Las pistas que llevan a resolver un crimen

La UC ha impartido un curso sobre investigación criminalística en Suances donde se ha desgranado la mente de un psicópata y se han conocido las técnicas científicas que utiliza la Policía Judicial para resolver asesinatos

Recreación de una escena de un crimen. / Ana del Castillo / María Díez
ANA DEL CASTILLOSantander

Captar las señales a ras de piel, olfatear la anomalía, encontrar el detalle -en ocasiones imperceptible-, y observar el cadáver hasta que hable, dicho de manera metafórica. Hasta que cuente cómo ocurrió. ¿Cómo se investiga un asesinato? De manera organizada, protocolaria y con la mayor inmediatez: «Cada minuto que pasa puedes estar perdiendo un elemento fundamental», explica el psicólogo e inspector jefe de la Policía Nacional, Eduardo Javier Frechilla, uno de los encargados de impartir el curso de la Universidad de Cantabria (UC) 'Ciencia en investigación criminal' celebrado el jueves en El Torco de Suances.

Un total de 17 personas atendieron durante dos horas a la disección de Frechilla sobre la mente de un psicópata y un asesino. Las otras dos horas de curso se dedicaron, de la mano del profesor titular de la UC, Alberto Coz, y del investigador del grupo GER del Departamento de Química de la UC, Carlos Arce, a recrear un asesinato y resolverlo utilizando las técnicas científicas que se emplean en investigación criminal.

Como en periodismo, en criminalística también tienen cinco uves dobles. Bueno, cuatro. Su código deontológico se basa en VERA: víctima, escena, reconstrucción y autor. «Para nosotros, los muertos nos cuentan cosas. Incluso lo que había comido las horas previas a su fallecimiento nos puede dar pistas», señala Frechilla. El inspector jefe de la Policía Nacional, que ha ejercido durante 35 años y ahora se encuentra en lo que se conoce como segunda actividad, explica que es común en su gremio dar por sentado lo que parece evidente. Sin embargo, no siempre la escena del crimen refleja lo ocurrido. Un ejemplo: «Apareció una persona muerta en su domicilio con un puñal clavado en el pecho. ¿Fue una muerte violenta? Sí. La hipótesis apuntaba al crimen, pero resultó ser un suicidio. No hay que sacar conclusiones precipitadas. Aquí el 'blanco y en botella' no vale», explica.

Ese caso ocurrió en Santander, como el de la calle Beato de Liébana, donde un hombre apareció muerto y maniatado en un garaje. La Policía tardó «un año» en resolver el caso, pero «los buenos siempre ganan a los malos en España», dice Frechilla, haciendo alusión a que los agentes tienen «mucho tiempo» para dar caza al culpable, al que acaban poniendo las esposas.

Psicópata & asesino

Robert Hare, máximo exponente en investigación en el campo de la psicología criminal, definió al psicópata como un depredador social de su propia especie que emplea su encanto personal, la manipulación, la intimidación y la violencia para controlar a los demás y para satisfacer sus propias necesidades. Dicen los expertos que los psicópatas suponen el 1% de la población. Según esta teoría, en Cantabria habría 5.000.

Pero, ¿cuáles son los síntomas emocionales de la psicopatía? Una mente superficial, ausencia de empatía, insensibilidad, personalidad manipuladora, tendencia a la mentira, ausencia de culpa, egocentrismo exagerado e incapaz de establecer lazos afectivos y relaciones interpersonales. Y dentro de este dibujo interpersonal, hay tres tipos de psicópata: los primarios, que son aquellos a los que los vecinos y conocidos describen siempre como «magnífica persona»; secundarios, capaces de padecer sentimiento de culpa y entablar relaciones, «matan, lloran y vuelven a matar»; y los disociales, pueden sentir lealtad y afecto dentro de un grupo marginal, «como las maras», explica Frechilla.

Participantes en el curso escuchan a Alberto Coz
Participantes en el curso escuchan a Alberto Coz / María Diez

¿Es lo mismo un psicópata que un asesino? No. El inspector jefe de la Policía Nacional pone otro ejemplo cercano en el tiempo para entender la disparidad: «Calle Barcelona de Santander. Un pobre diablo interfiere en una disputa para defender a una chica, lo apulañan y muere. El que lo apuñaló no era un psicópata», señala.

La silueta con tiza de Marta

Marta yace sobre el suelo de su pequeño piso. Hay signos de violencia y todo apunta a que ha sido violada y estrangulada hasta la muerte. No hay sangre.

En torno al cadáver hay pruebas que pueden llevar hasta el asesino: una lata de refresco con una huella dactilar, un clinex con restos de semen y un papel en el que aparece escrito 'Pan y leche'.

La Policía, que se encontró con un crimen desorganizado, tiene por el momento dos sospechosos, el novio de Marta, Jaime, y un amigo de la víctima, Juan. Tras el levantamiento de indicios en los tres domicilios, víctima y sospechosos, se analizan las pruebas obtenidas en el laboratorio. Con lámparas ultravioletas, microscópios y una prueba de acetona se analiza el papel y bolígrafo encontrado. En segundo lugar, se recogen las huellas y el semen. En este ámbito, Coz asegura que se «ha avanzado mucho», especialmente en el análisis del ADN que permite la identificación de personas y la resolución de casos que, hasta entonces, permanecían años en las bases de datos. «Todo es matemáticas y probabilidades», añade Coz.

La lógica apuntaba a la pareja sentimental de la víctima, pero todas las pruebas señalan a un único culpable: Juan, el tímido amigo de Marta capaz de matar. ¿Psicópata o asesino?

María Díez

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