Un Frankenstein de seis cuerdas

Eddie Van Halen diseñó su icónica guitarra, la Frankestrat, mezclando partes de los dos fabricantes más importantes del mercado

Eddie Van Halen con su guitarra./
Eddie Van Halen con su guitarra.
J. MIKEL FONSECA

Entre los aficionados a las guitarras pasa un poco como entre los forofos del fútbol: cada uno es de su equipo, pero siempre hay dos grandes titanes enfrentados que acaparan todo el protagonismo. En el mundo de las seis cuerdas, el Madrid-Barça es el Fender-Gibson. Cada una tiene su personalidad: las Fenders gozan de fama de ser más manejables y versátiles en cuanto a sonido, mientras que las Gibson brillan por su robustez y una sonoridad áspera y profunda. Son las dos marcas de guitarra más conocidas de la industria y cuentan cada una con legiones de seguidores acérrimos.

La leyenda del hard rock Eddie Van Halen, lejos de posicionarse en una u otra escudería, decidió juntar lo mejor de cada casa en una sola guitarra, a la que bautizó acertadamente como Frankenstrat (un acrónimo entre el monstruo de Frankenstein y el modelo de guitarra Stratocaster). Y al igual que ocurre con el moderno Prometeo en la novela de Mary Shelley, esta curiosa creación nació de distintos cadáveres, concretamente, de un cuerpo y mástil similares al de la Fender -que Van Halen compró a precio de ganga por sus numerosos defectos, como un gran nudo en la madera- en el que incrustó -a fuerza bruta- la electrónica y las pastillas de sonido de su antigua Gibson.

Y aunque Van Halen ha pasado a la historia como uno de los mejores guitarristas de la historia, no se puede decir lo mismo de sus conocimientos de electrónica. 'Chapuza' es lo más optimista que se puede decir de su creación, ya que al integrar la pastilla Gibson desactivó la propia de la Fender, quedando meramente como decoración. Para calibrar su sonido, la untó con cera de parafina. Para rematar la obra, instaló en la parte final de la guitarra un puente del tipo Floyd Rose, atornillado con una moneda de 25 centavos, y la pintó de negro con rayas blancas. La Frankestrat estaba terminada. «Its alive».

Van Halen utilizó esta guitarra durante años y giras, en los que fue cambiando de color, pasando del blanco y negro al negro y amarillo, donde se ganó a pulso el apodo de Bumblee (abejón), y de ahí a la tricomía negro-blanco-rojo, inspirada por el «pop» de las bicicletas Schwinn. También añadió luces reflectantes al cuerpo de 'Franky', y por el camino se cargó los controles de tono, que disimuló tapando con un vinilo. Huelga decir que la forma de tocar del rockero holandés no se caracteriza por su respeto a la integridad física del instrumento.

Con la fama, a principios de los ochenta, a Van Halen le llegaron también los sponsors, pero no sería ni Fender ni Gibson quien se fijaría en él, si no el fabricante norteamericano Kramer. Los luthiers de esta empresa cuidaron de la Franskenstrat original de Van Halen, sustituyendo el mástil, mientras ponían a la venta, entre 1982 y 1984, numerosas réplicas de la misma, que hoy se encuentran entre las guitarras más codiciadas del mercado de segunda mano.

Van Halen rompió la relación con Kramer y empezó su andadura, primero con el fabricante Charvel y luego en solitario con su propia escudería, EVH Guitars & Amps, cuyos productos, de una calidad más que notable, son diseñados y supervisados por el propio músico. EVH sería finalmente adquirida por el gigante Fender, que aprovechó la licencia para sacar, en 2005, una serie de 300 guitarras inspiradas en Franky por 25.000 dólares.

A pesar de los vaivenes del mercado y de las listas de éxitos, Van Halen nunca dejó de modificar sus guitarras. Tras la Frankestrat, llegó la Ibanez Explorer, a la que arrancó, literalmente, un cuarto de su cuerpo para hacerla más manejable. También diseñó una guitarra desde cero, a la que bautizó como su hijo, Wolfgang, y que hoy vende con EHV Guitar & Amps. También realiza Frankstrats por encargo, aunque el precio puede ser igual de monstruoso que la propia guitarra.

 

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