«Santander es mi punto de referencia»

«Santander es mi punto de referencia»
Celedonio Martínez

Debido a su trabajo, Mónica San José viaja continuamente, por lo que cuando llega a Cantabria le gusta quedarse en la ciudad, donde siente su casa

Mariana Cores
MARIANA CORESSantander

Según pone un pie en la escalerilla del avión le inunda el olor a mar, lo que le indica «que he llegado a casa». Mónica San José (Santander, 1969) dejó la capital cántabra hace trece años para hacer carrera profesional, consciente de que «tenemos una ciudad preciosa, pero es pequeña y no te deja crecer». Su vida laboral está dividida en dos, una más académica, como experta en Derecho y seguridad de la Unión Europea, y otra vinculada a las multinacionales. Ahora es la directora de ventas de Levis y Dockers en España y Portugal. Confía en la formación continua y la necesidad de que los jóvenes salgan de su país y aprendan idiomas. Su trabajo le permite una de sus pasiones: viajar, pero se queja de la mala comunicación aérea de Santander. Su hogar se reparte entre Madrid y la capital cántabra. «Mi marido vive aquí, pero cuando quiero venir a verle desde lugares como Barcelona o París, los horarios son demenciales. Antes había mejores vuelos». Con todo, se siente «muy orgullosa» de su ciudad. «Es mi punto de referencia. Si algo fuera mal sé que puedo coger mis bártulos y volver a casa».

–¿Cuántos Levis mete en la maleta cuando viaja a Santander?

–Procuro que ninguno. ¡Porque estoy hasta el moño! (risas) Meto vestidos. El vaquero es el uniforme de trabajo, aunque me encanten.

–Dada la meteorología norteña, la venta de Levis en la región debe de ser buena también en verano.

–El norte es una zona de poder adquisitivo más alto que en el resto de España. Les importa la buena calidad relacionada con el precio, en comparación con el sur, aunque si son ciudades con renta per capita alta, da igual donde estén situadas geográficamente. En Málaga y Sevilla, en verano vendemos muchos pantalones cortos, ¡paladas! Además, al estar la compañía Levis muy comprometida con la música, en los festivales abunda el pantalón corto vaquero y la camiseta con el logo de la marca.

–¿Cuál es su lugar preferido para desconectar en Cantabria?

–Santander. La región me encanta, pero como tengo poco tiempo y estoy tan cansada, cada vez que vengo prefiero quedarme en la ciudad, dar paseos por la bahía, ir al Centro Botín, cenar con los amigos. A lo sumo, vamos a ver a la familia de mi marido a Comillas, que también me gusta mucho.

«La empresa promueve que los empleados vayamos una semana a los talleres a trabajar»

–¿A qué lugar sigue acudiendo por los buenos recuerdos de cuando era joven?

–Más que un lugar hay una zona. Me gusta dar un paseo desde los Jardines de Pereda hasta el Palacio de la Magdalena o la Segunda de El Sardinero, si el tiempo me lo permite. Me recuerda a mi trayecto en autobús cuando iba al colegio de Las Esclavas. Es un camino especial. Tanto en invierno como en verano. Si llueve, me pongo la capucha y las botas de agua.

–Si vienen amigos a verla, ¿dónde les lleva a cenar?

–Precisamente este verano hemos hecho de anfitriones y hemos ido a El Riojano, La Bombi y me ha quedado pendiente que conozcan Cañadío. Son mis tres restaurantes preferidos. Y siempre pido pescado. En especial recuerdo un jargo excepcional que cené.

–La camiseta clásica de Levis ha conseguido volver a ser un icono de la moda. Arrasa en las redes sociales. ¿Qué ha ocurrido?

–Hay más de un factor. Por un lado es cuestión de tendencia. Antes, con la crisis, mostrar el logo de las marcas de lujo estaba mal visto, incluso se entendía como una paletada, si se me permite la expresión. Ahora se vuelve a reivindicar el logo como estandarte de moda y tendencia. Por otra parte, uno de los valores de nuestra marca es que es auténtica. Fue la creadora del vaquero y eso es lo que se valora y lo que hace que la gente se identifique tanto con nosotros. Aunque, por su puesto, también hay un plan de marketing detrás. Pero ha causado furor. Vendemos millones. La reposición en El Corte Inglés, por ejemplo, es de unas 1.500 por semana.

«Santander es una ciudad maravillosa, pero tuve que irme para crecer profesionalmente»

–¿Inditex ha marcado un antes y un después también para Levis, como le ha ocurrido a otras muchas marcas?

–No es sólo cuestión de Inditex. Todas las cadenas verticales en general nos han hecho cambiar de mentalidad a todos, ser más competitivos, más rápidos a hora de sacar colecciones. Esto ha provocado una revolución en estrategia de precios, de venta. Aunque nosotros no vamos a hacer un vaquero para competir con Inditex, porque tenemos unos estándares de calidad y la gente valora la marca precisamente por esta razón. Todo ello ha hecho que la moda se democratice y se acepte muy bien que se lleve un Levis con una camiseta de Zara. Todo está cambiando. Lo que más me ha sorprendido últimamente es una estrategia de Uniclo, que vende en maquinas expendedores de los aeropuertos plumíferos finitos.

–Es sorprendente que la empresa aún pertenezca a los herederos de Levis Strauss.

–Así es, somos una empresa familiar, no una multinacional. Esa es la razón esencial de las cosas sean como son. Se trata de una familia filántropa, que mira mucho por la diversidad y la sostenibilidad. Se cuida mucho que no se utilice excesiva agua en la producción de las prendas, se hacen inspecciones rutinarias en los talleres para comprobar que todo esté en orden. Ello hace que no sólo se vendan unos vaqueros, sino una experiencia y unos valores. Va en el ADN de la marca. Es lo que marcan la diferencia. Cada vez se da más importancia al consumidor.

–Se cumplen cinco años del derrumbe de la fábrica de Bangladesh, en la que murieron más de mil personas. Marcó un antes y un después, aunque aún queda mucho por hacer.

–Para la empresa es algo fundamental que las condiciones de los trabajadores siempre sean las optimas. Las personas contratadas cobran según el salario del mercado donde esté la fábrica. En los talleres se hacen inspecciones periódicas con el objetivo de verificar que no se utiliza mano de obra infantil. Estos son sólo algunas de las metodologías. Además, existe un programa que promueve la compañía para que los trabajadores, independientemente de la categoría o rango, conozcamos cómo son nuestras fábricas y veamos en qué condiciones se trabaja. El único requisito que nos exigen es que la carta de motivación sea lo suficientemente sólida y que estemos realmente interesados en participar. Durante una semana te instalas en el país donde estén los talleres. Durante ese tiempo trabajamos con los empleados de allí, en el departamento de costura, corte o el que sea.

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