El 'hasta pronto' de Estirpe: «Daremos un concierto cañero, sin medias tintas»

Los cordobeses llegan al norte en una última gira a la que le seguirá un parón indefinido tras veinte años en el escenario: «La banda es una prioridad, pero antes está la salud y nosotros como personas»

Manu Mart, Loren Gómez, Paco Records Jr. y Miguel Fuentes./
Manu Mart, Loren Gómez, Paco Records Jr. y Miguel Fuentes.
EIDER BURGOS

No es un adiós, solo un hasta luego. 'Fin de trayecto' es la gira con la que los cordobeses Estirpe rodarán por última vez hasta próximo aviso. No se han peleado ni están cansados, solo que ahora tienen otras prioridades. Son los momentos más difíciles los que le hacen a uno darse cuenta de lo verdaderamente importante y el suyo lo vivieron en 2014, cuando a su vocalista, Manu Mart (hijo de Manuel Martínez, cantante de Medina Azahara), le fue diagnosticado un cáncer de colón.

Las malas noticias llegaban en medio de la gira de su recién estrenado 'Neurasia' (2013), uno de sus más notables trabajos, mestizo entre el rock, el jazz y el funky, y que retomaron tras el feliz anuncio en 2015 de que Mart estaba recuperado. La maquinaria de Estirpe se encendía de nuevo, a toda vela con el estreno de un nuevo disco, 'Jam Fuzzion Klan' (2016), grabado en directo, con una sección de vientos y con el que la banda volvía a hacer alarde de su eclecticismo. Para sorpresa de todos, la dicha no duraría mucho: el pasado mes de enero, la banda anunciaba un parón indefinido. «Somos más maduros y pensamos de otra manera, y esta vez sí, sí necesitamos una pausa, para sentir que no es la inercia donde se apoya nuestro destino, para saber qué queremos decir o si tenemos algo que decir que valga la pena», explicaban en un extenso comunicado.

Estirpe, gira 'Fin de trayecto'

Bilbao (con Moncada Veinte) Sábado 11 de febrero Sala Azkena Apertura de puertas: 20.30h Entradas : 10-13 euros
Santander Sábado 25 de marzo Sala Black Bird Apertura de puertas: 20.30h Entradas : 10-13 euros

Así, el 'Frenético Tour' que, según los planes iniciales, precedería a la grabación de nuevo material este verano se ha convertido en 'Fin de trayecto'. Los últimos bolos de los cordobeses, que se dejarán caer por Bilbao y Santander los próximos 11 de febrero y 25 de marzo, respectivamente. «Van a ser conciertos cañeros, rockeros, sin medias tintas, que después de Navidad aún tenemos que quemar los polvorones», bromea Loren Gómez, guitarrista y cofundador de la banda junto a Mart.

¿Con qué se encontrará el público exactamente?

El concierto en Bilbao será el bautismo de la gira de despedida. Y va a ser muy largo: tenemos muchas canciones que nos encantan -cuando nos toca hacer el repertorio nunca sabemos cuál quitar- y nos gusta mucho improvisar. Realizaremos un recorrido por toda nuestra trayectoria, pero nos centraremos más en los álbumes desde 'Ciencia' para adelante, sobre todo en 'Neurasia'. Vamos a dejar satisfecha a la gente.

¿Qué tal se os da por el norte?

Siempre nos hemos sentido bastante arropados. Por aquí el público de primeras es más frío, necesita más tiempo para entrar en calor. Pero eso sí, si consigues enganchar al público del norte, son fieles para toda la vida. Además, después del concierto, todos están deseando salir y enseñarte los bares de la zona.

¿Cómo vivisteis la enfermedad de Manu? ¿En qué os cambió?

Fue un momento... No sé... Nos ha permitido descansar y darnos cuenta de que la salud es lo más importante. La primera vez que tocamos después de que Manu se recuparara, vimos lo mal que podía haber salido. Al principio parecía que no lo iba a superar. Seis meses antes no podía estar tocando. Aquel día vimos que no todo es Estirpe. Es una prioridad, pero antes de nada estamos nosotros como personas. No queremos que sea una obligación; queremos hacer lo que nos apetece cuando nos apetezca. No quiero llegar a los 50 años y preguntarme qué he hecho con mi vida.

Y en enero dijisteis: 'Hasta aquí'. ¿Cómo fue tomar esta decisión?

Sin hablarlo, tanto Manu como ya lo habíamos pensado. Un día estábamos tomando una cerveza tranquilamente, lo planteamos, lo dejamos en el aire y dejamos que cada uno lo meditase. Dos semanas después se lo dijimos al resto de la banda. Fue duro, más para ellos que para nosotros. Ellos se han subido al barco más tarde y aún tenían mucha ilusión, sobre todo por el momento de componer y trabajar nuevos temas de Estirpe. No llevan nuestra mochila. Nos han pedido, eso sí, que contemos con ellos si volvemos en un futuro.

¿Cómo han reaccionado vuestros seguidores ante vuestra despedida?

Hemos recibido un cariño que, aunque esperábamos, no dejamos de agradecer. Nos llegan muchos mensajes. Yo no puedo responder a todos porque sino entro en un bucle infinito. Además me duele, me toca la fibra. Ha habido muchísimo cariño en las redes sociales que luego se ha hecho notar en los directos.

¿Más que antes?

El problema que tenemos en España es que no valoramos a los grupos de aquí porque los tenemos más a mano y creemos que siempre podremos volver a verlos. En cambio, cuando viene uno extranjero, te matas y haces cola durante días, aunque ya lo hayas visto, porque no sabes cuándo volverá. Ahora es cuando mucha gente se ha dado cuenta de que no siempre estaremos aquí y que a lo mejor ya es muy tarde.

¿Qué haréis tras el parón?

Cada uno irá por su cuenta, puede que Manu y yo contemos el uno con el otro como colaborador. Quiero hacer algo diferentes, quiero explorar.

Siempre os ha gustado explorar. En cada disco vuestro se pueden escuchar tantos géneros...

¡A veces demasiado! (risas). Eso tiene un contrapunto: por un lado, hay gente a la que le encanta que hagamos de todo. Nos dicen: «No sé cómo explicar a mis amigos lo que tocáis!». Otros, en cambio, son muy cerrados, y si no haces cien por cien lo que escuchan, te rechazan. A veces incluso los propios músicos actúan así, sacan unos discos parecidos a otros, lo que su público espera. Nosotros no; nunca nos ha gustado hacer refritos ni decir algo por decir. Por eso nuestros álbumes se han esparcido tanto en el tiempo: no por descansar, sino por trabajar más fuerte.

Escuchar siempre lo mismo aburre.

Aburre muchísimo. En mi casa, de hecho, lo que menos escucho es rock. Me encanta hacerlo, pero me cuesta que me llegue algo novedoso. Habiendo tantas cosas chulas, cómo me voy a cerrar a una sola.

Es vuestra primera gira sin Pepe Bao (formó parte de la banda entre 2013 y 2015). ¿Qué tal la experiencia de tocar con un músico de su talla?

Pepe es enorme. Como músico y como persona. A nivel instrumental es quien más me ha enriquecido. He tocado con muy buenos músicos en mi vida, pero Pepe tiene algo especial y no está lo suficientemente valorado. En España se le ha tomado por músico callejero, pero debería estar viajando por los teatros de todo el mundo y cobrando 50 euros la enrada.

¿Cómo acabó en vuestras filas?

Necesitábamos un bajista y Pepe se ofreció. Dice que le encanta lo que hacemos y que somos la mejor banda de España, no quería ni compensación económica. Cuando tuvimos que parar por la enfermedad de Manu, él retomó O'funk'illo y otros proyectos, así que tuvo que dejarnos.

De todos los conciertos que habréis dado, que son unos cuantos, ¿con cuál te quedas?

Me podría quedar con veinte o treinta, pero puedo resumirlo en dos. Uno, el acústico que dimos en el Gran Teatro de Córdoba, en el que grabamos 'El sentido de la calma' (2006). Todo el proceso de producción, preparación y ejecución fue extenuante. Unos de los más duros y con más ensayos que hemos hecho en nuestra vida. Fue como un parto. El otro, fue en el que nos sentimos de nuevo en plena forma. Fue en 2016, en la sala We Rock de Madrid. Ahí es donde vi a Manu de nuevo en forma. Hasta ese momento, siempre hubo un pero, su voz -una de las mejores de España- y su físico no le daban al cien por cien. Pero esa noche fue: «Ahora, sí». Lamentablemente el nuestro fue uno de los últimos conciertos de rock que vio esa sala.

Han pasado casi veinte años desde que os estrenasteis con 'Ídolos de papel' (1998). ¿Cómo resumirías vuestra trayectoria? ¿Con qué te quedas?

Dividiría la trayectoria de Estirpe en dos etapas: la primera, hasta que Manu enferma, cuando teníamos más ilusión, una obsesión por la banda. Era nuestro modelo y proyecto de vida, sentíamos una felicidad constante. La segunda, cuando Manu se recuperó, cuando fuimos más conscientes de lo que es en realidad la vida. Estirpe, la música en general, es muy importante para nosotros, pero ahora la disfrutamos con más madurez. También de la fortuna que es poder vivir del escenario, de lo que antes no era consciente.