Fútbol | Segunda B

La Gimnástica consuma su descenso a Tercera división

Dani Mori, escoltado por Primo, Cusidor, Camus, Álex Ruiz y Javi Melchor, aplaude desde el centro del campo a los aficionados blanquiazules que se desplazaron hasta Langreo/Aurelio Flórez
Dani Mori, escoltado por Primo, Cusidor, Camus, Álex Ruiz y Javi Melchor, aplaude desde el centro del campo a los aficionados blanquiazules que se desplazaron hasta Langreo / Aurelio Flórez

La victoria del Real Unión en Irún condenó a la Gimnástica a bajar de categoría antes incluso de jugar con el Langreo

Adela Sanz
ADELA SANZ

Debe de ser complicado afrontar un partido tal y como le ha tocado hacerlo a la Gimnástica este sábado. Salir a calentar sabiendo que no hay nada que hacer porque el Real Unión ha ganado al Vitoria (2-0) y ha confirmado los peores presagios, tiene que resultar forzosamente doloroso. La Gimnástica era ya equipo de Tercera División antes incluso de jugar ante el Langreo. Da igual que uno esté preparado para semejante contratiempo, siempre hay un lugar en el corazón para la esperanza, cuya llama nunca acaba por extinguirse del todo. Este sábado, se apagó.

1 Langreo

Adrián Torre, Cristian, Zubiri, Alain, Cuello, Samba (Nespral, m. 74), Ábalo (Calvillo, m. 82), Riki, David González, Javi Sánchez y Aimar (Omar, m. 82).

0 Gimnástica

Álex Ruiz, Camus, Fermín, Ramiro, Luis Alberto, Cusi, Salas (Fer, m. 66), Palazuelos (Alberto, m. 66), Primo, Víctor y Rozas (Pol, m. 83).

Árbitro.
Mallo Fernández, del Comité Territorial Castellano-Leonés. Amonestó por el lado local a y por el visitante a Luis Alberto, Víctor (2), Ramiro.
Gol.
1-0 minuto 82, Ábalo.
Incidencias.
Nuevo Ganzábal, con 650 espectadores.
Público
La Gimnástica no estuvo sola en Langreo. Medio centenar de aficionados blanquiazul se desplazaron a título particular ya que no había desplazamiento organizado para animar a sus jugadores hasta tierras asturianas y apoyarles hasta el final como llevan haciendo durante todos los partidos a domicilio de esta campaña.
El detalle
Dani Salas fue el jugador más activo en ataque y tuvo varias ocasiones para adelantar a los gimnásticos, la más clara fue en el 55 cuando con un disparo cruzado obligó a lucirse a Adrián Torre.

Se confirmó, a falta de tres jornadas, lo que ya se preveía. Los números aún concedían una mínima opción de salvarse, pero casi todo conducía a pensar que no iba a ser así. Tal vez no fuera esta jornada, pero tarde o temprano tenía que suceder. Confiar en lo que haga un tercero, que el Vitoria no perdiera en Irún en este caso, era lo único que quedaba, pero se trataba de un madero demasiado pequeño al que sujetarse para salir airoso del naufragio.

Confirmados los más negros pronósticos, la Gimnástica salió al campo tratando de digerir que ya era equipo de Tercera y de que le quedaban tan solo tres ocasiones más para disfrutar de la categoría de bronce. Tres partidos en los que dejar, al menos, un buen recuerdo de su breve paso por Segunda B. Una oportunidad para despedirse con la cabeza alta y la convicción de que se ha hecho lo que se ha podido.

A pesar de haberse consumado el descenso, Dani Mori se ciñó a su plan inicial y alineó a los habituales. En realidad tampoco había mucho donde elegir, ya que entre las sanciones, los lesionados y la ausencia a última hora de Giovanni Navarro, aquejado de unas molestias, apenas le quedaban opciones, más allá de haberle dado la oportunidad de debutar a Peón o concederle más minutos a alguno de los menos habituales. De todos modos, restan aún dos encuentros para cerrar la tapa del campeonato y ocasiones tendrán de hacerlo, si el entrenador lo considera oportuno.

Mantener la propuesta

El once escogido era uno de los más probables, por otra parte. Y más teniendo en cuenta que el técnico asturiano apostó por jugar con un solo delantero. Así, en defensa, la única novedad fue la presencia de Camus en el lateral derecho, en lugar de Fer. En la zona media Víctor se situó de mediocentro junto a Cusi, con Palazuelos un poco más adelantado en una linea de tres junto a Rozas y Dani Salas. Y arriba, como único punta, Primo. A pesar de que la Gimnástica arrancó con fuerza, enseguida el Langreo tomó el control del partido. Así, a punto estuvo de marcar en una de sus primeras acciones, pero Álex Ruiz estuvo muy atento y detuvo el remate de Daniel Ábalo.

Enseguida quedó definido el dibujo del partido: los locales, dueños de la posesión, y los torrelaveguenses, agazapados atrás, apostando por la presión, el robo y la contra. La paciencia, para los primeros; para los segundos, la tenacidad y la rapidez.

A pesar de que no había nada en juego y del ánimo alicaído de los blanquiazules, no se apreció ausencia de motivación, al menos en apariencia. Lejos de dejarse llevar por las circunstancias y limitarse a dejar correr el cronómetro, ambos equipos, y en especial la Gimnástica, optaron por aprovechar los noventa minutos. Se ha descendido, de acuerdo, pero lo vida sigue, y hay que continuar, debieron de pensar los futbolistas. Se trataba de aprovechar el tiempo que tenían por delante para hacerlo lo mejor posible, echando mano del orgullo, sin perder intensidad, poniendo lo mejor de sí mismos en aquello que al fin y al cabo es lo que les gusta, más allá de perseguir objetivos competitivos concretos, que es jugar al fútbol.

A los gimnásticos se les veía dolidos y furiosos. Se notaba en su manera de correr tras cada pelota, a la hora de afrontar los balones divididos, en los remates, en sus rostros serios, y hasta en su mirada. Podían haber elegido una actitud más pasiva, incluso resignada, pero están acostumbrados a enfrentarse a las situaciones con los dientes apretados, y así es como decidieron jugar.

Opciones de marcar, en realidad hubo muy pocas en la primera media hora de partido. Aparte de la ocasión de Ábalo del principio, el conjunto asturiano dispuso de otra. Un pase en profundidad por la derecha hacia Javi Sánchez que terminó en las manos del guardameta blanquiazul, atento como siempre. La Gimnástica apenas inquietó al portero asturiano, salvo un remate de cabeza de Palazuelos que se fue desviado. Y tras una primera mitad que fue muriendo poco a poco, sin que se crearan más ocasiones para hacer gol, se llegó al descanso. La segunda parte prosiguió por la misma senda, al menos en los minutos iniciales. Dicha tendencia no tardó en romperse, sin embargo. Víctor cortó una contra y vio la amarilla. Era la segunda. De nuevo, como ya le ha sucedido varias veces al equipo de Torrelavega esta temporada, le iba a tocar jugar con uno menos.

Con diez, pocas opciones parecían quedarle a la Gimnástica, que adaptó su esquema al 4-4-1 y se echó un poco más hacia atrás. Jugar con uno menos no es sinónimo de debilidad, sin embargo, como constató enseguida Salas, que a punto estuvo de sorprender a Adrián Torre en un mano a mano. Y no lo consiguió, por poco.

El Langreo se recuperó del susto y enseguida respondió. Aimar, que recibió un centro desde la derecha, remató con decisión, pero el balón se le fue alto. Fue la primera de tres oportunidades en apenas un cuarto de hora, con el conjunto local volcado sobre el área de la Gimnástica. Era ahora o nunca, parecían decirse los asturianos, que chocaban una y otra vez con la defensa.

Poca puntería

Con los blanquiazules apretados atrás y el Langreo jugando a una especie de frontón, parecía que el gol era cuestión de tiempo y de seguir intentándolo. No es casualidad que el equipo de Hernán Pérez atraviese por un mal momento de forma. Se nota. Han cumplido su objetivo principal –pelean ahora por meterse en la Copa del Rey–, seguirán un curso más en la categoría, pero parece que una vez conseguido han perdido motivación o algo así. De lo contrario no se explica que solo hayan ganado un partido de los últimos ocho.

Incluso con uno más, y a pesar de su deseo, se estrellaba una y otra vez contra la defensa blanquiazul. Hasta que al final, de tanto intentarlo, terminó obteniendo su premio. Balón en profundidad para Ábalo, que se quedó solo ante Álex Ruiz, al que batió por bajo. Rota la igualdad, el partido, si bien no estaba decidido a falta de poco menos de un cuarto de hora, parecía claramente inclinado del lado de los locales.

En los últimos minutos del choque la Gimnástica trató de lograr el empate, pero se topó con un rival ordenado que apenas concedió huecos. Primo, muy activo arriba durante todo el partido, fue quien más lo intentó, pero finalmente su esfuerzo se quedó sin recompensa. Luchar y merecer más de lo que se obtiene no son, en sí mismos, argumentos suficientes para conseguir lo que se persigue. Queda, eso sí, a salvo el orgullo.