«Quisiera ser ganadera para siempre»

Rejuvenecer e impulsar la actividad agraria son las metas de la ayuda a la primera instalación. ¿Cómo operan?

Soledad se traslada a diario desde San Vicente del Monte hasta unas parcelas en Renedo de Piélagos para atender el ganado –medio centenar de vacas limusín–, arreglar la finca y la maquinaria. / Fotos: Alberto Aja
Mada Martínez
MADA MARTÍNEZSantander

Hay que agarrar fuerte el volante para subir por esta pista de grava, empinada y sinuosa. Al final del camino, coronando el monte, están los pastos verdísimos donde trotan o descansan las 57 vacas de Soledad Coronil, vacas limusín, color tofe, cuerpo musculado y definido. Coronil compró sus animales con la subvención a la primera instalación del Gobierno de Cantabria; también compró una desbrozadora, un hacha y un par de rastrillos. Así se convirtió en ganadera de carne.

Trabaja en unas parcelas arrendadas, entre pendientes y eucaliptales, desde las que Renedo y Zurita se ven como dos pueblitos pintados por Tarsila do Amaral. Ha dado varios pasos hasta profesionalizarse como ganadera, una dedicación que le infunde respeto. Había cuidado del ganado familiar en su Paraguay natal –una cabaña pequeña para consumo propio– y se había formado en ingeniería y zootecnia, pero, al establecerse en España, la idea de montar una explotación se le hacía tan cuesta arriba como el camino que ahora conduce a sus pastos. La idea, en cualquier caso, bullía en su cabeza, así que se informó, solicitó la ayuda, se capacitó como ganadera, obtuvo la subvención, superó los malos augurios, compró las vacas y un toro; y comenzaron a nacer terneros. «Las ayudas me han animado a cumplir con lo que quería. Sin ellas, lo hubiese hecho, pero hubiera sido mucho más largo y costoso», explica en uno de sus descansos.

El dato

2,3
millones se han entregado para ayudas a la primera instalación agraria. Hay 57 beneficiarios este año.

Soledad capea las jornadas en el monte, sus visitas a la administración, a bancos y ferias. Admite que se está iniciando en esto de la ganadería extensiva, que le queda mucho por aprender. Reconoce la limitación, pero no le cabe duda de que crecerá a base de trabajo. Soledad transmite una especie de sana tozudez. «A diez años me veo mejorando la genética. Me gusta este lugar, ojalá crecer aquí», dice mientras se arregla las mangas de la camisa y mira esperanzada las vacas.

¿Qué son estas ayudas a la primera instalación? Son subvenciones –hasta 44.000 euros por solicitante– para financiar un plan empresarial viable. Se devengan en dos tramos: el primero de hasta el 80%. La Consejería de Desarrollo Rural, Ganadería, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente se las ha otorgado ya a 57 ganaderos o agricultores de menos de 40 años en la convocatoria de 2018.

¿Y qué consecuencias tienen sobre la población rural, sobre los jóvenes que desean iniciar o continuar en lo agrario? El consejero Guillermo Blanco ha reflexionado varias veces en público sobre la despoblación y el envejecimiento del campo, las 'Cantabrias' vacía y vaciada. Si sus palabras se transforman todas en acciones será una estrategia de peso. Blanco parte de un escenario complicado, con «escaso relevo generacional en el sector agrario, y con el consecuente envejecimiento del mismo», señala a este periódico. El déficit tiene consecuencias para los pueblos y el sector primario: se resienten la innovación, la competitividad, la supervivencia de las explotaciones, explica el consejero, «y también tiene consecuencias en el desarrollo rural y el de la comunidad, en el despoblamiento. Sus consecuencias están también directamente condicionadas por la falta de jóvenes. Es responsabilidad de todos apostar por el emprendimiento joven y la lucha contra el despoblamiento». Y por eso, estas ayudas. «A todos aquellos que la han solicitado y que han cumplido con los requisitos establecidos se les ha aprobado», añade Blanco.

Ayudas y problemas

'Ibiolimusín' suma unas 70 hectáreas de terreno, aunque los animales también pastan en espacios arrendados o comunales. Aaron Vallines y Lucía Ortiz, geólogo y bióloga, han tomado el testigo de la explotación familiar. Pioneros de la mejora genética –Vallines encaminó la subvención hacia esa meta–, la pareja expone su batería de medidas para hacer crecer el campo: más formación y profesionalización ganaderas; garantía de servicios básicos –educación, sanidad, transporte, telecomunicaciones–, y las miras puestas en la mujer, que es quien mejor fija la población al territorio, indica.

Ortiz celebra las ayudas, pero pide que se fiscalice más el proceso para evitar que se destinen a otros fines. «Tenemos que ser serios», exige. Su compañero habla de una excesiva burocracia de los procedimientos. Sufrió, asegura, un mal planteamiento de plazos y condiciones para esa ayuda a la primera instalación y su proyecto se retrasó un año. «Abogaremos por su incremento y por su simplificación», se compromete Guillermo Blanco. «Con la normativa comunitaria actual, conllevan una gestión complicada, pero esta Consejería le dedica un número importante de recursos», añade, como el asesoramiento técnico desde las oficinas comarcales.

¿Crecer y expandirse?

Mientras vigila cómo sus vacas pastan en los acantilados de Ubiarco –en el pelo de los animales hay gotas saladas–, Óscar Cayuso señala un terreno próximo y dice que le gustaría ganarlo para sus animales, pero que entre 'crotus', costas y ayuntamientos, no es posible. A él, que cambió el ganado de leche de sus padres por el de carne, le gustaría crecer en hectáreas y cree que dificultar su adquisición merma el número de ganaderos jóvenes. Nueve o diez, ha contado Óscar en su entorno. «¿Y no somos el futuro?».

A 22 kilómetros de allí, en Vargas, dos terneros frisones tratan de sostenerse en pie en la explotación de Raúl Ortiz. Él también cree que puede aportar al porvenir del sector y de la comunidad. Las ayudas le han servido para comprar maquinaria y relanzar la explotación de leche que armó su padre, y se ve haciéndolo a largo plazo a pesar del escaso precio de la leche y del rodillo del mercado. «Porque estamos en manos de las grandes industrias», recuerda.

Los solicitantes de ayudas son mayoritariamente ganaderos, pero pueden serlo del sector apícola, hortícola, vitivinícola. María Teresa Cuevas Gaipo, de San Pedro de Bedoya, pidió la ayuda en 2017 y la ha usado para impulsar un negocio de miel: ha creado una sala de extracción y ha comprado un remolque. Ahora trabaja como productora de origen con el nombre 'Liébana dulce'. Dueña de 200 colmenas, es la segunda generación de su familia que vive de las abejas tras decidir que quería «volver al origen». Su negocio es de los pocos que parpadea en el mapa de la zona y confía en que, en diez años, sea grande. «Yo creo que costará trabajo, pero se puede seguir creciendo».

Aaron Vallines y Lucía Ortiz

Tipo de explotación: Vacuno de carne (limusín).

Su historia: 'Ibiolimusin', ganadería semiextensiva, es una realidad de 200 vacas y otras tantas ovejas caranzanas de cara roja. Son pioneros en génetica y han diversificado el negocio: están a punto de ampliar su carnicería de 'kilómetro 0', que tendrá aparcamiento y una zona didáctica donde niños y adultos aprendan sobre nutrición y trazabilidad. «Creemos en el campo, es un orgullo ser ganaderos».

Raúl Ortiz Mantecón

Tipo de explotación: Vacuno de leche (frisonas).

Su historia: La crisis empujó a Raúl a volver al negocio familiar. La subvención le ha ayudado a relanzar la explotación de leche –70 vacas con las que trabaja desde el alba–. Tras las cuotas de la PAC, indica, el sector ha de plegarse ahora a los intereses de la industria, pero Raúl quiere que su trabajo quede ligado al campo. Junto con su madre, María Ángeles, siguen aumentando su experiencia.

Óscar Cayuso Hidalgo

Tipo de explotación: Vacuno de carne (limusín).

Su historia: Las vacas de esta explotación pastan en los acantilados de Ubiarco. Hay unas cien madres, explica Óscar. Le preocupa, sin embargo, la dificultad para ampliar su negocio y abarcar nuevos terrenos: «Un problema que veo es el tema de los derechos, de las hectáreas». Usó las ayudas para comprar animales. «Son una pequeña base que te ayuda un poco a saltar hacia arriba».