¿Puedo opinar?

Que cada uno emita su voto pero, mientras tanto, queridos compañeros, parad los caballos; basta de insultos por el mero hecho de que alguien ejerza el derecho que le dan los estatutos y decida presentarse

GONZALO PIÑEIRO

La preocupación y el asombro con los que durante las últimas semanas leo y escucho las noticias sobre el Congreso Regional del Partido Popular me llevan, en mi calidad de militante de base, a expresar públicamente mi opinión sobre algunas actitudes que he podido escuchar de algunos compañeros y amigos que parecen no entender la importancia de un congreso y la libertad que tiene cada militante para presentarse a la presidencia del mismo.

Un congreso regional es algo más que la elección de un líder. Es un debate profundo sobre a dónde queremos ir como partido, no como un fin en sí mismo, sino con el objetivo de plantear líneas estratégicas de cara a las elecciones autonómicas y municipales que se celebrarán en dos años. Y tampoco en un congreso se elige a quienes serán nuestros candidatos en las elecciones del 2019. Eso ahora no toca, aunque a algunos les interese hacer ver lo contrario.

Hace algo más de dos años anuncié que no volvería a presentarme a ningún cargo público, que tampoco iba a aceptar puesto alguno en el sector privado eso que llaman puertas giratorias, ni iba a tener responsabilidades en órganos de dirección del partido, pero también dije que seguiría afiliado a la formación a la que pertenezco desde hace 40 años.

No me gusta dar consejos, sobre todo si no me los piden, pero sí puedo y quiero dar mi opinión desde el único valor de la experiencia, el conocimiento y, por qué no decirlo, el sufrimiento que vivimos en este partido hace años que, aunque algunos recién incorporados desconocen, estoy convencido de que nadie desea que se repita.

Colaboré con José Luis Vallines en su época de presidente y, a continuación, le sucedí por elección durante 7 años. Después, José Joaquín Martínez Sieso, que ya colaboraba conmigo, fue presidente durante dos años y, a continuación, Ignacio Diego, vicesecretario con Martínez Sieso lo ha sido durante casi 13, y aspira a serlo 17. Nadie se planteó entonces que hubiese traiciones sino una legítima aspiración a liderar el partido. Sin embargo, ahora que María José Sáenz de Buruaga, secretaria general con Ignacio Diego durante estos años, ejerce su derecho el que todos los militantes tenemos a presentar su candidatura, se la insulta acusándola de traidora, con descalificaciones que caen por su propio peso y se olvidan de que los éxitos rara vez son personalistas sino el resultado de un trabajo en equipo.

Da igual que sean dos, tres, cinco o siete los candidatos en un congreso, porque seremos los militantes los que, con nuestro leal saber y entender, valoremos las propuestas de cada uno, pensemos lo que es mejor para el PP y para Cantabria, y decidamos con nuestro voto. Porque en el PP de Cantabria nadie es imprescindible pero todos somos necesarios, y lo son especialmente aquellos que por primera vez quieren entrar a formar parte de nuestro proyecto porque, sin duda, la veteranía y la savia nueva forman el binomio perfecto para que este partido no quede anclado en el pasado y siga creciendo; incluso la opinión de aquellos que ocupando cargos públicos muy importantes y siendo afiliados desde hace menos de un año se pretendan erigir en portavoces de la militancia.

Por eso no entiendo el Congreso con la única finalidad de ganarlo, y mucho menos entiendo la primera oferta de Ignacio Diego de repartir el 50% de los puestos del Comité Ejecutivo entre cada uno de los dos candidatos porque, ¿dónde queda el hueco para la gente que valga y quiera incorporarse? Y menos entiendo aún la segunda oferta de que diez notables, sean los que sean (seguro que todos muy valiosos y respetables), redacten una lista única. No merece más comentarios porque cualquiera sabe que será mejor que puedan votar los miles de militantes, a que decidan el futuro del partido una decena de notables.

Estamos en un momento en el que necesitamos devolver la ilusión a los afiliados, simpatizantes y futuros votantes para que cuando vayan a votar lo hagan convencidos de que los candidatos son los mejores y no decidan bajo el sentimiento derrotista de : "es lo que hay", "yo le votaré, pero no me gusta". Por eso, tras este Congreso, hay que recuperar la ilusión y aplicar una exigencia de responsabilidad política por encima de apetencias personales. Esto no quiere decir que la ambición no sea lícita, y en política no es una excepción; y también es lícito, incluso cambiando de opinión, o, mejor dicho, de opción, apoyar a un candidato al que ahora se defiende con vehemencia tras haberle criticado durante años.

Yo no voy a estar en el Comité Ejecutivo, lo dejé claro hace años, pero esa simbiosis entre veteranía y gente nueva es, desde mi humilde punto de vista, lo ideal. Y los acuerdos siempre son buenos, pero nunca para repartirse los puestos cerrando la posibilidad de incorporación de nuevas personas.

Y es cierto que María José Sáenz de Buruaga me ha llamado para explicarme lo que pretende hacer para dar un nuevo impulso al partido y me ha gustado su objetivo. Nadie más lo ha hecho. Perdón, otras dos personas me pidieron ayuda para presentarse al Congreso con el objetivo de cambiar la actual presidencia aunque al final no se han presentado, al menos para aspirar a ser presidentes.

Al final habrá un resultado y, si la veteranía y los años de militante te permiten opinar, sé que pasadas estas fechas congresuales el partido seguirá muy vivo y unido aceptando el resultado y trabajando para ganar elecciones con los candidatos que tengamos para, de esa manera, ayudar a los ciudadanos con nuestras propuestas.

Que cada uno emita su voto pero, mientras tanto, queridos compañeros, parad los caballos, todos somos compañeros; basta de insultos por el mero hecho de que alguien ejerza el derecho que le dan los estatutos y decida presentarse.