Las amistades del Centro Botín

Once usuarios con tarjeta de amigo comparten su experiencia durante el primer aniversario

Las amistades del Centro Botín
MARTA GUTIÉRREZ RUMOROSOSantander

Siempre se ha dicho que «quien tiene un amigo tiene un tesoro». Quienes gozan de la suerte de tener, y rodearse, de buenos amigos confirman la veracidad de esta reflexión. Pero, ¿cómo surge la amistad? Es lo más desconcertante. A veces no somos conscientes del cuándo, ni el cómo, ni el dónde nace, pero sucede. Un buen día uno echa la vista atrás y recuerda en qué momento comenzó todo. A menudo se establece el vínculo por casualidad. Suele haber empatía, vivencias que unen, situaciones o conversaciones que surgen de la nada y acaban siendo el prólogo de una relación que dura para siempre.

El Centro Botín cumple su primer año de vida y lo hace rodeado de muchos conocidos y también atesorando ya buenos amigos. De hecho tiene 7.013 y la mayoría de ellos son de lo más activos. El Diario Montañés ha reunido a once amigos del Centro Botín en el aniversario del edificio, para hacer memoria de cómo surgió esta bonita relación cultural y para saber qué es lo que más valoran de ese vínculo un año después.

Música con vistas

José Ángel Torre Martínez tenía claro que quería ser amigo del Centro Botín. Tal era así que su relación se remonta a la 'prehistoria' de la historia de la institución. «Antes de que empezara su construcción yo me hice ya amigo a través de la página web. Sólo había que apuntarse, me pareció interesante y lo hice. Luego informaron de que iban a sacar la tarjeta Individual y también la solicité. Es más, creo que ahora vence y la voy a renovar». José Ángel ha aprovechado al máximo este primer año de vida visitando todas las exposiciones. «Procuro venir cuando te avisan de que hay una visita guiada, porque entiendo que es como mejor sacas provecho a la exposición, cuando alguien te explica lo que estás viendo. También he hecho la visita guiada de arquitectura –la que te enseña las 'tripas' del edificio que no se muestran a los visitantes normales– y debo decir que me gustó mucho». De estos meses destaca un concierto de música clásica ofrecido por un cuarteto de cuerda en el auditorio. «Me encantó disfrutar del espectáculo y ver mientras tanto pasar los barcos a través de las cristaleras. Fue precioso».

Cultura en familia

La amistad de Eloy Gutiérrez Gómez nació con más implicación, la que surge de participar en el proyecto y en la construcción del edificio. «Estuvimos cinco años aquí y era lo mínimo que podíamos hacer por todo lo que nos ha dado el Centro durante todo este tiempo, por las buenas experiencias y la gente que he conocido», señala. «Como somos una familia de cinco miembros, nos hicimos la tarjeta Familiar para aprovechar todas las condiciones que nos da en cuanto a la oferta multidisciplinar que programa y que se ajusta muy bien a todos los perfiles familiares». Dicho y hecho. Él y su familia son grandes consumidores de la agenda cultural. Su esposa, Ana Navalón de La Lama, tiene muy claro lo que más le maravilla: «Los domingos en familia me han parecido de lo más bonito. Esos días por la mañana, además en los que hacía malo, hemos venido aquí los cinco y ha sido una gran experiencia. Este lugar es un regalo para la ciudad. Ha sido una suerte tenerlo aquí». Y asegura que «un edificio así nos da mucha proyección internacional. Seguro que van a venir estudiantes de escuelas de arquitectura y de arte a visitarnos».

Dos de sus hijos mayores asienten al oír a su madre y comparten su opinión. De las actividades que hace en familia, Eloy Gutiérrez Navalón destaca su asistencia a un campus de cine, aunque también le interesa mucho la música, porque es alumno del Conservatorio. «Con mis amigos he venido a recorrer el edificio y las pasarelas», afirma.

Su hermana Julia –que comparte afición con su hermano por la música– ha asistido encantada al campus de arte y emociones. «Me gustan mucho las exposiciones, pero aún más los conciertos y los espectáculos de danza, porque me encanta el baile. Aquí, ahora, lo tengo todo».

Accesibilidad

Esa pasión por la música también la siente la joven Sofía Sánchez Maestro. «Me gustan mucho las propuestas culturales. Me interesa todo lo que sea música y arte. Teniendo un centro así en Santander merece la pena implicarse. Además yo ya iba también a la anterior sede de la Fundación Botín, así que cuando se inauguró me hice amiga». A la hora de destacar una virtud de esta amistad que ha surgido, habla de la accesibilidad. «Está en el centro de la ciudad y eso significa que en cualquier momento, si me apetece, puedo ir. No tengo que irme lejos. No me cuesta ningún esfuerzo y eso me gusta. Además me interesa mucho la calidad de las propuestas y que haya tanta variedad».

Especial aniversario

Experiencias que marcan

En la conversación del grupo se suceden los relatos de anécdotas. «Mi mujer y yo nos hicimos socios Premium y tenemos el número 1 y 2 en las tarjetas, por poder aportar algo más allá de tener el pase gratuito. Así podemos acudir a los eventos especiales y tener acceso a una serie de ventajas que compensa», argumenta Santiago Arrarte. Lo acompaña su mujer, Carmen López-Tafall, que está emocionada con el Centro Botín. «En Santander no tenemos tanta actividad cultural, así que para un sitio así que hay vamos a aprovecharlo. Vamos a darle un poquito de difusión y a disfrutar de lo que nos traen. Hemos venido a todas las inauguraciones. Estamos esperando a que nuestro hijo crezca para que pueda empezar a participar en todas las actividades infantiles y familiares». Según dice, le maravilla la posibilidad de disfrutar de las exposiciones guiadas por los propios artistas y por los comisarios. «Sobre todo me ha dejado marcada la exposición de los grabados de Goya. Cuando vino el conservador del Museo del Prado, yo es que deje de ver los grabados, me fije exclusivamente en lo que me decía y en lo que me estaba contando en la explicación. De hecho volví al día siguiente sola para fijarme mejor en lo que él había explicado. Me pareció maravilloso», relata.

El matrimonio fue una de las afortunadas parejas que pudo disfrutar de la ocasión de pasar una noche en la instalación 'Elevator Bed' –la cama redonda que se elevaba– que formaba parte de la exposición inaugural 'Y', del artista belga Carsten Höller. «Fue una experiencia única, de esas que recuerdas siempre», reconoce Santiago, antes de deshacerse en halagos hacia el personal del edificio. «Son encantadores. Se desviven por atenderte cada vez que llamas o me pasas. En concreto hay una persona, que se llama Pepa, que es muy atenta».

María Jesús y María Antonia Lavín Herrero son dos hermanas de Santander de toda la vida, que vivieron con mucha emoción la inauguración del Centro Botín. Recuerdan ese día con una anécdota que les dibuja una sonrisa en la cara. «Estuvimos entre los centenares de personas que esperamos la fila de los primeros días para tener el pase. Estuvimos tanto rato en esa cola que hasta nos sacaron unas sillas», narra María Jesús. Su hermana, María Antonia, apostilla: «El día de la inauguración también estuvimos esperando lo suyo, desde las cuatro, pero no queríamos perdérnoslo y lo conseguimos. Entramos en la primera fila a las diez y media de la noche. Nos encantó. Que bonito fue. Hemos venido a todas las exposiciones y a las visitas guiadas comentadas por los expertos. Somos asiduas».

Atención profesional

Hablar con Javier Cantera López es hacerlo, más que con un amigo, con un fan del Centro Botín por su amor incondicional al mundo del arte. Digamos que su amistad estaba predestinada. «Yo esperaba impaciente su inauguración porque sabía que iba a ser uno de los máximos usuarios, ya que me encanta el arte contemporáneo y las actividades culturales que ya hacía la Fundación Botín. Tenía expectativas en ese programa con el que el Centro iba a potenciar la afición por la cultura en la ciudadanía de Santander y he visto cómo, realmente, está siendo cierto. Ha respondido muy bien a mis expectativas como consumidor de arte habitual que soy, dentro y fuera de la ciudad y de la región».

Por su condición de jubilado, reconoce que ha venido mucho con su mujer, con sus hijos, con sus nietos y con sus amigos, «y más que voy a seguir viniendo», advierte. Tal es el uso de su tarjeta Premium que afirma haber amortizado la inversión de su coste en los quince primeros días. Tira de memoria para remarcar que tiene todos los catálogos de todas las exposiciones en casa gratis y para apuntar que hasta lo han invitado a la feria de arte Arco como prestación de la tarjeta por ser amigo del Centro Botín. Pero si hay algo que valora mucho son las visitas guiadas. Según su experiencia, «el personal del Centro que las organiza y promueve y está a cargo de ellas es de la máxima cualificación profesional, y lo digo con conocimiento de causa porque yo soy un admirador del arte contemporáneo, así que valoro mucho la profesionalidad».

Los lazos de amistad son importantes para el Centro Botín, que los pueden contar por miles en su primer año de vida. En el primer álbum de recuerdos del edificio diseñado por Renzo Piano se acumulan anécdotas y emociones. El reto ahora es mantener a esos amigos que lo arropan y que esperan nuevos alicientes para renovar su vínculo.