Blaze Foley, la senda del perdedor

El biopic necesario sobre el gran maldito de la música country americana

Cartel del biopic 'Blaze'/
Cartel del biopic 'Blaze'
Felipe Cabrerizo
FELIPE CABRERIZO

Muchos años antes de adentrarse en el mundo de la música, la de Blaze Foley no fue sino una de tantas historias del 'white trash' americano. Una pobreza desoladora, una absoluta falta de oportunidades, una continua huida de un padre alcohólico y maltratador, una vida pasada en caravanas y parkings. El futuro ofrecía tan poco a Blaze que no es de extrañar que cuando conoció a un grupo de músicos hippies vagabundos los convirtiera en su nueva familia. La recién conseguida libertad creó el único asomo de felicidad que intuyó en su vida. En la comuna conoció a Sybil Rosen y con ella vivió durante un año en una cabaña construida sobre un árbol en la que compuso su primera canción, 'Living in the Woods in a Tree'. Foley encontró allí su lugar en el mundo y decidió dedicarse a la música.

No fue posible. Los problemas mentales y el consumo de alcohol y drogas convirtieron a Foley en un ser enigmático e impredecible que decidió vivir al margen de toda regla. Su condena, la supervivencia a cambio de unas monedas actuando cada noche en bares y garitos. Poco importó que para entonces Foley almacenara ya un impresionante listado de temas indiscutibles: entre las ideas que no manejaba estaba la de trabajar para una discográfica. Entre las que no preveía, la sucesión de desdichas que vivieron las pocas grabaciones que llegaría a realizar: su primer disco fue confiscado por la Agencia Antidroga al localizar cocaína en la oficina de su productor; el segundo no llegaría a prensarse al ser robado el máster del coche en el que Foley lo había olvidado.

No hubo oportunidad de establecer una carrera discográfica. Tampoco de tener una vida estable: un buen día, Sybil llegó a casa y Foley no estaba allí. No había habido despedidas ni explicaciones. Simplemente se fue. Sybil nunca volvió a verlo.

Aun así, en 1989 hubo un momento en el que pareció que la vida de Foley iba a dar un giro. Vino de la mano de uno de sus grandes amigos, Townes Van Zandt, un country rocker de magnética personalidad. Van Zandt ofreció a Foley ejercer de telonero en su próxima gira mundial y el cantante se decidió a no desaprovechar la oportunidad.

No hubo opción. Foley nunca se embarcó en aquella gira porque unas semanas después se encontró repentinamente con la muerte. Una muerte sin reconocimiento, sin épica, sin tan siquiera castigo. Al cerrar el bar en el que se encontraban, Foley se decidió a acompañar a casa a Concho, un veterano del Vietnam convertido en habitual compañero de correrías. Sabía que éste tenía un hijo yonqui, Corey, que solía vapulearle con frecuencia para sacarle dinero. Fue exactamente lo que pasó aquella noche. Foley se encaró con Carey y éste decidió solucionar el problema por la vía rápida, descerrajándole dos tiros en el pecho. Ni tan siquiera la Justicia pareció tomarse en serio al cantante de mirada eternamente perdida. El único testigo que había visto la escena era Concho, pero el juez no consideró la declaración de un borrachín conocido en toda la ciudad. Corey quedó en libertad tras alegar que disparó en defensa propia.

Los problemas mentales y el consumo de alcohol y drogas convirtieron a Foley en un ser enigmático e impredecible que decidió vivir al margen de toda regla

Sólo quedaba el recuerdo. Foley había muerto sin tan siquiera dejar una discografía a sus espaldas. Su legado era poco más de un par de singles y un disco confiscado que, devuelto años después, Foley había ido regalando por los bares. Su leyenda, sin embargo, no ha dejado de aumentar. Coleccionistas de todo el mundo han ido haciendo acopio de unas grabaciones que fueron forjando la leyenda de culto de uno de los más grandes perdedores de la música americana. La primera división del 'rebel country', Emmylou Harris, Merle Haggard o Willie Nelson, rescataron sus canciones. El conjunto fue apuntalado por el libro de memorias que publicaría su antigua pareja, Sybil, y por un documental, 'Duct Tape Messiah', que no conoció carrera comercial pero sí fue vista en diversos festivales y hoy es fácilmente localizable en alguna plataforma VOD.

La última e inesperada piedra del relato es un biopic titulado 'Blaze' ideado y dirigido por uno de sus grandes admiradores, el actor Ethan Hawke. Tras su estreno en Sundance y su aclamado paso por varios festivales ha llegado a las pantallas españolas de mano de una pequeña distribuidora. Conviene seguirle la pista y aprovechar cualquier oportunidad para verla en una sala de cine: es una película deliciosa, repleta de una música maravillosa, en la que como garantes comparten protagonismo con Ben Dickey, que encarna a Foley, Kris Kistofferson y Charlie Sexton, uno de los actuales guitarristas de Bob Dylan. Todos ellos recrean una de tantas vidas truncadas de la música del Mississippi.