Amigos del desierto

Torrelavega quedó ayer hermanada con la localidad saharaui de Zug Ambas quieren mantener lazos de paz, armonía, libertad y prosperidad

J. I. ARMINIO
La Corporación y los saharauis posaron al finalizar el acto, celebrado en el Ayuntamiento. / L. PALOMEQUE/
La Corporación y los saharauis posaron al finalizar el acto, celebrado en el Ayuntamiento. / L. PALOMEQUE

La ciudad de Torrelavega quedó ayer hermanada con la localidad (daira) saharaui de Zug, tras la firma del protocolo correspondiente por parte de los dos alcaldes, Blanca Rosa Gómez Morante y Nadjem Anna. Ambos dijeron actuar movidos por el deseo de mantener lazos de paz, armonía, libertad y prosperidad, y conscientes de los vínculos de amistad y confraternidad ya existentes entre ambos pueblos.

El acto tuvo lugar en el salón de plenos del Ayuntamiento y en él quedó patente el deseo de libertad de un pueblo que vive refugiado en el desierto de Argelia desde hace varias décadas. Zug se une a La Habana Vieja (Cuba) y Rochefort Sur Mer (Francia), hermanadas con Torrelavega desde hace muchos años.

Acuerdo unánime

La alcaldesa recordó que se trata de un acuerdo unánime de la Corporación y que los lazos de amistad entre los dos pueblos vienen estrechándose en los últimos años. Algunos colectivos, entre ellos los bomberos, han tenido ya la oportunidad de conocer Zug, una localidad de unos 8.000 habitantes, al mismo tiempo que niños saharauis pasan sus vacaciones aquí. Gómez Morante dijo que Torrelavega es una ciudad generosa que sigue la «corriente de apoyo» al pueblo saharaui.

Por su parte, el alcalde de Zug agradeció el caluroso recibimiento y el apoyo de las personas que han hecho posible el hermanamiento. «Vuestra solidaridad ha llegado hasta el desierto, en el que luchamos por la justicia y la igualdad entre los pueblos», dijo Nadjem Anna, que invitó a la alcaldesa y a todos los presentes a visitar su localidad.

Ante un salón de plenos lleno, el gobernador de la provincia de Auserd, Aliem Habib, recordó que el problema del Sáhara es «producto de una descolonización mal hecha y la asignatura pendiente de la democracia española». «Esperamos -añadió- que la voluntad de los pueblos sea también la de los gobiernos, aunque el final no se vislumbra cercano por la falta de voluntad política de Marruecos».

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