Doce horas de palazos

Decenas de participantes en el maratón juegan a las palas en la playa de El Camello, uno de los santuarios de este deporte típico de los arenales cántabros. /
Decenas de participantes en el maratón juegan a las palas en la playa de El Camello, uno de los santuarios de este deporte típico de los arenales cántabros.

La playa de El Camello acoge un maratón de palas, juego veraniego por excelencia

MARIANA CORESSantander

Con un marcado acento inglés, un turista asomado a la playa de El Camello pregunta en voz alta: «¿Ping-pong?». «¡Qué ping-pong! ¡Palas, hombre, palas cántabras!», le responde un tipo de hablar cantarina. El escenario era el Maratón de Palas de El Camello, que ayer cumplía su XXI edición. El evento arrancó a las nueve y media de la mañana con media hora de retraso debido a la lluvia y duró doce horas. Participaron 160 personas de entre 12 y 70 años, la mayoría de Santander aunque también se apuntó gente de Comillas y de Suances. El premio fue la satisfacción de haber mantenido la bola en el aire el máximo tiempo posible y golpear, cuanto más fuerte mejor. Así lo explicaba Paco Barrio, jubilado y miembro de la organización: «Nos dividimos en equipos de tres o cuatro personas, jugamos una hora y descansamos dos, y así hasta que el cuerpo aguante».

ASÍ SE JUEGA A LAS PALAS

Para coger fuerzas, un buen desayuno y una comida en la que en esta edición se repartió un aperitivo de mejillones, sardinillas y aceitunas y, de plato fuerte, ensalada de tomate cántabro y paella de marisco. Para rematar, tarta. Todo regado con buen vino blanco helado, cervezas y mucho agua. Barrio explicó que las palas «son un deporte no competitivo, al que se puede jugar sin importar la edad y no se necesita más que un trozo de arena». En las zonas costeras de la región hay una gran tradición en torno a este deporte. «Somos una gran familia. Es raro el hijo y el nieto que no jueguen si el abuelo es aficionado». El truco de la competición de ayer era que «el grupo con el que te toque jugar esté equilibrado. Que todos jueguen igual de bien o igual de mal».

Enganchados a las palas

Gema Gutiérrez, una trabajadora de un supermercado que juega en El Camello «todos los días del año salvo cuando llueve mucho» aseguró que es un juego al que uno se engancha. «Sobre todo cuando se llega a la adolescencia, los 14 o 16 años, cuando empiezas a ir a la playa con tus amigos». La jugadora explicó que antes jugaba de manera discontinua, «pero desde hace dos años, se ha vuelto adictivo. Me encuentro mucho mejor después de haber dado un rato a las palas. ¿Cómo no voy a hacerlo? Solo hay que mirar cómo es de maravilloso este lugar».

«Una vez que te pica el gusanillo ya no te lo puedes quitar de encima», decía a pie de playa Alfredo Fraile, jubilado de 67 años que lleva desde los 14 con la pala pegada a la palma de la mano. «Empecé con el difunto Cioli en la playa de La Magdalena y ahora vengo todos los días. No perdono uno». Fraile explicó que las palas han evolucionado poco desde su juventud. Ahora pesan un poco menos, entre 650 y 550 gramos, frente al kilo de antes. Dependiendo de la playa en la que se juegue la distancia de los jugadores también varía. En El Camello es de unos siete metros. En El Sardinero, en la zona de Piquío, un poco más: unos diez metros. Juan Antonio Ramos, un chico de 12 años y una joven promesa de las palas según todos los veteranos que admiraban su juego durante el maratón, usa una de las ligeras. «Llevo jugando desde siempre, creo que desde los cinco años. Me gusta tanto que incluso vengo con mi padre algún día en invierno», explicó el joven entre turno y turno. También practica con sus amigos y asegura que «hacer amistades es una de las mejores cosas que tiene este deporte, además del baño que te das después de un buen partido. ¡No hay nada comprable! La sensación es espectacular».

Lo mismo opinaba Paco Matabuena, policía jubilado de 66 años. «Este es un deporte que une, que te hace olvidar las penas. Siempre estás acompañado. Así que animo a todas aquellas personas que se sientan tristes o solas a que se unan a nosotros. Aquí acogemos a quien quiera disfrutar de la buena gente y de las palas».

Ayer, todos los participantes tenían en la mente a una jugadora habitual de El Camello, «una gran luchadora que lleva mucho tiempo ingresada en el hospital y ya no parece que vaya a salir. Pero hoy está con todos nosotros», afirmó Barrio, que también recordó la época en que era joven y jugar a las palas estaba prohibido. «¡Qué tiempos aquellos! Para que no nos pillara la poli camuflábamos las palas con la arena».

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