Perfectos conocidos

El actor más internacional de la ciudad Eduardo Noriega y el fotógrafo de El Diario Montañés Antonio San Emeterio ('Sane') ya están listos para «practicar» la Semana Grande

Sane fotografía a Eduardo Noriega en 'Los Raqueros'./Javier Cotera
Sane fotografía a Eduardo Noriega en 'Los Raqueros'. / Javier Cotera
Leticia Mena
LETICIA MENASantander

Antonio San Emeterio 'Sane' (Santander, 1947) espera nervioso. Es la primera vez que ha quedado para que le hagan una foto. A él porque es uno de los fotógrafos que conoce todo Santander, porque es el hijo de la popular Amparo Rosa Ruiz 'La Chola', y porque tiene mil y un anécdotas de una vida que ha girado entre pasteles y fotos. El día que Javi Cotera le hizo la que usted, lector, ve a la derecha, Sane estaba emocionado porque este año es uno de los protagonistas de este suplemente junto a Eduardo Noriega (Santander, 1973), uno de los rostros más conocidos e internacionales de la ciudad.

Quedamos a las diez de la mañana en Los Raqueros, en pleno Paseo Marítimo. Sane recuerda que 'los de verdad' se tiraban donde antes estaba la gasolinera de 'La Tomasa', que ahora, sin más, es un surtidor en Puertochico. Uno de los últimos niños que se tiró al agua a coger unas monedas es su tío Ángel Ruiz, que tiene 86 años y hoy estará leyendo estas páginas.

Cuando Noriega llega, Sane guarda los papeles en los que tiene apuntado que la palabra 'raqueros' viene de 'wrecker', la voz inglesa que los define como «ladrón o gente que entra en los barcos a robar». El actor y el fotógrafo se saludan afectuosamente porque se han visto en multitud de ocasiones en las que Sane, obviamente, 'disparaba'.

«Estar en casa en estas fechas siempre es especial y entre mis planes está ver a Vetusta Morla en la campa el jueves, 26» eduardo noriega | actor

Comienza la sesión de fotos y Eduardo sabe qué hacer y dónde mirar en cada ráfaga que lanza Cotera. Uno hace que posa y el otro se ríe. Ese es el plan. Un raquero 'robando' la foto. Sane habla entre dientes: «A mí me ha dicho el fotógrafo que tengo que sonreír».

Cuando acaban, vuelve a sacar sus papeles. Son páginas que recuerdan que el 12 de julio de 1961 –esta entrevista se realiza en el aniversario de esta tragedia–, «el Cantábrico enloqueció y desató su furia contra la flota que faenaba en alta mar hundiendo a una veintena de barcos y acabando con la vida de 83 marineros, entre los que había cántabros». Sane recuerda las caras de las mujeres que esperaban muertas de miedo en Puertochico a que sus hombres volvieran a casa. No todas tuvieron suerte.

Noriega y Sane disfrutan hablando de la historia de Santander. A Eduardo, el tema le apasiona y Sane tiene memoria de elefante. Se remontan a tiempos en los que todos en la ciudad tenían motes. «¡Eso ya se ha perdido!», dice Sane un tanto nostálgico. Eduardo asiente y comenta cómo el asfalto fue ganando pulso al mar, o cómo las vías del tren iban hasta Puertochico donde vivían los marineros antes de que existiera el Barrio Pesquero, o cómo los barcos descargaban el pescado para llevarlo a la lonja, que antes se llamaba 'almotacenía' y estaba en lo que hoy es el Centro Cultural Doctor Madrazo.

Pero toca hablar de años recientes. Con todo tipo de alabanzas coinciden en que son «practicantes» de la Feria de Día. Las casetas de pinchos salpicadas por la ciudad desde hace ya once años han dado vida a unas fiestas que parecían condenadas a mover las ferias como 'la falsa moneda' de la canción (que ninguno se la quedaba).

El fotógrafo de El Diario Montañés abre su archivo mental y enumera con los dedos que las atracciones han pasado por la Alameda, Los Arenales (actual zona de Castilla-Hermida-Barrio Pesquero), las Estaciones, Cuatro Caminos, el espigón de Puertochico, El Camello, La Albericia, Las Llamas, Nueva Montaña, Rostrío y El Sardinero. Noriega flipa porque no sabía que los cacharros habían tenido todo ese meneo. Él recuerda que de niño nada podía gustarle más que subirse a todos los cachivaches. Eduardo es el pequeño de siete hermanos; Sane, el mayor de diez.

«Todas las tardes de feria voy a Cuatro Caminos con mi compañero Javier Rodríguez a hacer fotos para El Mirador» antonio san emeterio 'sane' | fotógrafo de el diario montañés

El capítulo de toros es extenso para Sane y corto para el actor. Desde hace años, el fotógrafo de El Diario va a Cuatro Caminos todas y cada una de las tardes que hay corridas y, junto a su compañero Javier Rodríguez, hacen fotos y preguntan a cientos de personas sus datos para las páginas de El Mirador del periódico.

Todo el que va a los toros en Santander (y no es una exageración), sabe quién es Sane. Y si no es de eso, es por los sucesos, por el deporte en la región o por las fiestas de los pueblos. Tiene un mérito brutal. Eduardo es consciente pero no sabía que, antes que 'fraile', Sane fue pastelero. «Del año 1961 a 1994 trabajé en Frypsia. Me tuve que jubilar porque tengo un problema en los pies», le explica a un Noriega que se muestra desconcertado. En 1995, Sane empezó a hacer fotos para El Diario, y hasta hoy. A Noriega ahora le cuadra. Eduardo «no es muy aficionado a los toros» y sólo ha ido un par de veces. Cuando era un pimpollo de catorce años fue 'manolo' acompañando a una de las 'manolas' que se elegían para presidir la corrida de la Beneficencia en Cuatro Caminos. Y otra vez en El Puerto de Santa María. Cree que ninguna más.

El actor cántabro más internacional está de enhorabuena porque hace unas semanas ha sido elegido por la Academia de Hollywood para formar parte del jurado que elegirá a las películas de los Óscar. Su último trabajo –'Perfectos desconocidos', de Álex de la Iglesia– ha sido todo un éxito en taquilla y, hace tan solo unos días, acaba de estar en la Muestra de Cine Español en Cuba. Para Eduardo estar en Santander por estas fechas es siempre especial y, entre sus planes cuenta con ir al concierto de Vetusta Morla el próximo día 26 en La Magdalena.

La conversación transcurre entre unos cafés junto a la taquilla de Los Reginas mientras las lanchas cogen a locales y turistas que se van a pasar el día al Puntal. Eduardo y Sane se sienten inmensamente orgullosos de ser de Santander, de tener la suerte de haber crecido viendo la bahía. El actor se pone las gafas mientras se despiden. Un par de señoras les miran. «¿Quién es ese joven que está con el hijo de la Chola?», se preguntan. Sane se va rápido que tiene encargadas varias fotos y Eduardo se pierde caminando hacia el Marítimo. La Semana Grande está aquí y la próxima vez que se vean los protagonistas de estas páginas serán perfectos conocidos.

 

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