada ‘Postales desde el umbral’

Participantes y organizadores de ‘Postales desde el umbral’. /Daniel Pedriza
Participantes y organizadores de ‘Postales desde el umbral’. / Daniel Pedriza
Mada Martínez
MADA MARTÍNEZsantander

En un cementerio se puede rastrear la memoria propia y la de un territorio, ambas diseminadas en tumbas, panteones, monolitos, nichos, placas, breves huellas en un parterre. También los huecos vacíos y aquellos que no están representados son memoria.

Los 19 participantes del proyecto ‘Postales desde el umbral’ han realizado ese ejercicio de rastreo en lo personal o en lo colectivo tomando Ciriego como referencia. El acto, coordinado por María Bolado, directora del Cementerio, y Patricia Gómez, responsable del área de patrimonio, se celebró en el Colegio de Arquitectos el pasado noviembre. Los participantes tenían tres minutos para exponer su visión de Ciriego, la muerte o la historia. Fijaron su atención en hechos, detalles o asuntos muy distintos: un avioncillo de metal, el rumor del mar junto al camposanto, un monumento histórico.

Instante de ‘Phraser III’.
Instante de ‘Phraser III’. / Alia Dovidena y Chema Armengou

Esto último inspiró a Francisco Gutierrez, presidente del Centro de Estudios Montañeses. El Cementerio de Ciriego exhibe en una de sus imágenes corportivas el monumento funerario que conmemora a las víctimas de la Compañía Trasatlántica que fallecieron en la explosión del vapor ‘Cabo Machichaco’, ocurrida en 1893. Los trabajadores de la compañía estaban en otro vapor fondeado en la bahía, y acudieron en ayuda del Machichaco cuando éste comenzó a incendiarse. La explosión les pilló de pleno, y provocó decenas de fallecidos, entre ellos, oficiales, tripulantes o subinspectores de la compañía. Cuatro años después, ésta adquirió una parcela en Ciriego para construir un monumento de piedra. Francisco Gutierrez explicó todo esto, y, sobre todo, se detuvo en los entresijos de la autoría del monolito. Aunque la prensa del momento asignó el proyecto a Adolfo G. Cabezas, el autor legítimo parece ser el escultor sevillano Antonio Susillo. El tira y afloja quedó reflejado en los periódicos de la época.

La visión de Gutiérrez fue una de las más pegadas al patrimonio artístico de Ciriego, junto con la del médico Aurelio G. Riancho, quien habló sobre el panteón de Adolfo Pardo Gil (obra del arquitecto Javier González-Riancho); la de la concejala y vicepresidenta de la Sociedad Cementerio Jardín, Ana González Pescador, que contó cómo se ha recuperado el panteón de la familia Uzkudun, o la de la historiadora Esperanza Botella, quien habló del monumento a los ‘Héroes de la libertad’ de la revolución de 1868. Mario Crespo, director del Centro de Adultos de Santander, se decantó por el panteón de los Menéndez Pelayo, y se centró en Enrique, «un poeta bueno», el custodio del legado de su hermano Marcelino.

El avión de Salvador Hedilla.
El avión de Salvador Hedilla. / Domingo de la Lastra

También el arquitecto y pintor Domingo de la Lastra eligió un elemento arquitectónico: el monumento al aviador Salvador Hedilla, el primero en volar de la Península a las Baleares, protagonista de muchas exhibiciones, muerto en accidente de aviación en 1917. De la Lastra se detuvo en el pequeño avión que corona el monumento: «En este lugar tan solemne aparece este signo de la inocencia», indicó.

Las tumbas y la historia

Escribe Cees Nooteboom en la introducción de su obra ‘Tumbas de poetas y pensadores’: «¿Por qué visitamos la tumba de alguien a quien no hemos conocido en absoluto? Porque aún nos dice algo, algo que sigue resonando en nuestros oídos, que hemos retenido e incluso no hemos olvidado, que nos sabemos de memoria y de vez en cuando repetimos, en voz baja o en voz alta». A Manuela Alonso, directora del Centro de la Imagen de Santander, la tumba de María García del Moral le resuena y le aporta en su investigación sobre esta fotógrafa aficionada, singular y valiosa. Alonso habló sobre su figura y sobre las actas de los cementerios como fuentes de datos. Las actas de Ciriego le ayudaron a componer el árbol genealógico de María G. Del Moral, y seguir tirando del hilo de su historia.

Dovidena y Armengou presentaron la propuesta de danza ‘Phraser III’; y De Benito, la videocreación ‘Era de tercipelo’

La historiadora del arte Sara del Hoyo señaló los cementerios como contenedores de huellas esenciales para componer la historia de un territorio. Ella se detuvo en un panteón bastante austero, el de Estanislao de Abarca Fornés, un tipo que estuvo vinculado a las principales empresas de la comunidad en la primera mitad del siglo XX. Por otra parte, la arquitecta Estefanía Sánchez y Álvaro Carrasco, arquitecto técnico, optaron por explicar la evolución estética de las lápidas de Ciriego: desde la simplicidad de principios del siglo XX hasta la uniformidad granítica actual, pasando por la incorporación de relieves, detalles, anillas, vidrios… Sánchez y Carrasco mostraron además una selección de lápidas fuera de la norma, como esa que exhibe la imagen de una furgoneta blanca junto al nombre del fallecido.

Visión de terciopelo

Se plantearon visiones muy personales, como los ‘Mensajes de ultratumba’, de José Ramón S. Viadero, vinculadas al recuerdo o al hecho de la muerte y la despedida. La fotógrafa Belén de Benito presentó la videocreación ‘Era de terciopelo’, compuesto por imágenes del camposanto (su sombra sobre una tumba, destellos de luz sobre los nichos), voz en off y música, desde las que evocó a una abuela fallecida, y los elementos que componían ese universo nieta-abuela, entre ellos, un cortinón de terciopelo. «Era de terciopelo. La sensación que tuve cuando entré allí por primera vez. Recuerdo andar por aquellos pasillos con la esperanza de volver a encontrarla, aun sabiendo que ya no estaba. Por el camino. El mar. Las luces. Las sombras. El cielo azul. Las tumbas antiguas, algunas de ellas de niños. ¿Cómo se puede morir un niño?».

Instante de ‘Era de terciopelo’.
Instante de ‘Era de terciopelo’. / Belén de Benito

La bailarina Alia Dovidena y el productor musical Chema Armengou presentaron otra videocreación, ‘Phraser III’, una pieza de danza frente a un bloque de nichos todavía por ocupar que habla del cambio de un estado a otro. Y la cellista Miren Zubeldia interpretó ‘Zarabanda’, de la suite para violoncello nº 2 de Bach, mientras tras ellas se proyectaba el poema ‘Armonía’, José Hierro. «¿Quién se olvida que es cuna y tumba, día/ y noche, honda raíz y flor que brota,/ luz, sombra, vida y muerte hasta los bordes?», inquiere el poema.

También aportaron otras visiones el pintor Fernando G. Valdeón, José Manuel Hernández, adjunto del capellán de Ciriego, Alejandro Quintana (Samot) y Javier Laboreo, músico y director del Conservatorio Ataúlfo Argenta, quien quiso armar un ‘Paisaje sonoro de Ciriego’, y consiguió que el público asistente imitara, casi susurrando, el sonido del mar.

 

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