La mano de Gil decide el derbi

La mano de Gil decide el derbi
Daniel Pedriza | María Gil

El Racing administró un gol del central en un córner para doblegar a una Gimnástica que puso las ganas

SERGIO HERRERO y ADELA SANZSantander

Gornazo es como una frontera psicólogica. Con su maltrecha torre vigía, que se vislumbra erguida desde la A-67, vio pasar a las tropas gimnásticas en su camino hacia la costa. El derbi puso en relieve las diferencias entre santanderinos y torrelaveguenses. Pero, a la vez, mostró todas las similitudes de unos y otros: amar a su equipo y defenderlo hasta el final. Avariginos, concanos, blendios, coniscos, orgenomescos... Cántabros todos. Lo decía Iván Ania esta misma semana: «En un derbi se iguala todo». Esa y la alta tensión fueron las notas dominantes en el duelo entre Racing y Gimnástica, en el que los verdiblancos se limitaron a ser prácticos tras el gol con la mano de Óscar Gil y los blanquiazules, pese a su ímpetu, no pudieron sacar rédito de sus acosos momentáneos a balón parado. Los locales se quedaron los puntos.

El caso es que había que sacar pecho. Presumir de procedencia. «Esto es Santander», advirtieron desde la zona norte del estadio con un espectacular tifo. Un diablo se comió las plateas. «Torrelavega, Torrelavega», respondían enfrente los blanquiazules. El pasado ya no existe, aunque sí permanece. Está para aprender, para no cometer los errores de antaño, pero las consecuencias de lo vivido, de lo hecho y hasta de lo perpetrado tienen una duración inestimable. La Gimnástica ya expió sus culpas durante cinco años por la Tercera División y ahora trata de estabilizar el rumbo. El Racing ahí sigue, buscando la redención después de ser un club prostituido por sus gestores de la Era Okupa. Al final, unos y otros han vivido desgracias parecidas en sus respectivos infiernos.

Sabedores de que el resultado aumenta de forma exponencial su importancia en un choque de estas características, los dos entrenadores apostaron por lo que, a tenor de sus costumbres, entienden como sus onces más fuertes con los hombres que tenían disponibles. Así, Ania, en el lado verdiblanco, recuperó a Jordi Figueras y Óscar Gil para devolver la zaga a su ser; volvió a contar con Enzo Lombardo en ataque y a Rafa de Vicente le colocó como compañero de batalla de Sergio Ruiz. Mientras tanto, por los blanquiazules –ayer de rosa, con su segunda equipación–, Pablo Lago se decantó por Luis Alberto para cubrir la baja del sancionado Cusi en el doble pivote y metió a Cagigas en la banda derecha, siempre sin trastocar el 5-4-1 que tan buen resultado le ha dado a los torrelaveguenses.

Los directos de Marcos Menocal

En un derbi todo cuenta. Antes del partido hubo discusión entre los clubes por el balón. Que si el de Liga. Que si el de Copa. La Gimnástica, en el sorteo, cambió la rutina verdiblanca de defender en las primeras partes la portería de la Gradona. El planteamiento de ambos contendientes iba a ser el previsto. Los blanquiazules le otorgaron toda la posesión a los racinguistas. Pablo Lago pertrechó a su equipo delante de su área con escudos, barricadas y trincheras. Y, sobre todo, mucho orden. Pero también una presión muy avanzada en los saques de puerta de Iván Crespo para dificultar la salida santanderina desde atrás.

Entre el casi absoluto control inicial del Racing, la Gimnástica se afanó en explotar su gran arma, la que más temía el entrenador local en la previa. Cada acercamiento de los de Mies de Vega tenía como premio un saque de esquina. Y los locales, pese a su condición de líderes autoritarios, no vivían tranquilos. Hasta cinco córners tuvieron los visitantes en los primeros 25 minutos, con un remate de Primo de cabeza en uno de ellos que no encontró portería.

Una tangana en el primer tiempo terminó con una herida en el rostro de Cejudo

Por entonces, el centro del campo era del Racing sólo a veces, porque la Gimnástica, a medida que pasaban los minutos, se iba sintiendo más cómoda sobre el terreno. Los blanquiazules vieron el camino abierto y se atrevieron. El palo había evitado unos minutos antes que los de Ania se pusiesen por delante en el marcador. Una falta colgada al área por Enzo Lombardo no tuvo quien la rematase, pero la pelota botó en el césped y complicó la vida a Álex Ruiz, que tocó lo justo para enviarla a palpar metal.

Algo que caracteriza a los derbis es la alta temperatura y sobre la media hora el termómetro reventó. Rafa de Vicente dejó la pierna ante Fer y el blanquiazul quedó tendido en el césped entre gritos de dolor. La Gimnástica avanzó, pero pronto el Racing recuperó la pelota por medio de Julen Castañeda. A su paso junto al banquillo, Iván Ania exigió con vehemencia al vasco que no echase la pelota fuera. Y, como suelen acabar estas cosas, hubo lío. Tangana, tarjetas, insultos, golpes y hasta sangre. Del rifirrafe con Camus, Cejudo salió con una herida en su rostro.

La trifulca cortó el intenso ritmo del partido y el Racing sacó provecho de ello. Córner para los verdiblancos. Cejudo y Camus seguían discutiendo dentro del área mientras Enzo Lombardo colocaba la pelota en la esquina. El barullo en el área para alcanzar el centro del francés fue como una touche de rugby. Venció el que más se elevó en el salto. A primera vista, Óscar Gil peinó para mandar la pelota a cambiar de dígito del marcador. A la postre sería definitivo. Los gimnásticos pidieron mano. Básicamente porque Gil había marcado con la mano. Pero Rezola Etxedarría señaló el centro del campo. Gol. El tanto racinguista anestesió los ánimos sobre el césped y un intento de Lombardo que se estrelló en el lateral de la red ante la salida de Álex Ruiz fue lo más reseñable de los estertores de la primera mitad.

1 Racing

Iván Crespo, Buñuel, Julen Castañeda, Óscar Gil, Figueras, Sergio Ruiz, Nico Hidalgo (Cayarga, min. 70), Rafa de Vicente (Quique Rivero, min. 80), Dani Segovia (Jon Ander, min. 84), Cejudo y Lombardo.

0 Gimnástica

Álex Ruiz, Fer, Bardanca, Camus, Cristian, Luis Alberto, Primo (Nacho Rodríguez, min. 65), Palazuelos, Cagigas (Barbero, min. 79), Víctor (Rozas, min. 60) y Fermín.

Gol:
1-0, min. 36: Óscar Gil.
Árbitro:
Rezola Etxebarría (Comité Vasco). Amonestó a los locales Cejudo y Sergio Ruiz y a los visitantes Víctor, Camus, Luis Alberto y Cagigas.
Incidencias:
Campos de Sport de El Sardinero. Tarde fresca pero apacible, con un césped en perfecto estado.
El detalle
Los jugadores de ambos equipos saltaron al césped junto a las dos banderas oficiales de Cantabria: la rojiblanca y el lábaro.
EL PÚBLICO
15.813 espectadores en las gradas de los Campos de Sport según el recuento del club, aunque el aspecto era de incluso más público.Se vivió un gran ambiente futbolístico antes y durante el encuentro. Algo más de un millar de aficionados gimnásticos acompañaron a su equipo en un desplazamiento masivo.

Por si el partido había perdido en alto voltaje y explosividad, la segunda parte prácticamente se inicio entre los sones de 'TNT', de AC/DC. Con los bolos así pinados, a Pablo Lago y los suyos no les quedó más remedio que dar pasos hacia delante en busca del empate. El Racing, infiel a su tradicional actitud, no fue tan ambicioso como de costumbre y dejó hacer a una buena Gimnástica. Cagigas lo intentó en el minuto 52 con un remate mordido que se marchó desviado.

A los torrelaveguenses les faltaba algo de fuelle en ataque para poder hacer daño a un Racing conservador y sabedor de que su mayor talento individual podía sentenciar el choque de un momento a otro. En alguna jugada aislada. Así que Pablo Lago decidió mover su equipo. Retiró a Víctor y metió a Rozas en la banda izquierda. La entrada del extremo coincidió con sendos córners gimnásticos que metieron el tembleque en la parroquia local, aunque no tuvieron consecuencias. Y poco después fue Nacho Rodríguez quien sustituyó a Primo en la delantera visitante.

El Racing estaba siendo tan pragmático en la administración de su renta que algunos de sus futbolistas estaban pasando completamente desapercibidos. Escasas noticias de Buñuel, Sergio Ruiz, Dani Segovia o Nico Hidalgo en ataque. Este último fue sustituido por Berto Cayarga en el extremo derecho racinguista, quizá para buscar algo más de empuje por la banda. El asturiano estuvo a punto de marcar cuando apenas llevaba tres minutos en el campo. Lanzó una falta cerca del vértice derecho del área gimnástica. Su tiro tocó en una pierna en su camino hacia la portería y Álex Ruiz, sobre la línea, se tuvo que quitar el marrón de encima como pudo.

Desgaste blanquiazul

El desgaste blanquiazul aumentó la comodidad verdiblanca sobre el terreno de juego. Pablo Lago gastó la última bala que le quedaba en la recámara. El técnico visitante puso sobre el terreno de juego a otro delantero –Barbero– con diez minutos más el añadido aún por jugar. La renta verdiblanca seguía siendo mínima y totalmente salvable a esas alturas. Y se mantuvo así porque el tiro raso y ajustado de Jon Ander lo repelió Álex Ruiz. Y otro lanzamiento de falta de Cayarga lo mandó el meta hispanofrancés a córner.

Fue lo último, porque la frustración había devorado las últimas fuerzas de la Gimnástica y al Racing le moló su papel especulador, con el que finalmente saldría victorioso de la contienda. Sólo podía ganar uno, pero hoy, tanto en Santander como en Torrelavega, con las diferencias que conviven entre unos y otros, todos tendrán algo en común: orgullo para con sus equipos. Los racinguistas, porque ganaron y amplían su ventaja en la cabeza de la clasificación. Los del Besaya, porque su equipo se dejó el alma y demostró que tiene capacidad suficiente para lograr el objetivo de la permanencia. En unos meses, El Malecón acogerá una segunda entrega.