¿Sabías que Keith Richards esnifó las cenizas de su padre? No, porque es mentira

Como seguro también sabías que Paul McCartney lleva muerto medio siglo o que existen firmes sospechas de que Kurt Cobain fue asesinado por su mujer. Estos y otros rumores los recoge el divertido libro 'Paul está muerto y otras leyendas urbanas del rock'

Keith Richards durante un concierto en 1995. /
Keith Richards durante un concierto en 1995.
EIDER BURGOS

Bert Richards murió en 2002. Cinco años después, su hijo Keith conservaba aún las cenizas, indeciso sobre cuál debería ser su destino. Puede que tras una vida de desfase con los Rolling Stones o a raíz de la caída de un cocotero en Brasil solo un año antes, el bueno de Keith dio en 2007 con el perfecto homenaje póstumo: esnifaría las cenizas de su progenitor, ¡qué demonios! Él mismo contó cómo lo hizo en una entrevista aquel mismo año. Y la travesura se convirtió en leyenda.

'Paul está muerto y otras leyendas urbanas del rock'. Textos: Héctor Sánchez. Ilustraciones: David Sánchez.
Editorial: Errata Naturae. 219 páginas.

Porque en realidad no fue más que eso, una mentirijilla que se le fue de las manos. «No tomaría cocaína a estas alturas de mi vida a no ser que quisiera suicidarme», desmintió tras el revuelo que levantó su gracieta. Lo cierto es que el guitarrista no aspiró a su padre con un tubito. En realidad, los restos de Bert descansan bajo un robusto roble inglés que su hijo plantó en el jardín de su casa: «Él prefería que lo usáramos para cultivar patatas antes que ocupar un cementerio», afirmó Keith. Cuando fue a abrir la caja de las cenizas, una «ligerísima nube» cayó sobre la mesa. Esta sí, la recogió con la yema de los dedos y las aspiró por la nariz. «¿Qué iba a hacer, limpiarlas?».

La de Keith Richards y las cenizas de Bert es una de las más famosas leyendas urbanas de la historia del rock. Esta y otras tantas están recogidas en el divertido libro 'Paul está muerto y otras leyendas urbanas del rock', redactado por Héctor Sánchez y hábilmente ilustrado por David Sánchez. Una reveladora recopilación que indaga en los orígenes de varios chismorreos musiqueros que aquí se desmontan con mucha gracia. Porque no, por mucho que insistan, Paul McCartney no está muerto. Elvis y Jim Morrison, sí.

¿Quién mató a Kurt Cobain?

La mañana del viernes 8 de abril de 1994, un electricista encontró el cuerpo inerte de Kurt Cobain en el invernadero de la casa del artista. Los foreses tuvieron que recurrir a las huellas dactilares para poder reconocerle. Se había pegado un tiro. «Se ha ido para unirse a ese estúpido club», lloró su madre, Wendy O'Connor, al enterarse de la noticia. Ese malogrado club de quienes mueren a los 27 y al que ya pertenecían Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin y Jim Morrison.

Sus últimos meses de vida solo fueron la crónica de una muerte anunciada. Adicto a la heroína, perseguido por el fantasma de la separación de sus padres y atormentado por una fama que no deseaba, la aguda depresión que sufría no era ningún secreto. 'In Utero', publicado un año antes, tuvo como primer título 'I Hate Myself and I Want to Die' (Me odio quiero morir) y en marzo del '94 acometió, que se sepa, su primer intento por quitarse vida: en un hotel en Roma, a base de alcohol y pastillas de Rohipnol. Su esposa, Courtney Love, lo encontró en el baño justo a tiempo. Su salvadora y, a pesar de todo, su asesina para muchos.

Puede que por el fuerte carácter de ella -polémica y excéntrica-, existe una visión muy extendida de un Cobain supeditado a su mujer. Existe otra, aún más retorcida, por la que Courtney encargó el asesinato de su marido para quedarse con el dinero de su marido pues, supuestamente, estaban en pleno divorcio. Una teoría alimentada por el documental de Nick Broomfield '¿Quién mató a Kurt Cobain?' (1998) que cae por su propio peso: entrevistas a personas de dudosa credibilidad -el padre de Courtney, quien mantiene una guerra abierta con su hija desde hace años, un detective conspiranoico, un músico de segunda...- y pruebas que se desmontan justo cuando van a ser probadas. Que Courtney, obviamente, no quisiese participar en una cinta que le tacha de asesina es utilizado también como señal de su culpabilidad. Una cinta que, como afirma Héctor Sánchez en su libro, «roza la vergüenza ajena y no debe ser tomada en serio».

El fantasma de Janis Joplin

Dicen que la habitación 105 del hotel Highlands Gardens, en Los Ángeles, se comporta de forma extraña desde hace 47 años. Desde el 4 de octubre en 1970 cuando una joven apodada 'la Perla' falleció en el suelo, junto a la cama, víctima de una dosis de heroína más pura de lo normal. Dicen que su fantasma habita hoy entre aquellas cuatro paredes, que juega con las luces, el teléfono, las puertas y la calefacción, más en el aniversario de su muerte. Es por eso que Don Hoyt, amigo de la infancia de Janis Joplin, peregrina cada año al motel angelino: «No tengo dudas de que Janis está aquí. Suceden cosas. Quienes la conocíamos y hemos estado aquí sentimos lo mismo. No vengo aquí por el morbo, sino a homenajearla», asegura.

La voz desgarrada de Janis parecía una síntoma de la tristeza que le perseguía desde la infancia, cuando sufrió problemas de personalidad y autoestima. Durante los últimos meses de su vida, apostó su felicidad a la relación que mantuvo con Seth Morgan, un traficante de heroína más joven que ella que no le era fiel y que salía con ella por su fama. Ella lo sospechaba, pero temía estar sola. El mismo terror al no pudo hacer frente el día previo a su muerte, cuando discutió con su chico por no ir a verla y su mejor amiga y antigua amante, Peggy Caserta, la dejó plantada por un nuevo ligue. La solución a sus miedos, un chute que esta vez le costaría la vida. Su espíritu hoy vaga en busca de compañía entre los huéspedes del Highlands Gardens.

El reino de Oz baila al ritmo de Pink Floyd

Algo increíble sucede si se reproduce al mismo tiempo 'El Mago de Oz' y el celebérrimo disco de Pink Floyd 'The Dark Side of The Moon': están perfectamente sincronizados. Escenas y música se suceden al mismo tiempo e, incluso, existen momentos en los que las letras describen la película. Y no, esto no es un rumor, prueben si no. Denle al play a la película justo después del tercer rugido del león de la Metro (que debe estar en 'mute') al mismo tiempo que lo hacen con el disco, que debe reproducirse en bucle (la película dura más que el CD, claro). Las coincidencias -más de cien- son sorprendentes: al comienzo, Dorothy mira al cielo justo cuando suenan los helicópteros de 'On the Run'; 'The Great Gig in the Sky' armoniza la escena en la que la casa de la niña sale volando; 'Money' arranca al mismo tiempo que la película adquiere color; 'Brain Damage' acompaña el loco baile del espantapájaros que sueña con un cerebro; y, al final de la primera vuelta del disco, Dorothy acerca la cabeza al pecho del hombre de hojalata cuando resuenan los latidos de 'Eclipse'. Los conspiranoicos, además, encuentran otras señas en la carátula del disco: un haz de luz blanca atraviesa un cristal y se convierte en un arcoiris, como la película, que comienza en blanco y negro y se inunda de colores cuando Dorothy llega al mundo de Oz.

¿Dónde está el rumor, entonces? En quienes aseguran que los chicos de Pink Floyd lo hicieron aposta. Alan Parsons lo desmintió -«No existían mecanismos para hacerlo», explicó-, lo mismo que otros miembros de la banda a excepción de Roger Waters, que nunca se ha pronunciado al respecto. Esta divertida coincidencia que se conoce como sincronicidad, definida por el psicólogo Carl Jung como «una coincidencia temporal de dos o más sucesos de una manera no causal». También está relacionada con la apofenia, propuesta por el psiquiatra Klaus Conrad, por la que se establecen conexiones entre dos o más fenómenos que, en realidad, no guardan ninguna relación. Que no fuese intencionado, sin embargo, no le resta la magia.

Ozzy, el terror de los animales

Ozzy Osbourne no es, lo que se podría decir, un amante de los animales. Cuentan las malas lenguas que durante un concierto el que fuera líder de Black Sabbath arrojó una veintena de perros al público y se negó a actuar hasta que se los devolviesen muertos. Conocida es la noche en la que un fan le lanzó un murciélago en pleno directo y el cantante le arrancó la cabeza de un solo mordisco (al murciélago, no al chaval). Solo un par de años antes, hizo lo propio con una paloma durante una reunión con la productora CBS. En el '83, durante una gira con los no menos salvajes Mötley Crüe, Ozzy esnifó una fila entera de hormigas que desfilaban por una acera.

Todo es cierto, a excepción de lo de los perros. Lo primero fue el episodio de la paloma, cuando trataba de lanzar su primer álbum en solitario, 'The Blizzard of Ozz' (1980). Ozzy iba a reunirse con la CBS, que no mostraba demasiado interés en él, por lo que su manager, Sharon Arden, trazó un plan: nada más entrar, soltaría una bandada de aves blancas en señal de paz. Él, sin embargo, hastiado porque allí solo se hablase de marketing en lugar de heavy metal, optó por sentarse en las rodillas de una de las ejecutivas y arrancarle la cabeza de un bocado a uno de los pájaros. «A día de hoy sigo sin saber qué me pasó por la cabeza. Una cosa es segura: causé impresión», recuerda en sus memorias. Tanta, que le prohibieron la entrada al edificio. También publicaron su disco y su manager acabó siendo su esposa.

Lo del murciélago vino después, una vez se extendió la historia de aquella reunión y los asistentes a sus conciertos comenzaron a lanzarle «piezas de carne» primero, «animales enteros» más tarde. Un día, un murciélago. Ozzy pensó que era de plástico, así que lo decapitó de un solo mordisco -¡cómo no!-. «La boca se me llenó de un líquido pegajoso y cálido con el peor regusto que os podáis imaginar. 'No me jodas', pensé, 'no me jodas que acabo de comerme un murciélago'». Aunque muchos saben de aquella noche, pocos cuentan que el cantante fue trasladado de urgencia a un hospital para recibir la antirrábica y que tuvo que seguir recibiendo inyecciones durante un mes.

Así, era cuestión de tiempo que surgiese una historia como la de los perros apaleados. En vista de su trayectoria, los agentes de la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales (RSPCA) vigilaban cada uno de sus conciertos. Al mismo tiempo eran objeto de burla de los encargados de la gira, que se divertían «vacilándoles»: «'Uy, Ozzy va a tirar dieciocho perritos al público y no cantará ni una nota hasta que hayan sido masacrados'. Y se tragaban hasta la última trola», cuenta. Sí, se la trabagan, y luego la contaban. ¿Y lo de las hormigas? Bueno, Ozzy no lo recuerda -«iba ciego todo el rato»-, pero el bajista Nikki Sixx, sí: «Lo hizo. Se colocó el turulo por la nariz y con el culo blanco asomándole como una raja de melón, se metió la hilera entera mediante una única y brutal inspiración».

Cuando David Bowie y Mick Jagger se lo montaron

Qué bonita es 'Angie', en eso todo el mundo coincide. El tema de los Rolling Stones salvó a la banda de la crítica feroz que recibió el disco que lo contenía, 'Goat Head Soup' (1973). Una sorprendente y bonita balada en boca de los que por entonces se consideraban sus indecentes satánicas majestades. En lo que no coincidían tantos era en quién era esa tal Angie. En un principio se atribuyó a la primera mujer de David Bowie, Angela, con quien se rumoreaba Mick Jagger había vivido un idilio. Luego, que la protagonista no era mujer sino hombre, el mismísimo Duque Blanco. El rumor lo infundó la propia Angela cuando, en mitad de los trámites del divorcio, aseguró en televisión que había pillado en la cama a su exmarido con el cantante de los Stones. Para más detalles, estaban desnudos y ella reaccionó preparándoles el desayuno.

Ante la rapidez con la que se extendió el rumor, Angela dio marcha atrás una semana más tarde: «No los pillé haciéndolo, lo único que encontré fueron dos personas durmiendo en mi cama, resultó que estaban desnudos y resultó que eran Mick Jagger y David Bowie, pero no es para tanto. No significa que tuvieran una aventura». El líder de los Stones pasó de aquello diciendo que era solo una «tontería». Bowie nunca se ha pronunciado; sí su abogado y su biógrafo, que negaron los hechos.

Ni siquiera el origen del rumor -que tras el apodo de 'Angie' se escondían David o Angela- es cierto, pues quien compuso el tema fue el guitarra de los Stones, Keith Richards, y no Mick Jagger. Lo hizo durante su internamiento en una clínica de desintoxicación, días después de que naciese su hija, fruto de su relación con Anita Pallenberg: «Agarré la guitarra y escribí 'Angie' en una tarde, por fin podía mover los dedos y ponerlos donde se suponían. Así que empecé a cantar 'Aaaaangie, Aaaaangie'. No pensaba en nadie en particular, podría haber sido: 'Oooooh, Diana'. De hecho, no sabía que Angela se iba a llamar Angela cuando la compuse. Entonces no se sabía el sexo del bebé hasta que nacía. Anita le puso Dandelion... Solo le cayó Angela porque nació en un hospital católico donde insistieron en que se añadiera también un nombre 'como Dios manda'».

Paul McCartney está muerto

La historia de la supuesta muerte de McCartney es una de las leyendas más extendidas y creídas de la historia del rock, comparable a la que asegura que Elvis sigue vivo (a lo que también se dedica un capítulo). Es por eso el capítulo más extenso de este libro. Según el mito, el líder de The Beatles falleció en un accidente de coche la lluviosa noche del 9 de noviembre de 1966. La culpa no la tuvo Yoko Ono, sino una groupie a la que el músico recogió cuando caminaba sola y empapada al margen de la carretera. Al reconocer esta a su ídolo, se abalanzó sobre él en un mortal abrazo que acabó por estrellarles contra un muro. Para que la máquina de hacer dinero no se detuviese, la compañía de la banda abrió un casting de dobles con el que sustituir al muerto. William Campbell fue el elegido: sabía tocar el bajo pero, a diferencia de Paul, era diestro, por lo que debería fingir en público que tocaba con la zurda.

Desde este momento en adelante, las evidencias de que Paul está muerto, supuestamente, se suceden. Tanto en las portadas de los discos (por enumerar, en 'Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band' se representaría su funeral y en 'Abbey Road' es el único que va descalzo), como en las letras de las canciones ('A Day in the Life' dice «Perdió la cabeza en un coche / No se dio cuenta de que el semáforo había cambiado / Una multitud se arremolinó para mirar / Habían visto su cara antes»; en 'All You Need Is Love' algunos entienden 'Yes, he's dead / We love you, yeah, yeah, yeah' en lugar de 'Yesterday / She loves you, yeah, yeah, yeah'...). Incluso hay quien cree escuchar la confesión del deceso si se reproducen hacia atrás 'Revolution 9' o 'I'm So Tired'.

¿Y de dónde sale un rumor tan elaborado, con datos tan concretos y tantos creyentes? De Tim Harper, un chaval de la Universidad de Drake en Des Moines (Iowa) que, sin tener un solo disco de los británicos, el 17 de septiembre de 1969 publicó un reportaje en el periódico universitario: «¿Está muerto el Beatle Paul McCartney?». De nada sirvieron las numerosas entrevistas que Harper concedió más tarde para desmentir sus líneas -«Cuando lo escribí sabía que no era cierto», reconoció- cuando el rumor se extendió como la pólvora: los medios sensacionalistas le dieron bola y comenzaron a ver fantasmas en la discografía de los de Liverpool.

Lo cierto es que Paul sí sufrió un accidente, pero de moto, por lo que luce desde entonces una cicatriz en el labio. ¿Y por qué salió descalzo en la foto de 'Abbey Road'? «La idea de Paul de ser diferente era ir perfecto pero con una oreja pintada de azul. Cuando ves el disco, parece que los cuatro estamos completamente vestidos. Lo hizo para llamar la atención», explicó John Lennon. «Paul no podría haber muerto sin que el mundo lo supiera. De hecho, no podría ir de vacaciones sin que todo el mundo se entere. Es inimaginable, pero fue una buena publicidad extra para 'Abbey Road'».

 

Fotos

Vídeos