Tras los restos de un fortín romano por Anievas

El grupo de senderismo Peñas Arriba de Santander nos enseña esta ruta entre Barriopalacio y Entrambasmestas pasando por el monte Cildá

Excursionistas del grupo Peñas Arriba, de camino a Entrambasmestas. / José Luis Alvarado
José Luis Alvarado
JOSÉ LUIS ALVARADOSantander

La ruta que hoy os propongo la realicé con mi grupo de senderismo, Peñas Arriba de Santander, por la zona de Anievas. A las 09.30 nos pusimos en marcha atravesando el bonito pueblo de Barriopalacio (235 metros) y tomando una pista que se dirige al sureste en dirección al cordal que separa la cuenca del río Besaya de la del Pas. Al poco rato ya nos daba el sol y la temperatura resultaba agradable. Estamos en la zona de Anievas en Cantabria, y nos dirigimos hacia Entrambasmestas nuestro destino final. El guía en ésta ocasión fue Julio Ordorica.

Sin hacer grandes esfuerzos atravesamos un monte plagado de narcisos y llegamos a lo alto de la sierra llamada la Espina del Gallego (965 metros), situado entre los valles de Toranzo e Iguña (términos municipales de Corvera de Toranzo, Anievas y Arenas de Iguña). Aquí se encontraba un destacamento romano durante las guerras cántabras (30 a 19 antes de nuestra era), que nos pasó desapercibido por falta de información en forma de cartel o cualquier otra indicación que nos dirigiera al lugar donde están los restos del fortín. Solo unas cuantas piedras en medio de una gran maleza nos llamo la atención, y nuestra imaginación se desbordó en forma de sangre, batallas y conquista por esos lares hace milenios.

Poco antes de la cumbre de la Espina, dos grandes construcciones nos llamaron la atención porque parecían depósitos de agua. Y es que por aquellos lares pasa la Autovía del Agua, el trasvase Ebro-Besaya-Pas. Y los restos de una calzada romana son testigos de nuestros pasos, emocionados antes de llegar a la Espina del Gallego.

Continuamos nuestra cómoda marcha por la cumbre cimera de la Espina y bastante cerca destaca la cumbre más alta del día, el Pico Cildá (1.064 metros). Es increíble que en ese alto existiese un poblado cántabro-celta; por su situación estratégica los romanos lo conquistaron en los años 25 y 26 a. C., lo hicieron atravesando el puerto del Escudo, habitándolo durante los siglos I y II y transformándolo en un fortín militar romano de 22 hectáreas.

Datos de la ruta

Distancia recorrida:
16, 3 kilómetros.
Tiempo transcurrido:
7 horas.
Altitud acumulada:
1.059 metros.
Perdida altitud:
-1.032 metros.

A la 13.00 horas llegamos al Cildá y como molestaba un poco el aire buscamos un lugar 'al socaire' para comer el bocadillo. A lo lejos a pesar de la calma reinante, se adivinaban las altas cumbres de los valles pasiegos y se podían distinguir algunas columnas de humo producto de los incendios -de algunos desalmados- que aún seguían activos, así como también se distinguía el color negro de las enormes superficies de terreno calcinado. Una verdadera pena porque aquella zona es de lo más bello que tiene Cantabria y menos mal que se paró lo del teleférico a Castro Valnera.

Nos acomodamos al lado de un pinar –cerca de un coto de caza- y dimos cuenta de nuestras 'viandas' (echando de menos las famosas garrapiñadas de Nieves Castañeda que no pudo venir con nosotros), para acto seguido descender por unas cómodas lomas hacia Entrambasmestas, donde nos esperaba el autobús.