Tom Waits, el corazón no deja de sangrar

Una nueva biografía recorre el latido vital y creativo del poeta, músico y actor, autor de 'Rain dogs'

Guillermo Balbona
GUILLERMO BALBONASantander

Imprevisible, feroz, habitante de la extrañeza, poeta urbano y músico. Tom Waits (Pomona, 1949), también actor –tan esporádico, nunca anecdótico, como fiel a Coppola o Jim Jarmusch–, es un lobo estepario que ha sabido reinventarse, captar protagonismo sin desbrozar el espejo de su personalidad en fragmentos y, de igual modo, mantener un halo de malditismo, entre el outsider y el inadaptado.

El autor de la banda sonora de 'One from the heart' (mal llamada aquí 'Corazonada'), de la película de Coppola, es un romántico errante, siempre en el camino, en búsqueda incesante, entre el beatnik y el instante apurado como un trago definitivo, como si la vida se fuese a acabar en ese momento. Hay un soplo de enigma desde que asomara en los setenta con 'Closing Time', una obra asombrosa, profunda, apasionada..., hasta sus baladas retorcidas sobre sí mismas, perseguidoras de una historia contada con aire finalista y brutalmente existencial. El camarero de 'Rumble Fish' (La ley de la calle) es ese vagabundo que escribe y pone voz a un mundo que sólo puede revelarse tras desnudar las sucesivas epidermis con las que protegemos nuestros sentimientos.

En un vídeo de 'Downtown train' –podían ser muchos otros– el músico californiano se retuerce desgarrado, sinuoso, en un sillón. Es una de esas muchas presencias icónicas del compositor y cantante de voz rasgada y ronca, uno de esos asideros emocionales donde suena la vida entre las noches más oscuras. Ahora una biografía, escrita por los hermanos Isabel y Miguel López, recorre la trayectoria de Waits desde sus inicios en cafés hasta sus trabajos más recientes, como la actuación en la última película de los Coen: 'The Ballad of Buster Scuggs'.

Bajo el epígrafe 'El aullido de la noche', la obra editada por La Linterna Sorda, viaja al corazón sangrante de voces quebradizas y letras burlescas del autor de 'Rain Dogs'. En una entrevista explicó que graba sus canciones a partir de gritos que lanza en el coche. «Conduzco con el coche por ahí, grito y lo guardo en una pequeña grabadora. Cuando tienes una familia, el único sitio tranquilo es el coche», declaró. Las cosas de Tom, poeta y personaje, y su alumbramiento en la oscuridad teñida de poemas que dicen ser canciones, y de canciones que adquieren la textura desnuda de una historia sin final. El creador de 'Swordfishtrombones' ha vivido hasta el presente inmerso en transformaciones. Los autores de este libro subrayan a ese Waits que «ha sentido el aullido de la noche y descubre que ese es el sonido del amor, una pasión que paradójicamente le lleva a componer la música de otra manera totalmente distinta».

Miguel López, colaborador de Dirty Rock y miembro de la Moratalaz Blues Factory, asegura que «hacía falta una biografía en castellano sobre Waits y escrita aquí, no una mera traducción. Esta es la de un poeta romántico urbano. «Creemos que a través de sus letras se escuchan los ecos de la generación beat, como Kerouac, Ginsberg, Ferlinghetti y Corso». De la misma manera que hicieron esos escritores, Waits capta los ritmos ocultos del discurso social, funde fragmentos del paisaje callejero contenidos en cada expresión o palabra. «Así construye una visión grandiosa y sentimental de la cultura estadounidense, convirtiendo los vértices grotescos de la sociedad americana en poesía y otorgando dignidad a la basura acumulada en sus contenedores: los vagabundos son viajeros intrépidos, y las prostitutas, damas con sueños rotos». La bohemia y el viaje consciente a ninguna parte de un músico al que uno imagina esbozando un rastro de blues en una gasolinera, en una estación o en el porche de un motel tan olvidado como ideal alojamiento para supervivientes.

Entre letras intensas, interpretaciones dramáticas, teatralidad y gesticulación, a veces la encarnación de una ópera burlesca, honda y nada afectada, Waits ha edificado a un contador de historias con Kurt Weill al fondo, que siempre induce a una celebración o que siempre implica una ceremonia sentimental. 'El aullido de la noche' «indaga en las peripecias» musicales de un enigma llamado Tom Waits, un artista de culto tras casi medio siglo de carrera. Jesús Ordovás, autor del prólogo, refiere que entre los extremos de la polaridad, «el alarido y la ternura, la cristalina tonada y el chirrido de una tiza, entre la caricia y el navajazo, se sitúan las verdades de un hombre que ha ampliado el repertorio de los sonidos del alma humana y desafía aún los límites de lo convencional, indiferente al prestigio alcanzado con el boca a boca, buscando siempre el aullido de la noche».

Waits ha sido imprevisible durante décadas. En ocasiones, su capacidad expresiva ha saltado hacia dimensiones desconocidas, expandiendo su inagotable universo personal. Y el libro no olvida referentes plurales, la decisiva aparición sentimental y creativa en su vida de Katheleen Brenan, y sus intereses artísticos que superan lo estrictamente musical. El libro no es una investigación ni una categórica ilustración de hechos, sino un repaso al hombre y la leyenda, que siempre ha preservado su itimidad y que se muestra desnudo en sus canciones. Esa identidad que «se vislumbra en los pliegues de sus canciones, silencios, giros existenciales y narraciones». Un narrador poético de los vaivenes de los perdedores del sueño americano: «Vagabundos, prostitutas, dementes, alcohólicos, fracasados... Seres rotos». Una obra que deja claro su estilo «tan resbaladizo como inclasificable». Conviven en su garganta «una melancolía aterciopelada y un salvajismo indómito». Sí, entre la caricia y el navajazo. «Now it's closing time, the music's fading out/ Last call for drinks, I'll have another stout/ Well I turn around to look at you/ You're nowhere to be found/ I search the place for your lost face/ Guess I'll have another round/ And I think that I just fell in love with you».