Ostende, puerto seguro

Grabado de la bahía de Urdiales con los antiguos cargaderos. :/Jesús Garay
Grabado de la bahía de Urdiales con los antiguos cargaderos. : / Jesús Garay

Nuestra línea costera daba cobijo a una gratificante cala que, en tiempos de Roma, aparte de resguardar a las naves, servía para cargar y descargar

JAVIER GARAY

Descubrir Castro desde la mar es ilusionante y esta impresión tuvieron que sufrirla los primeros navegantes que se acercaron a nuestra costa hace miles de años. Navegando de Oeste a Este, al remontar el monte de Santoña, un espectáculo maravilloso se ofrece. Es el monte y ladera de Cerredo que surge imponente y cae bruscamente hasta besar la mar en la punta de Cerdigo. Su mole de casi 650 metros le hace que sea la montaña más alta de todo el litoral español más cercana a la mar. Algo enigmático, pero a la vez positivo, anuncia desde la mar, la altura de este monte, y es inevitable sustraerse a lo que pueda encontrarse detrás, que es la visual que ofrece.

Visto desde la mar, el parapeto pétreo que se imagina se hace realidad cuando montas la punta del Rebanal y surge la bahía de Urdiales. En la mitad de la cara oeste de esta gran ensenada desde punta Pepina hasta lo más profundo de lo que fue la dársena, se encuentra Ostende, un topónimo perfectamente identificable con el lugar y que nada tiene que ver con la pretendida similitud con el Ostende belga. Este Ostende no es, ni mas ni menos, que esa línea costera con el puerto natural que daba lugar a una gratificante y segura cala que, en tiempos de Roma, aparte de dar cobijo a las naves, servía también para practicar cargas y descargas, varar y carenar sus naves.

La etimología de Ostende viene de ostia, entrada, boca porque así entra la ostia consagrada, al placer, a la calma, a la bondad. Porque el topónimo genera el calificativo de resguardo, seguridad, refugio, porque así era y Roma lo contemplo. Hay cantidad de estos topónimos en el litoral Cantábrico y por todo el mundo dominado por Roma, desde el Ostende belga, hasta el puerto de Ostia en Italia. Aquí tenemos varios y los más cercanos son Don–ostia en San Sebastián y As–Ostondoa en el Nervión. Para el amarre de estos barcos en Ostende se encajaron argollas y barrotes de hierro, fáciles y rápidos de hacer y poner y a la vez tallaron mogotes o motilones para encapillar la gaza. Algunos de estos amarres se ven que han sido forjados a mano y otros aprovechando su naturaleza en los que las naves durante cientos de años encapillaron sus cabos y estachas.

Roma no podía desdeñar tan favorable lugar ya que, si contemplamos que, en la concha de Castro por su pequeñez, no siempre se podían efectuar todas las cargas y descargas, que en un momento dado se recibían bien por ese pequeño espacio citado y también pienso que alguna clase de carga mas pesado muy bien pudiera estibarse en el muelle natural que ofrece Ostende y que Castro no ofrecía. Con bajamar en nuestra concha de Castro y con barcazas se podía cargar y descargar más o menos con esclavos o asalariados o metiendo la proa a los arenales, pero para introducir cargas pesadas se necesitaba altura, como ahora también para elevar los pesos, tanto para la carga con puntales bien encajados por lo que había que contemplar Ostende. Con buen tiempo a la parte arriba de los arenales de Urdiales, el amarre y comercio marítimo se hacían posibles agilizando la maniobra de carga y descarga tan necesaria para no solo escapar de las mareas, si no hacerse a la mar cuanto antes, por lo que había que contemplar para una y otra cosa Ostende como cantil y el sable como puertecillo, en cuya situación mas desfavorable, tanto de mares, como de vientos, se hacia tan bonancible a las maniobras de mar, como en la concha de Castro. Nuestra ciudad nunca poseyó lugar amplio, ni mucho menos seguro donde guarecerse las naves con mal tiempo y los barcos no tenían más remedio que amarrarse y protegerse en la bahía de Urdiales y sus adentros, cuyo suelo de balsa no estropeaba las naves si varaban. Es muy curioso que el nombre de esta bahía; Urdiales, guarde similitud con el topónimo Ostende, que significa eso ya dicho de «puerto de refugio».

También tenemos en el Cantábrico varios Urdiales y uno de ellos que guarda gran similitud con el nuestro es Punta Urdiales, en la costa de Ajo. Si atendemos a la etimología de Urdiales bien analizada por expertos, vemos que esa zona se complementa en su origen con el Castro de Ordiales, dado como nombre en los fueros y así mencionado sola una vez antes de esa echa de 1163. Castro–comercio, Urdiales–puerto seguro. No olvidemos que hay una realidad que lo testimonia. La, quizás, primera ermita de Castro estaba en Urdiales y era la de San Andrés y venerada por los pescadores que hicieron de él su santo y seña. San Andrés en Urdiales daba lugar a una puebla de pescadores en el lugar antes de asentarse en Castro la Cofradía de Pescadores a partir del año 1163.

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