en el corazón del piano

Patrick Hinves, los Steinway & Sons, y Takuro Hanada, los Yamaha, afinan a diario las cuerdas de los instrumentos del Concurso Paloma O'Shea

en el corazón del piano
Javier Cotera
Lola Gallardo
LOLA GALLARDOSantander

Tienen un oficio que muy pocos ejercen. Son afinadores de pianos, los que ponen las cuerdas en sintonía para que suenen armoniosamente. Saber tocar el piano no convierte a uno en afinador, ni el afinador tiene porqué saber tocar el piano. Solo navegan entre las 88 teclas del piano para interpretar, procesar y ajustar su sonido.

Para afinar un piano además de tener una idea de afinación, hay que utilizar un diapasón y un maletín de herramientas especiales. Primero, con el diapasón se coge un tono de referencia y sobre él se hace lo que se llama 'temperamento', que es igualar todas las notas centrales dentro del contexto. Luego se extiende lo que se ha hecho a toda la tesitura del piano, a los graves y a los agudos. En teoría, no más de una hora. Sin embargo, los afinadores del Concurso Internacional de Piano de Santander Paloma O'Shea, no descansan esta semana. De madrugada cuando acaba el concurso, por la mañana antes de empezar... cada día preparan los pianos de los jóvenes concursantes. Porque cada piano y cada pianista son mundos diferentes. Es lo bonito de la profesión: enfrentarse a muchos pianos diferentes. Un reto.

Takuro Hanada y Patrick Hinves afinan los pianos Yamaha y Steinway & Sons, respectivamente, del Concurso de Piano de Santander. Una labor que exige paciencia, conocimiento, concentración y amor por su trabajo.

«Un afinador no debe utilizar auriculares, no son buenos. Debe escuchar el sonido de la naturaleza» Takuro Hanada

Takuro Hanada conoce a la perfección las entrañas de los pianos Yamaha. Ama su profesión y disfruta escuchando los sonidos del piano. Reconoce que los pianos Yamaha «son un coche muy potente» pero no es el Mercedes que representan los Steinway. Pero afirma con orgullo que en estos últimos años la presencia de Yamaha ha crecido. En 2015 dos participantes escogieron pianos marca Yamaha en este concurso y este año son cuatro.

Javier Cotera

El sonido del piano enamoró a Takuro Hanada durante el Concurso Internacional de Piano Chopin. Allí escuchó al prestigioso pianista Stanislav. Fue en 1985. «Era un sonido maravilloso que me hizo sentir muy bien y pensé en cómo podía yo contribuir a ello», explica. En ese momento desconocía que existiera el oficio de afinador de pianos, pero indagó y descubrió la Escuela de técnicos de piano de Yamaha, en Hamamatz (Japón). Se matriculó un año después y cursó los estudios. Hoy tiene 55 años y lleva 32 trabajando como afinador de pianos. Su trabajo tiene luces y sombras ¿Lo mejor? El talento de los pianistas, oír su música. ¿Lo peor? Las competiciones. «No me gustan porque hay mucho talento en el concurso y sólo un ganador», aclara.

No tocan el piano pero aman la música y saben perfectamente cómo suena cada una de las 88 teclas de un piano

El Concurso de Piano supone un gran trabajo por el número de participantes. Primero veinte, ahora doce.... y después seis. Al principio efectuaba un ajuste estándar en los pianos, pero a medida que son menos participantes «puedo atender las necesidades de cada pianista». Hanada no toca el piano, salvo las escalas musicales para poder afinarlo. «Si fuera pianista no sería afinador», responde bromista. Entre su melodías favoritas hay sonatas de Bach, Chopin y Beethoven, piezas de Granados, Rachmaninov... Y cuando cita a los grandes de la música, reconoce sentir un «respeto profundo» por los pianistas y los compositores.

¿Quién es el principal enemigo de un piano? En esto coinciden todos los afinadores: temperatura, humedad... «Son como los seres humanos, sienten calor y frío», indica Hanada y como las personas «unos días están de mejor humor que otros».

Reclamado por los principales músicos del mundo, indica que la clave de su éxito está en la experiencia –lleva 32 años afinando pianos– y la formación. «Es un trabajo muy duro que exige mucha cualificación», responde. Lamenta que haya carencia de afinadores con experiencia y preparados en una escuela de alta formación, y considera importante poder trasladar su experiencia y sus conocimientos a las nuevas generaciones. «Amo mi trabajo y quiero que perdure, por eso es importante involucrar a la gente joven», añade quien les anima a amar los pianos, estudiar mucho y escuchar buena música. Y antes de terminar la entrevista puntualiza: «Quiero dar un consejo a las nuevas generaciones de afinadores de piano, que no utilicen auriculares, porque no es bueno para el oído. Les anima a «escuchar el mar o los sonidos de la naturaleza para alimentar el corazón».

«Estos pianos son el Rolls Royce de la música por el material, la mano de obra y la forma de construirlos» Patrick Hinves

Patrick Hinves estudió en Reino Unido y Alemania, y es el técnico solicitado en España por artistas como Grigory Sokolov o Leif Ove Andsnes. Trabaja para la firma Steinway, unos pianos que, según explica, están considerados el Rolls Royce de su mundo. «Son especiales por el material y la mano de obra, además de la forma con la que se construyen. Por ejemplo, el mueble en el que está el piano es una caja de resonancia y no un adorno. Es una forma compleja de construir un piano, costosa y aunque puedan copiar el diseño, es imposible hacerlo de la misma manera», explica.

Javier Cotera

Hinves descubrió el mundo de los pianos gracias al negocio familiar. Con quince años recuerda que pidió como regalo un juego de herramientas para afinar pianos. Le apasiona viajar, conocer lugares y países, aunque también esta parte de viajar es la que menos le gusta de su trabajo. Estudió tres años de piano cuando era pequeño pero no le gustaba. Tampoco el solfeo. Pero encontró su pasión en la música. Reconoce que saber tocar el piano no es un requisito indispensable para afinar un piano, aunque puede ayudar. «Afinar un piano es aburrido y monótono, exige mucha paciencia», explica quien encuentra la recompensa cuando el piano suena y «ves que tu trabajo influye en el éxito de un concierto». Durante el Concurso de Piano hay para todos los gustos. Un pianista puede señalar que el sonido es brillante y otro más aterciopelado, «es debido a que el trabajo se multiplica por veinte, doce o seis. Depende del número de pianistas. En la primera ronda, de los 20 pianistas, 16 eligieron el Steinway y en esta segunda de doce participantes, diez. Estas cifras hablan por sí solas», dice.

La clave de su éxito está en el esfuerzo y la constancia, además de trabajar con buenos instrumentos. No hay que olvidar que «el Steinway es el Rolls Royce de los pianos». Apuesta por su oficio, el de afinador y no cree que está en vías de extinción. Todo lo contrario, «existe un gran interés y cada vez se necesitan más especialistas en afinar pianos».

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