La Librería Religiosa echa el cierre después de 120 años de actividad

Una mujer mira el escaparate de la Librería Religiosa, que anuncia un 50% de descuento por cierre. /Alberto Aja
Una mujer mira el escaparate de la Librería Religiosa, que anuncia un 50% de descuento por cierre. / Alberto Aja

El negocio fundado por Benito Hernández, dedicado a la venta de imaginería y figuras piadosas, es uno de los más antiguos de la ciudad | Desaparecerá a mediados de marzo

María de las Cuevas
MARÍA DE LAS CUEVASSantander

San Pancracio, el santo que cuida los negocios y el trabajo, es la figura que más se ha vendido en los últimos años en la Librería Religiosa Hernández, pero su presencia no ha podido salvar del cierre a este negocio centenario que inició su actividad en 1903, que sobrevivió al incendio de 1941 y vivió años fructíferos en los que cada casa tenía figuras y cuadros de escenas religiosas como parte de la decoración de comedores y habitaciones.

Desde hace cuatro años este negocio está ubicado en la Calle Cádiz 5, aunque con anterioridad estuvo situado en un local de la calle Juan de Herrera, que es donde más se le recuerda, por su arraigo de 66 años, hasta que el fin de la renta antigua obligó a sus propietarios a buscar un alquiler más bajo y un nuevo emplazamiento fuera del centro de la ciudad.

El negocio echará el cierre definitivo a mediados de marzo tras más de un siglo abierto y del que han vivido tres generaciones de la misma familia. Con su clausura se despide uno de los negocios más longevos de la ciudad y el único especializado en artículos religiosos.

«La caída de las ventas, sumado a las continuas obras en la zona, nos llevan al cierre. Una pena» Laura Hernández | Propietaria

«Los motivos del cierre son unas ventas a la baja de este tipo de objetos, sumado a las continuas obras que se realizan en la zona de la plaza de las Estaciones, que nos han afectado directamente», señalaba este martes su propietaria, Laura Hernández, sobrina nieta del fundador. «El cierre nos da pena, pero nada comparado con el año que nos tuvimos que marchar de la calle Juan de Herrera. Entonces nos costó mucho dar el paso», reconoció.

La tienda actual consta de dos pisos. En el de abajo se encuentran artículos como biblias, figuras religiosas de todos los tamaños, crucifijos, rosarios, figuras del Niño Jesús en su cuna, artesanía española de barro, pasta de madera, estatuas religiosas de Olot, un taller artesanal abierto desde 1880 y libros de Pastoral; en la segunda planta se encuentra un despliegue de figuras clásicas para montar el Nacimiento.

«Las tradiciones se acaban y las figuras del Belén, los pastores y los Reyes Magos también se venden poco. Cada vez menos gente pone en nacimiento completo en casa», añadió Laura. Todos los artículos están rebajados a mitad de precio y lo que no se venda irá a tres tiendas religiosas de Bilbao, que han llamado interesándose.

El incendio

La Librería Religiosa de Santander fue fundada por Benito Hernández, que más tarde sería diputado regional. Su primera ubicación -arrasada por las llamas en el incendio- fue La Ribera (hoy Calvo Sotelo) y, después, pasó a ocupar un barracón junto al Mercado del Este. Finalmente, en 1950, se instaló en Juan de Herrera, donde estuvo al frente un hermano pequeño del fundador, Luis Hernández Oria, quien puso a uno de sus hijos, José Luis, con 15 años, a ayudarle en el mostrador y que más tarde llevaría el negocio.

«Antes en cada casa había un Sagrado Corazón , crucifijos y un cuadro de La Última Cena» José Luis Hernández | Sobrino del fundador

Aquel joven, hoy jubilado, sigue pasando a diario por la tienda, ahora para ayudar a su hija, Laura: «Siempre me ha encantado estar detrás del mostrador, que no despachar, que eso es otra cosa. Vender es aconsejar al cliente, escuchar lo que busca y orientarle. Se establece una conversación y un trato», explica José Luis, el más apenado por el cierre, que muere, dice, principalmente por la competencia de internet.

José Luis explicaba este martes que hace décadas se 'consumía' el tipo de género que ellos vendían porque «en casa había un Sagrado Corazón, un crucifijo colgado sobre cada cama o un cuadro de La Última Cena como parte de la decoración del comedor», recuerda, y las ventas se mantenía vivas gracias al material para colegios, catequesis, comuniones y para los nacimientos navideños. «A principios de octubre esto era un desfile de alumnos que venían a por carteras, libretas, bolígrafos...». Ese nicho de mercado se ha perdido si bien, dice, el verdadero enemigo ha sido la venta por internet: «Con este no se puede competir. La gente lo pide desde su casa directamente al fabricante, más barato».

Además, los fabricantes de figuras religiosas de larga tradición también están cerrando. «Han desaparecido algunos de los más famosos artesanos catalanes, como Dimosa, que hacía las caras más bonitas del Niño Jesús, las que mejor se vendía porque eran preciosas», recuerda José Luis.