Hallan tres nuevas representaciones de manos en la Sala de Polícromos de Altamira

Hallan tres nuevas representaciones de manos en la Sala de Polícromos de Altamira

Una investigación eleva a nueve las huellas identificadas de la cueva, y aporta más datos sobre la única ubicada en la Galería: por el tamaño podría ser de un niño

MARTA SAN MIGUEL y GUILLERMO BALBONASantander

Es una paradoja buscar huellas que han desaparecido. Pero saber que están ahí, aunque no las veas, y guiarte por cierta forma de instinto argumentado para localizar en la Cueva de Altamira más pruebas que certifiquen cómo vivió el ser humano hace millones de años, ha dado resultado. Tres improntas de manos en negativo, que hasta ahora habían permanecido «inéditas», han sido identificadas por los técnicos del Museo de Altamira en la Sala de Polícromos. Su hallazgo se suma a las seis ya conocidas, una de ellas en la Galería Final, y que gracias a esta investigación arroja luz sobre su posible autoría: «Podría ser de un niño, dadas sus dimensiones», explica Hipólito Collado, coordinador del proyecto de investigación 'Handpas. Manos del pasado', que ayer presentó junto a la subdirectora del Museo, Carmen de las Heras.

«Las huellas son similares a las que ya se conocían, y habrá que ir viendo en relación al resto de las figuras qué posición ocupan; si están antes o después en función de la tipometría», explica el investigador. De hecho, «parece ser que hay fases previas a los bisontes de Altamira, que no todo se pintó en una única etapa sino que por aquí ha pasado mucha gente y se ha ido pintando en etapas sucesivas». El tiempo, por tanto, ha dejado más pistas sobre la roca de la cueva de Altamira, y según los expertos, el «misterio sigue ahí», a la espera de ser revelado a pesar del exhaustivo control de visitas que salvaguardan las pinturas rupestres.

¿Cómo buscar las huellas sin un acceso a la cueva, es posible que Altamira aún depare «más sorpresas»? «Esta gente hace ciencia de la buena», dice Collado en alusión al equipo del Museo de Altamira con el que se ha llevado a cabo la investigación: «A lo mejor hay más, o se pueden recuperar más figuras que hoy no intuimos o no somos capaces de ver, quizá hay más símbolos que en su día quedaron semiborrados por figuras posteriores», dice. La respuesta está en las nuevas tecnologías. «Todo es un proceso evolutivo, desde las manos que pintaron la cueva hasta el software que hemos usado para descubrir sus huellas», dice: «Sólo somos un paso más». Ahora, esas técnicas de fotografía digital han propiciado el doble hallazgo; el de tres nuevas representaciones y la localización exacta de otras: en total, nueve manos paleolíticas que se han podido identificar, registrar y documentar en el interior de una de las más importantes cavidades con arte rupestre europeas gracias al trabajo del equipo de investigación del Museo en colaboración con los responsables del proyecto 'Handpas. Manos del pasado'. Se trata de un plan cofinanciado por la Unión Europea en el marco del Programa Europa Creativa y cuyo objetivo ha sido abordar el estudio de las representaciones de manos en el arte rupestre paleolítico de Europa y, además, generar recursos técnicos y didácticos.

Un niño en Altamira

La importancia del descubrimiento no radica tanto en el número de figuras halladas como en lo que éstas revelan: «Al tener una antigüedad mínima de hace 20.000 años, nos están mostrando cómo era el techo de Polícromos antes de las famosas pinturas de los bisontes», dijo ayer Carmen de las Heras durante la presentación del proyecto, cuyos hallazgos llegan «32 años después» de la última publicación sobre el arte de Altamira: «La cueva sigue deparando descubrimientos relevantes que no dejan de mostrar su grandeza», dijo la subdirectora del Museo. De todos ellos, uno de los más sorprendentes fue la única representación que no está con el resto de manos, sino fuera, en la Galería Final.

La figura fue realizada en positivo, en un negro intenso, y fue descubierta por Freeman, Echegaray, Bernaldo de Quirós y Ogden, en la Galería Final, en la década de los 80, pero hasta ahora no había sido estudiada con detenimiento. Por el tamaño de los dedos y la altura del soporte donde fue impresa la huella, se puede considerar como una mano infantil. «Este hecho puede calificarse de excepcional por el escaso número de improntas de este tamaño halladas en cuevas con arte rupestre», según De las Heras.

Un proyecto europeo que incide en la difusión del conocimiento

Pilar Fatás, directora del Museo de Altamira, explicó que el proyecto de investigación en el que se enmarca la nueva revelación de las representaciones es una iniciativa que permite abordar «una importante labor de documentación y difusión del conocimiento». El proyecto conlleva labores de revisión de cuevas y cavidades de la Península Ibérica, también de Francia e Italia, y en el caso de Cantabria de las otras cuevas, además de Altamira, que poseen indicios o representaciones de manos. 'Handpas. Manos del pasado' es un proyecto de investigación cofinanciado por la Unión Europea en el marco del Programa Creativa. «En su desarrollo se ha procedido a la revisión y documentación mediante tecnología digital tridimensional del conjunto de manos paleolíticas en Europa». En el acto celebrado en el Museo de Santillana tuvo lugar la puesta de largo del documental que, bajo el mismo título que el proyecto, recoge las aportaciones y reflexiones de los principales expertos de diferentes países sobre la técnica, cronología o interpretación de pinturas rupestres centradas en las manos paleolíticas, con recreaciones de las formas de vida prehistóricas. Fatás destacó no solo el hecho de haber hallado esas tres nuevas manos, sino el de sumar documentalmente algunas representaciones antiguas, no localizadas hasta ahora con exactitud. Entre las nueve huellas de Altamira Fatás se refirió a la singularidad de la impronta atribuida a un niño o niña de unos siete año y, además, localizada fuera de la Sala de Polícromos. Tras la fase de investigación ahora le sucederá la publicación de los resultados.

Niños. Adultos. Fases sucesivas evidenciadas por distintas capas de pintura. ¿Qué dicen de Altamira estos nuevos descubrimientos? «Son la consecuencia de un uso prolongado de la cueva que ha dado como resultado un techo con presencia de manos en distintas fases del proceso evolutivo», explica Collado a preguntas de este periódico. De hecho, añade, «cuantas más manos conozcamos, más nos dirá de esta evolución». La investigación supone «ir constatando lo que está perdido, y que gracias a la técnica para descubrir la realidad de la evolución, podamos poner un grano de arena sobre un estudio inmenso de algo que se ha hecho en esta y otras cuevas, para llegar a lo que fue en su día Altamira».

Un misterio revelado

Las figuras de manos en el arte rupestre plantean a la investigación arqueológica actual varios interrogantes, como la relación entre los primeros Homo Sapiens que llegan a la Península y los últimos Neanderthales; la evolución de la especie humana a un grado de complejidad mayor o el simbolismo que encierran estas improntas. Cada figura descubierta es un misterio revelado: «Cada vez que veo una mano entiendo que me saluda, y que quién la plasmó, quería comunicarse con la eternidad», dice Collado. Lo que les cuentan esas representaciones tienen por el momento forma de resultados científicos obtenidos durante el desarrollo de este proyecto, que ha involucrado a 32 especialistas de España, Francia, Reino Unido, Bélgica, Italia y Portugal. El estudio desvela las técnicas y colores utilizados, que aportarán información sobre quién vivió y cómo. Las huellas son mayoritariamente manos negativas en negro en la zona cantábrica y positivas combinando pigmentos negros y rojos para la zona meridional de la Península Ibérica. Además, se ha llegado a la conclusión de que, según la lateralidad de las improntas, más del 70 por ciento de la población prehistórica era diestra (ahora, la población mundial que recurre a la mano derecha asciende al 85 por ciento). Y otra duda: por qué en algunas manos faltan dedos. Tras los análisis realizados, la teoría de que la ausencia de dedos en las manos se debiera a la amputación de éstos, al parecer no es así: «Lo que se produce son ocultamientos».

En su exposición, también revelaron las técnicas de ejecución empleadas en las huellas de manos de Altamira. En ellas se distinguen dos prácticas. En el primer caso, la mano se apoya en el techo y el pigmento se sopla a su alrededor con ayuda de un aerógrafo o bien directamente desde la propia boca del artista.

El resultado es que la silueta de la mano resalta debido a la aureola de pigmento que ha quedado a su alrededor. En el caso de las huellas en positivo, es la propia mano, completamente impregnada de pintura, la que se apoya directamente sobre la roca dejando, por tanto, una huella nítida.

 

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