Voluntarios que cuidan de los ríos

La asociación nacida en Mazcuerras hace diez años promueve un proyecto de cuidado de los ecosistemas fluviales y control de la presencia de anfibios

Paloma, Ana y Nacho, técnicos de la Red Cambera, pasean por Santa Lucía, una de las zonas de actuación./Javier Rosendo
Paloma, Ana y Nacho, técnicos de la Red Cambera, pasean por Santa Lucía, una de las zonas de actuación. / Javier Rosendo
Lucía Alcolea
LUCÍA ALCOLEACabezón de la Sal

Los ríos tienen algo emocional y afectivo que nos une a ellos. Todo el mundo recuerda buenas experiencias en torno a un río». Quizá por eso Nacho Cloux decidió crear la Red Cambera hace diez años, una asociación sin ánimo de lucro con sede en Mazcuerras, que tiene como objetivo «la conservación de la naturaleza» y que se ocupa, entre otras cosas, de velar por el cuidado de todos los ríos de Cantabria, gracias al trabajo de una red de voluntarios. Además de Nacho, forman el equipo técnico de la red Paloma Fernández y Ana Gracia y juntos se encargan de poner en marcha proyectos relacionados con la educación ambiental, el voluntariado y la acción ciudadana. Manejan términos como «la custodia ciudadana», que consiste en llegar a acuerdos con los propietarios de los terrenos para conservarlos.

El proyecto más importante que está implementando Red Cambera se llama 'ríos', lleva desarrollándose once años en Cantabria (también existe a nivel nacional) y consiste en implicar a la ciudadanía en el cuidado de los mismos. «Firmamos acuerdos con grupos de personas voluntarias que quieren participar en el proyecto y que se ocupan de inspeccionar los ríos». De esta forma, son las propias familias o los habitantes de los pueblos quienes eligen un tramo de río (de 500 metros) para analizar. «Una vez han escogido el tramo, les entregamos los materiales que van a utilizar en el análisis y les damos formación sobre cómo utilizarlos». Los voluntarios se comprometen a acudir dos veces al año (en octubre y en mayo) a realizar el diagnóstico sobre sus ecosistemas fluviales y rellenar una ficha con los datos obtenidos del análisis. «Los datos generalmente están relacionados con las características físico-químicas del río, el hábitat fluvial, la presencia de fauna y flora protegida e invasora, etc». Es decir, determinan la calidad del bosque de ribera y del agua en ese tramo del río concreto y realizan una valoración en torno a un índice, que es el «estado ecológico». Como resultado de esta implicación ciudadana, «en los últimos diez años se han inspeccionado 300 tramos diferentes en 14 cuencas fluviales».

Una vez han realizado la evaluación, los voluntarios envían la información a los técnicos, quienes dan a conocer a la sociedad el estado de los cauces fluviales en Cantabria. Gracias al trabajo efectuado durante todo este tiempo, «tenemos una idea de cómo han evolucionado o cambiado los ríos en los últimos diez años», explica Nacho. Pero el proyecto no se queda en la teoría, sino que «los grupos de voluntarios tratan de implementar proyectos de conservación». Hace tres años, en Mazcuerras se realizó una plantación de bosque de ribera, «porque se detectó que había muchas especies invasoras», señala Paloma. Para ello, cuentan con el apoyo y los permisos necesarios del Ayuntamiento, y reciben ayuda del Centro de Investigación de Medio Ambiente en Cantabria (CIMA).

Se trata, definen, «de un aprendizaje vivencial, significativo y cooperativo y de formar grupos autónomos para concienciar de los problemas que tienen las cuencas fluviales y a la vez proponer una solución». Para Paloma, «es un proyecto emocionante en el que la gente toma contacto con su tramo de río y lo adopta como propio, por eso lo cuida y se interesa por su estado». Con respecto a los resultados, «es complicado obtener un diagnóstico concluyente sobre el estado de los ríos en Cantabria, porque hay tramos que se han analizado durante tres o cuatro años y sobre los que luego no se ha actuado». Lo que sí esperan es «llegar a una conclusión sobre cuáles son las prioridades y los lugares donde es urgente actuar para mejorar la calidad del agua».

Javier Rosendo

Además del proyecto 'ríos',Red Cambera está inmersa en la puesta en marcha de otras dos iniciativas relacionadas con el ecosistema. «Llevamos cuatro años estudiando a los anfibios en el parque natural Saja Besaya». Esta actuación tiene dos ámbitos: «por un lado, analizamos las charcas y los bebederos para ver cuál es la población de anfibios y por otro lado, creamos hábitats en los que se puedan desarrollar, como bebederos o rampas de acceso o de salida». Para ello, «hemos contado con la ayuda de voluntarios y de la Universidad de la República Checa, que ha realizado un estudio de hongos y enfermedades en anfibios». Desde Red Cambera han recogido muestras en el parque natural para ver si estas especies han sido afectadas por los hongos.

Además de los anfibios, estos jóvenes preocupados por el medio ambiente está tratando de averiguar si hay presencia de visón americano (mamífero) en la zona del Saja Nansa. Para ello,«hemos instalado maderas flotantes de madera en los ríos, que tienen una especie de túnel, debajo del cual hay un cajón de arcilla donde queda grabada la huella de cualquier animal que atraviese esta plataforma». Periódicamente se revisa y se detecta si entra el visón americano o no. En diciembre, tras unos meses de prueba, retirará las plataformas y analizarán el resultado. De estos tres proyectos se hablará en las jornadas que el colectivo tiene intención de realizar el próximo mes de diciembre en Santander. «Queremos agradecer el trabajo de todos los voluntarios en todo este tiempo», concluyen.

Primer Acuerdo de Custodia Fluvial en Cantabria

La Red Cambera y la Confederación Hidrográfica del Duero han firmado el primer acuerdo de custodia fluvial de Cantabria, y uno de los primeros del Estado. Se trata un compromiso mutuo para la conservación y protección efectiva del río Camesa, en los términos municipales de Brañosera (Palencia) y Valdeolea (Cantabria). «Nuestro objetivo es la conservación de los principales hábitats de interés comunitario presentes y de las trece especies amenazadas de la zona», explican en la página web de la asociación. El acuerdo implica que ambas entidades colaboran de manera conjunta en la realización de actividades de interés general de defensa del medio ambiente, de protección, puesta en valor, difusión, sensiblización y educación ambiental sobre el dominio público hidráulico degradado y sus ecosistemas asociados. Además, deberán informar de aquellas situaciones de que pudieran tener conocimiento, que afecten al estado de las masas de agua en la zona de actuación, compartiendo toda la información de relevancia para su gestión. Por último, han de establecer y desarollar programas anuales de actuciones conjuntas. Un ejemplo de trabajar unidos para lograr mejores resultados.

 

Fotos

Vídeos