Los niños que cantan este año la Navidad

A mediados de octubre los niños de San Ildefonso empiezan los ensayos en donde se les enseña a vocalizar, proyectar la voz y mantener un ritmo constante y fluido. Reírse, antes de salir a cantar o a extraer los números, es una buena estrategia para olvidarse de los nervios el día del Sorteo de la Lotería

Óscar Chamorro
ELENA MARTIN LOPEZMadrid

¿Cuál va a ser el Gordo de este año? «El 33458», contesta Noelia, la niña que el año pasado cantó el premio de cuatro millones de euros de la lotería de Navidad. Esa es su previsión para el próximo día 22, probablemente será el último diciembre que cante los números del sorteo extraordinario, debido a su edad. A sus catorce años, es la mayor del grupo de 32 niños que se desenvolverán entre bombos y bolas, en siete días, mientras toda España les escuchará impaciente por saber cuál es el número premiado.

Unas personas sueñan con que les toque la lotería y otras con cantarla. Esto último es lo que les ocurre, cada año, a los niños de la Residencia Internado San Ildefonso cuando llega el día de elegir a los futuros 'niños cantores'. «A mediados de octubre hacemos un casting tipo Operación Triunfo, al que se presentan todos los chavales que quieren cantar el premio extraordinario. Es un día un poco caótico porque todos quieren hacerlo», explica Vicente Ramos Rodríguez, uno de los educadores que entrenan a los niños a cantar los números. Muchos de ellos ya tienen experiencia, porque todos los jueves y sábados del año cantan en los sorteos ordinarios de lotería. «En este 'casting' lo que se busca es una buena voz, buena vocalización, fluidez verbal, presencia escénica y habilidad para manejar los números», dice Charo Rodríguez, la directora de la residencia. «Luego, al hacer las parejas, es importante que las voces tengan una cierta armonía y que encajen bien», añade.

Una vez que el grupo está formado, empiezan los ensayos, que van aumentando en dificultad a medida que se va acercando el día. «Lo primero es entrenar el ritmo y la fluidez, que proyecten bien la voz, que el público entienda el número que se está cantando, que no haya pausas entre el número y el premio, y luego ya vamos metiendo números difíciles», comenta el educador. Ensayan unos 30 minutos en días alternos y, dependiendo de la necesidad de cada niño, algunos van a sesiones extras para mejorar.

La píldora contra los nervios: reírse

A pesar del entrenamiento, siempre cabe la posibilidad de que los nervios jueguen malas pasadas. «Procuramos que salgan lo mejor preparados posible para que no tengan fallos», explica Ramos Rodríguez. Para ello, ensayan números difíciles, como las unidades, y les exponen a posibles imprevistos, como que se les caiga una bola. «Pero si fallan o se bloquean en un número se les dice que reinicien, que vuelvan a tenerlo en su mente y que lo proyecten otra vez, y si se les cae una bola, que la recojan y continúen, que nosotros les esperamos, que España les espera», afirma.

Ensayan unos 30 minutos en días alternos y, dependiendo de la necesidad de cada niño, algunos van a sesiones extras para mejorar

Por su parte, los niños tienen sus propias técnicas para no dejarse atrapar por los nervios. Algunos siguen los consejos de sus familiares, como Noelia, que, aunque a veces tiene el miedo de quedarse sin voz, sigue el consejo de sus padres que consiste en «hacer como si estuviera sola cantando». Mientras que Daniela, que extrae las bolas, dice que ella mira a su madre para concentrarse, aunque considera que la verdadera clave para curar los nervios está en reírse antes de salir a cantar o a extraer los números.

Tanto a ellas como a su compañera Nicole, les gustaría que este año la lotería les tocase a sus padres, a sus familiares, a sus amigos o a alguien que lo necesite.

Tradición y beneficios

No se sabe a ciencia cierta por qué los niños de San Ildefonso fueron los elegidos para cantar los números de la lotería. Lo que sí está documentado es que estos menores tenían experiencia en el canto, pues solían hacerlo en los funerales de personalidades importantes o en fiestas y, en 1771, durante el reinado de Carlos III, también empezaron a intervenir en los sorteos. Fue en el año 1812 cuando sus voces entonaron los números de la lotería de Navidad por primera vez, un hecho que se ha convertido en tradición.

Arriba, niños ensayando en los años 30 y, abajo, el sorteo del 91.

En sus orígenes, el colegio de San Ildefonso, uno de los más famosos y antiguos de Madrid. Fundado en 1543, funcionó como orfanato para niños varones a los que el Ayuntamiento les daba una educación y les enseñaba un oficio. Esta situación se mantuvo hasta el comienzo de la democracia, en el año 1975. Las niñas fueron admitidas en 1981 y empezaron a participar en el sorteo extraordinario a partir de 1984. Cuatro años después, la institución se dividió en la Residencia Internado San Ildefonso y el Colegio Público de Infantil y Primaria San Ildefonso, como se conoce actualmente.

Las niñas fueron admitidas en 1981 y empezaron a participar en el sorteo extraordinario a partir de 1984

Hoy en día, «la residencia es un recurso de la Comunidad de Madrid que depende del la Dirección General de Educación y Juventud, del área de equidad, derechos sociales y empleo y es un recurso que apoya a familias que presentan dificultades temporales, de carácter económico, social o laboral», explica Charo Rodríguez.

En cuanto a los beneficios de esta tradición, Vicente Ramos Rodríguez considera que «es una experiencia positiva para ellos porque les enfrenta a un escenario y a una proyección nacional que es muy grande. Van a estar nerviosos, van a tener miedo y van a superarlo. Es algo que puede ser muy bueno para su autoestima».

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