«061, ¿en qué puedo ayudarle?»

El servicio de emergencias en Cantabria cumple 20 años. Dos décadas que han servido para profesionalizar las urgencias

Centro Coordinador de Urgencias (CCU), ubicado en Nueva Montaña. / Roberto Ruiz
ANA DEL CASTILLOSantander

El 17 de septiembre de 1998 el Insalud, a través de la Gerencia de Atención Primaria, puso en funcionamiento –con un presupuesto de implantación de 36 millones de pesetas (216.364 euros)– el servicio de emergencias sanitarias 061 en Cantabria.

Un anuncio en las páginas de este periódico explicaba un día después a los lectores en qué consistía: «Es un servicio que facilita la atención de las emergencias médicas, seleccionando aquellas que se pueden beneficiar de asistencia médica antes de ser trasladados a un centro sanitario». Se trataba –y así sigue siendo 20 años después– de salvar vidas 'in situ'.

El teléfono 061, que ya funcionaba en otras comunidades como Madrid, comenzó atendiendo en Santander, Camargo, El Astillero y Bezana con un equipo formado por 18 médicos, 13 enfermeras y 11 teleoperadores. Hoy, la plantilla ha crecido considerablemente con 26 médicos, 23 enfermeros y cerca de 20-30 teleoperadoras que pertenecen a una empresa concertada.

«Todavía recuerdo cuando comenzamos en la planta doce de la Residencia Cantabria. Bajábamos en ascensor y subíamos andando por las escaleras por el chute de energía que traímos después de una salida», dicen dos de los médicos y coordinadores del 061, Fernando Bárcena y Begoña Fernández.

Las cosas han cambiado. Para bien. El servicio ha mejorado en todos los aspectos: se han reducido los tiempos de llegada, se han modernizado las ambulancias y el material de trabajo y los técnicos se han profesionalizado.

«Antes de la implantación del 061 no había dónde llamar»

El Centro Coordinador de Urgencias (CCU), lo que los profesionales del sector llaman 'el cerebro', se ubica en el centro de salud de Nueva Montaña y está activo las 24 horas de los 365 días del año.

Ocupa media planta del edificio hospitalario entre la sala de recepción de llamadas; el Centro procesador de datos (CPD) que, aunque tiene una réplica de datos en el Hospital Valdecilla, se protege en una sala a 21 grados y con acceso restringido con huella digitalizada; las habitaciones de descanso para las guardias nocturnas; la sala de crisis; la de formación; los despachos; y la sala de técnicos y responsables del sistema informático.

Roberto Ruiz

Mil llamadas al día

«061, buenos días, dígame, ¿en qué puedo ayudarle? ¿Dónde ha sido el accidente? Le paso con el médico», se escucha decir en la primera planta del edificio. Es tan solo una de las 1.000 llamadas que reciben al día. Del total, unas 300 crean una demanda con recurso móvil, el resto son informativas. «Y hay que tener en cuenta que en verano aumenta la población y aumentan las demandas, igual que en invierno con los casos de gripe», añade Fernando Bárcena, coordinador del 061.

Lo primero que hace el equipo nada más llegar al CCU, a las ocho de la mañana, es comprobar qué médicos están de guardia en las diferentes bases con soporte vital avanzado ubicadas en Santander, Torrelavega, Astillero y Laredo. «Después, comprobamos que el sistema Tetra, emisora con la que nos comunicamos, funciona correctamente», apunta Bárcena.

Aunque el servicio de emergencias es pequeño, ocupa una gran parcela en el sistema sanitario de Cantabria. «Estoy muy orgullosa del servicio, a la vanguardia en los servicios de emergencia de España. Debemos reconocer y agradecer todo el trabajo de estos 20 años a todos los profesionales que lo conforman. No sólo tienen una formación impecable, sino que tienen unos valores impresionantes, además de una implicación y colaboración que sin ellos sería imposible. Para nosotros el paciente siempre es lo más importante, por encima de todo». Son las palabras de satisfacción de la subdirectora del servicio 061/SUAP y coordinadora del transporte sanitario, Adelia Gallastegui

En los dos años y medio que lleva en el servicio, llegó en enero de 2016, ha tenido que entrar una vez en la sala de crisis del Centro Coordinador de Urgencias. «Tuvimos una intoxicación múltiple por monóxido de carbono, con más de 90 afectados, cinco de ellos críticos, en Isla», recuerda. El suceso –en el que falleció un turista malagueño– requirió de un dispositivo médico complejo y peligroso, «nuestros profesionales también tuvieron que entrar en la cámara hiperbárica», señala.

Roberto Ruiz

Antes del 061

¿Dónde se llamaba cuando había una emergencia antes de que se implantara el 061? «No habia dónde llamar», explican. La emergencia se resolvía de la manera que fuera porque no existía un procedimiento regulador sobre ello. «Esa fue la diferencia. Los sanitarios empezamos a salir y eso generó un punto de partida para que las urgencias se centralizaran en un número los 365 días del año, estuvieras donde estuvieras: playa, monte, autovía...», explican.

El ciudadano es el alertante, el testigo de lo ocurrido, el familiar o la propia víctima. Por eso el 061 si algo tiene que pedir a los que efectúan la llamada de emergencia es que faciliten con claridad el lugar. «Qué es lo que ocurre y dónde está ocurriendo. Si no tenemos la ubicación precisa tendremos más dificultades para llegar, para encontrar al paciente y para ayudarle lo antes posible, que de eso se trata».

Begoña Fernández | Médico del 061 «Se han salvado vidas, pero nunca es suficiente»
Begoña Fernández, médico y coordinadora del 061.
Begoña Fernández, médico y coordinadora del 061. / Roberto Ruiz

La médico y coordinadora del 061, Begoña Fernández recuerda su primera guardia con la emoción de quien se enfrenta a algo nuevo, pero «con muchos nervios». Corría el año 1998 y tras la formación en mayo, el 2 de julio cambió definitivamente su lugar de trabajo: pasó de estar en un hospital, con todas las herramientas posibles a su alcance, a trabajar fuera, en la calle, en una carretera, dentro de un coche, en el domicilio de la víctima o en el monte. «Salir del edificio sanitario supuso un hecho diferencial del trabajo sanitario conocido hasta ese momento. Se profesionalizaron las emergencias y el trabajo en equipo», explica.

En la actualidad, Fernández es coordinadora del 061, exigente y profesional: «Me gusta hacer revisión de cada salida, aunque saliera bien el servicio. Es una forma de mantenernos atentos, porque cada paciente es distinto», explica.

«Con el 061 se profesionalizaron las emergencias en Cantabria»

En los 20 años que lleva en el servicio ha experimentado la satisfacción de salvar vidas y de actuar de manera «rápida, eficaz y eficiente» en un tiempo muy limitado. Una profesión, la de Begoña, con sombras y claros, con satisfacciones y hechos que quedan grabados en la memoria para siempre. «No olvidaré nunca una parada cardiaca de una niña de 18 meses por una meningitis fulminante. Coincidía que mi hijo mayor tenía la misma edad», señala. Pero en estas dos décadas se han salvado vidas, muchas, «aunque nunca es suficiente». Fernández recuerda un 'milagro': «Un paciente que sufrió una explosión en accidente laboral y tuvo pérdida de un globo ocular y heridas, además de un shock hipoglucémico por la rotura de una arteria. Le atendimos y salvó la vida».

Destaca la médico por encima de todo que en el mundo sanitario lo más importante es la cadena asistencial -el trabajo en equipo- y que cada uno sepa lo que tiene que hacer correctamente, «siempre con el paciente individualizado como centro del sistema sanitario», puntualiza. E insiste en que el 061 es un eslabón más de la cadena existencial: «Nos sentimos importantes haciendo nuestro trabajo, pero todos los somos (CCU, EAP, SUAP, SVB, SVA, HUMV, hospitales comarcales...) A nivel de trabajo, el equipo te hace sentir bien».

Mar Terán | Supervisora teleoperadores «Trabajamos con un sistema complejo, el árbol de decisión»
Mar Terán, supervisora de los teleoperadores del 061.
Mar Terán, supervisora de los teleoperadores del 061. / Roberto Ruiz

Es la primera voz que escuchas al otro lado del teléfono, cuando los tonos de la llamada se hacen eternos. Los teleoperadores del 061 hacen una labor fundamental. La supervisora Mar Terán lleva 20 años descolgando el teléfono y transmite esa calma necesaria para desempeñar un trabajo como el suyo. «Cuando formamos a alguien para un puesto como éste valoramos que sea una persona tranquila, que sepa controlar la situación y sacar la información a las personas que llaman muy nerviosas», dice.

La formación de teleoperador pasa por conocer a fondo el 'Sistema de Integración de Urgencias de Cantabria (SIUCA), más conocido como 'árbol de decisión'. Se trata de un programa informático «complejo», en constante revisión y modificación, que marca una serie de preguntas: «Es el sistema el que te indica si hay que mandar recurso o pasar la llamada al médico o enfermero para la última toma de decisión. Cuando una persona está insconsciente o no puede respirar se manda el recurso directamente», explica Terán.

«Cuando formamos para este puesto valoramos que sea alguien tranquilo»

La supervisora atesora tantas anécdotas como llamadas recibidas, «pero lo que más nos impresiona a todas es cuando interviene un menor, como hace poco cuando un niño se cayó por un balcón de Ampuero. Y otras situaciones que se complican y no acaban bien. Quieras o no te lo acabas llevando a casa. También hay momentos de satisfacción cuando salen bien las cosas. Eso es lo principal, que salga todo bien».

Trabajan a turnos de siete horas por la mañana, siete de tarde y diez en horario nocturno.

Casualmente en el puesto de teleoperadoras solo hay mujeres, pero no solo se buscan chicas. «También ha habido chicos. Menos, pero los ha habido», explica Terán.

Mar celebra los 20 años del 061 y sus dos décadas el servicio recordando cómo fue su primer día: «Estaba muy nerviosa por la responsabilidad que tenía delante y quería hacerlo bien. A eso se sumaba la incertidumbre de cómo iban a ser esas llamadas y cómo iba a poder atender a esas personas que nos necesitaban. En los inicios era todo nuevo, no existía en Cantabria nada parecido y lo aprendimos todo sin tener el potente programa con el que trabajamos ahora».

Nacho Achurra | Técnico de emergencias «Íbamos en la ambulancia con un mapa de papel»
Nacho Achurra lleva 20 años en el 061 como técnico de emergencias.
Nacho Achurra lleva 20 años en el 061 como técnico de emergencias. / Abel Verano

El cántabro Nacho Achurra lleva 23 años ejerciendo como técnico de emergencias sanitarias. Tras terminar el servicio militar, hizo un curso de Cruz Roja y entró en el 061. En ese punto, en el de la formación, es donde Achurra nota que el servicio ha evolucionado notablemente: «Hace años con un curso entrabas, ahora necesitas un grado medio de dos años para poder trabajar, aunque es cierto que la evolución ha sido en general, tanto en el vehículo, como en el material y la formación. Antiguamente las ambulancias no tenían ni elevalunas y recuerdo que íbamos con mapas de papel buscando la ubicación del lugar de la emergencia. Ahora estamos completamente equipados con nuevas tecnologías. Llevamos GPS, teléfonos móviles y tablets».

¿Por dónde cojea el servicio? «Creo que por ningún lado, tengo la suerte de conocer otros servicios a nivel nacional y éste, el de Cantabria, le pongo siempre como ejemplo. Con el nuevo concurso conseguido por Ambuibérica estamos muy contentos. Según van evolucionando los conciertos se va exigiendo más y las empresas tienen que cumplir esas exigencias. Hace años había cuatro ambulancias en Santander y ahora mismo ha entrado incluso en Arenas de Iguña, en Noja... Los tiempos de llegada también se han reducido».

«Cuando sales sabiendo que hay un niño por medio es más duro»

Cree Achurra que hay que ser un «poco especial» para llevar la ambulancia. Se refiere a la forma de ser, esa que no cambia por mucha experiencia que tengas. «Te tienes que enfrentar a situaciones graves, a lo que queda después de un fallecimiento. Hay gente que ya sabe que no vale, algunos no pueden ver sangre, por ejemplo. Y se necesita don de gentes, saber atender y saber transmitir mucha calma al paciente», señala.

El técnico de emergencias sanitarias recuerda que al año de entrar en el servicio vivió un hecho que le marcó para siempre. «Fuimos a una parada cardiosrespiratoria de un niño de 11 años y se revertió. El niño vivió. Me marcó porque encima salió muy bien. Me acuerdo de cada detalle como si fuese hoy. Sabes, cuando hay menores por medio es más duro. Te marca. Sales sabiendo que vas a buscar a un niño, que no es lo mismo que si sabes que vas a buscar a un hombre de 90 años», dice.

Rosa Sáiz | Víctima de un ictus «Sentí un frío aterrador en la cabeza, supe que me moría»
La cántabra Rosa Sáiz, víctima de un ictus isquémico.
La cántabra Rosa Sáiz, víctima de un ictus isquémico. / Abel Verano

El 9 de febrero de este año Rosa Sáiz volvió a nacer. Estaba sola en casa, su marido había salido a trabajar y su hijo no volvería hasta por la noche. Era pronto, sobre las ocho y media de la mañana, cuando esta vecina de Laredo comenzó a sentir que sus extremidades se dormían: «Me pasaba cada cinco minutos, se me dormía el brazo y la pierna izquierda y después desaparecía. Creí que era una mala postura», narra Saiz a este periódico. Pero al cabo de unos minutos se desplomó. «Caí al suelo y no podía mover nada, ni un dedo, y comencé a sentir un frío aterrador en la cabeza, como si me estuvieran poniendo bolsas de hielo. Me di cuenta de que me estaba muriendo». Rosa estaba sufriendo un ictus isquémico que debía ser atendido con urgencia en las próximas cuatro horas. Tenía el teléfono móvil sobre la cama de su dormitorio, a unos metros de donde se encontraba, pero no podía moverse. «Me golpeé en la cabeza más de 20 veces intentado coger el móvil hasta que lo logré y llamé a mi marido. Él fue quien avisó al 061», explica. Entonces Nacho, médico del servicio de urgencias, se puso en contacto con Rosa. «Estaba en un estado de pánico horroroso, entonces me llamó y su voz, que me prometía constantemente que todo iba a salir bien, que ya estaba llegando y que no debía preocuparme, me tranquilizó. Solo él pudo darme paz en ese momento. Para mí, Nacho es mi ángel».

«Me golpeé la cabeza más de 20 veces intentado coger el móvil»

Los técnicos del 061 y el marido de Rosa llegaron a los pocos minutos al domicilio. Allí mismo se activó el 'protocolo ictus' y se dio aviso a los neurólogos del Hospital Valdecilla, que ya estaban esperando a esta vecina de Laredo para realizarle un escáner y ponerle el tratamiento oportuno. «Fue todo muy rápido y eficaz, pero el neurólogo nos dio muy malas noticias. Dijo que fue un ictus muy severo y que, como mucho, recuperaría un 30% de la movilidad de la mitad de mi cuerpo». Rosa estuvo ingresada ocho días en Valdecilla y cinco en el Hospital de Laredo. Ninguno de los días dejó de intentar mover su pierna y brazo izquierdo: «No podía andar, ni sentarme, pero me negué a aceptar el futuro que me esperaba, así que desde el primer día traté de hacer ejercicios». Tan solo seis meses después Rosa ha recuperado el 95% de su movilidad. «La clave es no rendirse nunca y tener actitud positiva, aunque se vea todo negro».

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