Balonmano

«El balonmano me eligió a mí»

Rodrigo Reñones se formó como deportista en el Colegio Salesianos de Santander. /Alberto Aja
Rodrigo Reñones se formó como deportista en el Colegio Salesianos de Santander. / Alberto Aja

En el recreo «me gustaba jugar de portero», aunque durante toda su carrera jugó como extremo izquierdo tanto en el Teka como en la selección

Adela Sanz
ADELA SANZTorrelavega

Nació en Castilla y León, pero el balonmanista Rodrigo Reñones (Burgos, 1973) bajó hasta las orillas del Cantábrico cuando sólo era un niño pequeño. Inquieto y con un carácter competitivo, Reñones no tardó «en hacer deporte. Desde muy pequeño practicaba atletismo, fútbol... Un poco de todo», explica una de las figuras del balonmano no sólo regional, sino también nacional. El deporte al que iba a consagrar su vida, primero como jugador y posteriormente como entrenador, llegó a su vida en cuarto de EGB. Reñones estudiaba en el Colegio Salesianos de Santander. «En aquella época cuando llegábamos a ese curso con Don Antonio, se hacía la selección de chicos para empezar a jugar al balonmano. Yo, al igual que todos los chavales en aquel momento, quería jugar al fútbol y entonces, como mis notas eran buenas, me acabaron reclutando para el equipo de balonmano», explica sobre su desembarco en el deporte.

En Los Salesianos, donde el balonmano se respira en cada rincón del colegio –«allí se vive el balonmano continuamente y teníamos como preparadores a jugadores del primer equipo»–, Rodrigo Reñones comenzó «el primer año fue con Don Antonio y después más adelante tuvimos como entrenador a José Ángel Martínez Agüeros, que estuvo con nosotros prácticamente hasta la etapa de juveniles». Durante esos años y bajo las órdenes de Martínez Agüeros «aprendimos mucho, no sólo de balonmano sino también de otros ámbitos, ya que era una persona muy educada». El extremo todavía sigue teniendo contacto con él «y cuando nos vemos solemos charlar tranquilamente», recuerda con nostalgia.

A Reñones lo que le gustaba «era ponerme de portero en los recreos, aunque luego nunca jugué en esa posición, pero sí recuerdo el patio y pasar el tiempo con los amigos que eran también los compañeros del equipo». Rodrigo comenzó a brillar sobre el parqué y enseguida sus hermanos menores, Gonzalo y José, comenzaron también a jugar al balonmano. Los equipos del DOSA «en aquel momento eran la cantera del Grupo Deportivo Teka» y no pasaron por alto la calidad del jugador. «No recuerdo mucho el inicio en sí, pero lo pasábamos muy bien. Éramos todos del colegio y estábamos mucho tiempo juntos en las clases, en los entrenamientos... Fue una experiencia de cantera inolvidable».

Con 16 años «ya entrenaba con el primer equipo y jugaba con ellos los partidos de pretemporada». En ese momento el Teka necesitaba jugadores en el puesto del jovencísimo extremo izquierdo y «gracias a Manolo Cadenas tuve la opción de llegar hasta ahí». Su primer desplazamiento con el club santanderino –uno de los equipos más laureados de España y de Europa– fue a Alemania. Ese mismo día Rodrigo Reñones cumplió 17 años y comenzó su carrera profesional dentro del mundo del balonmano.

Sobresalía por una cuestión física. «Destacaba un poco más que otros, aunque la verdad es que en ningún momento pensé que iba a hacer una carrera con ello, ni cuando empecé a entrenar de chaval con el equipo. Mi único objetivo era competir». Su intención era «nada más que disfrutar, aprender y trabajar».

El teléfono no tardó en sonar con la llamada de la selección nacional. «Fue en categoría juvenil cuando ya estaba en el Grupo Deportivo Teka. Me acuerdo porque en aquel momento yo era muy joven. Tuve que pasar un reconocimiento médico especial y fue cuando me marché con la selección. La concentración fue en Madrid y el médico me hizo allí los análisis», recuerda sobre su primera vez con el equipo español.

El balonmano le regaló «toda una vida». No sólo en cuanto a «las aportaciones lógicas de un deporte colectivo, como es el caso de amigos, la solidaridad o el compañerismo, sino que también me ha dado una profesión y una escala de valores». Al extremo izquierdo le gustaba «pasarlo bien y disfrutar en las competiciones. Al final el balonmano me escogió más a mí que yo a él». Cuando se consolidó en el Teka, Reñones firmó su primer contrato profesional. El resto es ya es historia.

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