Chuck Berry, sinónimo de Rock and roll

El músico de San Luis fue uno de los padres indiscutibles del género, con una influencia inconmensurable en miles de grupos de ayer, hoy y mañana

Chuck Berry, sinónimo de Rock and roll
A. Aldai
Javier Gangoiti
JAVIER GANGOITISantander

«Si tuviera que poner otro nombre al rock and roll, este sería Chuck Berry». Las palabras de John Lennon no podrían ponderar mejor la importancia de uno de los artistas más influyentes del siglo XX. Nadie que disfrute con The Rolling Stones, The Beach Boys o The Beatles, entre la infinita lista de nombres que se sumaron a la fiesta, puede pasar por alto la influencia de este rockero de San Luis.

La chispa inconfundible que Charles Edward Anderson Berry (1926-2017) incorporó a la segunda mitad del siglo era una perfecta combinación de diferentes géneros populares de entonces como el blues, el boogie-woogie y el country. De pronto, lo mejor de cada casa estaba reunido en una nueva forma de entender la música popular, una expresión que captó a todos los jóvenes de la sociedad y que había llegado para quedarse. El mundo había cambiado para siempre.

Aquí hay que reconocer una cosa importante: es muy difícil determinar realmente quién es el artífice de un movimiento como el rock and roll. Sería muy osado atribuir ese cóctel perfecto sólo a un artista. Al tiempo que Berry se labraba un nombre en muchas fiestas -y algunas comisarías- de Misuri, figuras como Little Richard, Bil Haley o el propio Elvis Presley contribuían de forma paralela a acelerar el ritmo del blues y estimular las caderas de los estadounidenses.

De lo que sí puede presumir nuestro protagonista es de convertir aquella senda en una oportunidad para retratar como nadie las inquietudes juveniles, denunciar la vida de posguerra y criticar duramente el status quo estadounidense. Todo ello unido a una banda sonora colosal, un talento innato para cantar y tocar la guitarra, además de una personalidad de lo más ocurrente sobre el escenario.

El camino para culminar esta hazaña no sería precisamente un camino de rosas. Hijo de una profesora y de un diácono baptista, creció en el seno de una familia acomodada -todo lo acomodada que podía estar la comunidad negra frente al racismo y la segregación patentes durante los turbulentos años cincuenta en EE UU- y tuvo la oportunidad de estudiar música en la Summer High School, la primera escuela de secundaria para negros al oeste del río Mississippi.

Berry se alzaba como uno de los representantes de la juventud, si bien no logró capitalizar el movimiento tanto como Elvis

También aprendió a tocar la guitarra desde pequeño de forma autodidacta, primero, y más tarde gracias a las clases de Ira Harris, un popular guitarrista de la escena jazz del momento. Con el tiempo, nuestro protagonista fue corroborando su gran tirón en pequeñas fiestas de la ciudad y alrededores. Todavía era un estudiante de 18 años cuando fue arrestado por robar, pistola en mano -rota, según sostuvo en sus memorias-, en un viaje a Kansas City junto a dos amigos, en 1944. La 'broma' le costó tres años de condena en un reformatorio, que amenizó organizando un grupo de canto y practicando boxeo. «Dejadme volver a San Luis», rogaría en una de sus canciones más memorables, grabada años después.

Antes de ser una estrella, Berry alternó su entrada en la banda Sir John Trio -finalmente rebautizada como Chuck Berry Combo- con una sucesión de trabajos de lo más dispares: fue fotógrafo, estilista, portero y hasta carpintero, todo ello al tiempo que comenzaba a formar una familia y se ganaba un nombre en el panorama rhythm and blues de la ciudad.

Dos años después, en 1955, tuvo lugar uno de los acontecimientos más determinantes de su carrera, cuando pudo conocer al gran Muddy Waters, y éste le recomendó ponerse en contacto con Chess Records, el sello discográfico que difundiría su nombre por todas las radios del país. Con ellos grabó la que es considerada una de las primeras gemas del rock and roll, 'Maybellene', seguida de una lista de éxitos inolvidables que han contagiado la cultura popular desde entonces.

Le había llegado el momento. La fórmula funcionaba y Berry se alzaba como uno de los representantes de la juventud, si bien no logró capitalizar el movimiento tanto como Elvis, a quien se le ha atribuido el título de 'rey del rock', pero esa es otra historia. Lo importante es que todos los chavales querían bailar esa música endiablada que sonaba en todas partes y hablaba de sus mismas juergas y preocupaciones. Síntoma de esta bandera es el nombre de su primer disco, 'After School Session' (1957), que recopila algunos de los singles iniciales y el imaginario adolescente americano de la época: estudios, trabajos monótonos y primeros romances.

Fue alguna de estas aventuras de carretera, precisamente, la que le condujo a uno de los episodios más graves de su vida. El músico había conocido a una menor en un viaje a Juárez, Texas: Janice Norine Escalanti. Al parecer, la muchacha habría asegurado que tenía 21 años y Berry le ofreció un empleo como camarera en su club Bandstand de San Luis. Era 1959, e himnos inmortales como 'Johnny B. Goode' y 'Sweet Little Sixteen' apuntaban a lo más alto. Él alcanzaba la cresta de la ola cuando, semanas después del encuentro, la policía arrestó a la joven, de 14 años en realidad, por ejercer la prostitución en un hotel de la ciudad. El guitarrista fue detenido por infringir la Ley Mann, esto es, por «transportar a una menor de edad a través de la frontera del estado para fines inmorales», como recogió la acusación aquel 23 de diciembre de 1959. Fue condenado a tres años de cárcel y al pago de una multa de 5.000 dólares.

La historia se repetía. El genio de San Luis pasó una dura estancia entre rejas, pero el destino le tenía preparada una sorpresa. En 1963, el año que quedó en libertad, se fraguaba una de las explosiones musicales más determinantes de la historia de la música. The Beatles, The Rolling Stones, The Beach Boys o The Animals, entre un sinfín de bandas a un lado y al otro del Atlántico, empezaban a conformar un nuevo panorama, configurando de nuevo la cultura popular y ganándose la devoción de millones de chavales. Y lo que es más: la parte trasera de estos nuevos vinilos delataba un hecho muy revelador: el nombre 'Chuck Berry' aparecía de forma recurrente en la lista de canciones, entre paréntesis, como autor de algún tema del LP, fuera de The Beatles -'Roll Over Beethowen', en 'With The Beatles- o The Rolling Stones -'Carol' en su estreno homónimo-. Al otro lado del charco, en California, The Beach Boys se catapultaban a lo más alto con éxitos claramente influenciados por su música. Era el ritmo, el sonido inconfundible de guitarra y la estructura de las canciones. Una similitud que, de hecho, llegó al extremo con la archiconocida 'Surfin U.S.A.' y 'Sweet Little Sixteen', convirtiendo a Berry en coautor legal de este éxito después de perder una demanda por derechos de autor.

No había puesto ni medio pie en la calle y su legado se extendía en todas las capitales. Desde John Lennon, Keith Richards -a quien Berry propinó un puñetazo una vez por coger su guitarra- hasta Brian Wilson, entre los más destacados, todos reconocieron la influencia del genio de San Luis. La carrera del artista a lo largo de los años 60, 70 y 80 recogió un buen puñado de himnos, historias inconfesables en giras y problemas con la ley por evadir impuestos, primero, y por espiar a mujeres en los baños de su restaurante, en 1989. Hay cosas que nunca cambian.

Tenía 90 años cuando, el 18 de marzo de 2017, fue hallado muerto en su domicilio, a punto de publicar su primer disco con material nuevo en 38 años. El lanzamiento salió a la calle tres meses después, inmortalizando el ritmo del rock and roll por última vez. Un tren que sigue avanzando en los discos de la actualidad, conformando una herencia inconmensurable en la evolución musical del siglo XX.