«El vidriero actual es un mago que trabaja entre el espacio y la luz»

Enamorado de su trabajo, Alfredo Piris lleva décadas dedicado a un oficio que exige un perfil a la par técnico y artístico, y que vive sus horas bajas por la falta de formación y relevo generacional

El estudio de Piris, en Pámanes, uno de los cada vez más escasos templos de creación y restauración de vidrieras en España. / Alberto Aja
Álvaro G. Polavieja
ÁLVARO G. POLAVIEJASantander

El vidrio ha provocado guerras y ha servido durante siglos de sustrato para contar la Historia. España cuenta con un ingente patrimonio de vidrieras y en un tiempo no muy lejano también contó con una amplia gama de productores y creadores dedicados a este arte milenario. Pero los tiempos han cambiado y los vidrieros actuales han tenido que adaptarse a una era industrial manteniendo la esencia artesanal de su trabajo. Cada vez son menos, pero no renuncian a un arte que han convertido en profesión. Critican la falta de una apuesta rigurosa por las profesiones artesanales y de la falta de formación, que dificulta el relevo generacional. El cántabro Alfredo Piris es uno de los pocos maestros vidrieros que quedan en España.

–¿Cómo se metió en este mundo?

–Tuve la suerte de empezar a trabajar muy joven por circunstancias familiares en una empresa de esmaltes en Santander. Años después me pasé al vidrio, porque tienen muchas cosas en común. Trabajé con grandes maestros, de los de antes, como Luis Bada, un gran vidriero de León, y con Echevarría, que era descendiente de la saga Maumejean. Después he estado muchos años yendo a Francia y he tenido la oportunidad de estudiar con gente que se encargaba de la conservación del patrimonio francés, en Chartes, en Colonia... Y ahí aprendí que nos sacan años luz.

–Usted ha visto cambiar mucho su oficio...

–Antes las empresas repartían el trabajo y había muchos perfiles, porque era la forma de que nadie supiera todas las partes del trabajo y se pudiera poner por su cuenta. Hoy en día en cambio el vidriero tiene que hacerlo todo. Tener destreza con el dibujo ayuda mucho. El aspecto mecánico del oficio, que es cortar y emplomar, lo puede hacer una persona que se adiestre para ello. Pero pintar ya es más complicado, hacer un buen diseño... Hay muy buenos vidrieros que fallan en eso: recargan las vidrieras, o son un poco horteras... En este oficio hay que saber hasta qué punto puedes llegar. Ese equilibro es difícil y muy importante.

«La profesión ha cambiado: hoy en día el vidriero tiene que hacerlo todo»

–¿Qué fases implica la creación de una vidriera?

–Lo primero es ver qué nos piden los clientes, dibujarlo en el cartón y ver cómo va a ser el despiece original. Es la antesala de la vidriera. Ahí ya vemos qué piezas la van a componer. Hay que tener en cuenta el tamaño de las piezas reales, el número que la componen y las características del vidrio: si esas piezas son de vidrio de color, de vidrio transparente, o de vidrio de color pintado y vitrificado, es decir, que pasan por el horno para su composición.

–Trabajan con gran variedad de vidrios...

–El vidrio es un mundo: hay vidrio soplado, hay vidrio impreso, vidrio colorescente o palidescente... Hay múltiples gamas no solo de colores, sino de texturas. Y cada vidriera requiere unas, dependiendo del sitio y de las características del propio trabajo. En ese sentido, el vidriero actual es un mago que trabaja entre el espacio y la luz.

–Dibujan las piezas, pero también las pintan.

–Es exactamente igual que en el siglo XIII. Partimos de productos que son óxidos metálicos, de hierro, de cobre... y que luego nos permiten vitrificarlos. Se mezcla con varios diluyentes como el vinagre y el agua destilada, y se dan en líquido. Luego, una vez seco, vamos raspando con pinceles específicos y sacamos las luces quitando la pintura donde nos interesa. Es lo contrario que cuando pintamos un cuadro. Para eso utilizamos una mesa de luz, que nos permite ver lo que pintamos. En esta fase cada tinte tiene que tener una hornada, no podemos pintar toda la pieza de golpe. Tendríamos que pintar primero el azul, que es un contraste transparente, luego las grisallas, que son los óxidos metálicos que nos permiten crear las sombras... De forma que cada color nos lleva una cocción. En esta fase lo primero es el perfilado, que son las líneas que forman las siluetas. Después ya llega el modelado, para lo que utilizamos también pinceles muy especiales.

–Hechas las piezas, toca componer el puzzle...

–Esa es la parte de la emplomadura, que es la construcción de la vidriera. Se trata de componer un diseño lo más aproximado al original, pero la construcción de la vidriera nos impone limitaciones. La propia emplomadura es la estructura que soporta los cristales, es la que da fortaleza al conjunto. Una vez que se ha emplomado se sueldan las uniones de los plomos por las dos caras con estaño y plata, y eso hace que tenga mucha mayor rigidez. Tras esta parte se procede al enmasillado: se mete una masilla específica entre las juntas de plomo y el vidrio para quitar las holguras y hacer que sea impermeable. A la hora de cortar las piezas ya tenemos que tener en cuenta esta fase. No podemos cortarlas como queramos: tenemos que ir adaptando las líneas de plomo al dibujo original para distorsionarlo lo menos posible. También buscamos poder meter luego las piezas en el horno, en el que no podemos introducir grandes piezas, entre otras cosas por la propia seguridad de la vidriera.

«En la restauración prima el precio y a veces el resultado es irreversible»

–¿Cómo es el proceso de la restauración de vidrieras?

–Al restaurar tenemos que ceñirnos a lo que vamos a reparar, a las heridas que vamos a curar de las vidrieras. En esos casos es muy importante saber quién las hizo para conocer las características de su trabajo. Estos conjuntos se quejan muy tarde; las vidrieras no tienen obsolescencia programada. Y cuando nos avisan a los restauradores es porque ya están en el suelo la mayoría de las veces, o van a estarlo... A veces se caen al suelo y no se restauran, se pone directamente un vinilo y se quedan tan anchos; depende de la comisión de turno y de la preparación que tenga. En el caso de la restauración es muy importante saber quién hizo la vidriera original, porque eso nos permite conocer sus características a través de las bibliografías que reflejan cómo trabajaban, qué metodología se empleaba, qué estilos de pintura utilizaban... En ese sentido se han perdido muchísimos conceptos porque, desgraciadamente, los vidrieros de hoy en día, los que hemos tenido la suerte de trabajar con vidrieros del siglo pasado, aún conservamos muchas nociones importantes del oficio, pero la falta de formación especializada hace que no tengamos vías para transmitirlas de una forma rigurosa. Como digo, en la restauración es fundamental hacer una labor de investigación. Y para eso hay que tener bibliografía de la que tirar. Para eso tiene que gustarte mucho tu trabajo. Si eres un enamorado del oficio, a lo largo de tu vida vas recopilando mucha bibliografía, muchos libros, muchos documentos. Yo tengo una gran bibliografía sobre el vidrio y este oficio, que he ido reuniendo y estudiando a lo largo de los años.

–¿A qué retos se enfrenta en las restauraciones?

–Es muy difícil saber cómo está una obra y qué restauración requiere hasta que no está sobre la mesa. Ahí es cuando vemos realmente toda las patologías que tiene. Antes los vidrieros teníamos que ir a las iglesias con prismáticos; afortunadamente hoy en día hay drones y la cosa ha cambiado, porque con ellos subes y filmas al detalle cómo están las vidrieras. Generalmente nos enfrentamos a roturas por acción mecánica debido golpes, al efecto de hongos y líquenes que se comen literalmente el vidrio y, desde hace treinta años, a una nueva amenaza como la contaminación atmosférica.

–¿Cree que en España se cuida como debe el patrimonio de vidrieras?

–No. Las subastas que hacen las Administraciones cuando se licita una obra de rehabilitación y conservación se hacen muy a la ligera, por personas con muy poca capacitación. Ahora prima el precio sobre la calidad, y los trabajos se dan al que ofrece el precio más bajo. Eso implica que al final los resultados no son los que deberían ser, y a veces son irreversibles. Las comisiones que aprueban estos proyectos tienen poca preparación.

Luz, espacio y color: las coordenadas de Alfredo Piris. / Alberto Aja

-¿Cómo ha cambiado el sector en nuestro país?

Ha cambiado mucho, y no pare mejor. Hasta hace muy poco en España había proveedores, pero ahora hemos vuelto a los orígenes, como con el vidrio de color. Hay muy pocos proveedores porque han cerrado muchísimas fábricas dedicadas a esta actividad y hemos tenido que volver a buscarlo en otros países de Europa, especialmente Francia y Alemania. España nunca ha fabricado vidrio de color, salvo en vidrios impresos con colores muy básicos. Este vidrio se fabrica soplándolo con una caña, como se hacía hace tres mil años. Se hace una burbuja, se corta, se sasga y se expande en una mesa. Es un proceso muy artesanal y complejo. Para hacer un metro hacen falta dos tíos versados, que sepan lo que hacen. Las composiciones para los colores son un enigma. Yo tengo muchos libros donde aparece cómo conseguir los distintos colores, pero siempre falta algo, los maestros nunca contaban todo.

-Para eso está la documentación de la que nos hablaba.

-Es fundamental. En mi caso he ido muchos años a ferias del libro antiguo, a bibliotecas... y he rastreado en cada sitio o rincón en el que podía haber alguna información interesante. De esa manera vas recopilando mucha documentación, y alguna importantísima. Hace algo más de diez años encontré en la Biblioteca Menéndez Pelayo un tratado del siglo XII, que era una carta de Menéndez Pelayo donde el arzobispo de Toledo le explicaba al arzobispo de Sevilla las composiciones para la fabricación del vidrio de color, del medieval. Ese tratado lo transcribimos del latín al castellano a través de un amigo historiador, y el Museo de Corning de Nueva York escribió un libro hablando exclusivamente de este tratado. Fue un buen hallazgo.

–¿Y qué hay del futuro?

–En Santander y Cantabria hay pocos vidrieros. La Administración tendría que favorecer este tipo de profesiones. Por ejemplo, este año en toda Europa es el Año del Aprendiz y se le da una importancia tremenda, mientras que aquí no sabemos casi ni lo que es... Antes había más: más vidrieros, más proveedores, más pedidos. Ahora, por ejemplo, tampoco hay una demanda excesiva de vidrio soplado, porque es muy caro. Un metro cuadrado puede valor 700 euros. Yo tengo aquí muchas cajas con muchos recortes porque intentamos aprovechar todo lo máximo que podamos. Sobre todo ahora, que hay muchos menos mayoristas en España, y o vamos a buscarlo o lo pagamos a precios desorbitados. Ha pegado una subida en los últimos años terrible. Eso se ha notado no sólo en el número de pedidos, sino en que la gente se anime a meterse en este oficio. Porque en España hace falta vidrieros, sin lugar a dudas, para mantener el patrimonio que tenemos, pero es muy difícil para la gente que sale de una escuela o de un taller montar su propio taller, salvo que se unan varios y monten una cooperativa, y ni aún así. Por eso es muy importante que los vidrieros que quedan de mi generación tengan la posibilidad de transmitir a los nuevos vidrieros todo ese tipo de trucos, de mejunjes, de composiciones, de formas de trabajo. En definitiva, de consolidar un buen oficio antes de que se pierda, porque si no alfinal acabaremos todos haciendo lámparas Tiffanys, que es lo que se hace hoy en día en los cursos de manualidades.

 

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