Cantabria se 'desboina'

Un par de tiendas y unos cuantos defensores a ultranza de la tradicional prenda, conforman la 'ruta de la boina' de Santander

MARIÑA ÁLVAREZ
Paco Cuadra, siempre con su boina, en un café de Santander. / ANDRÉS FERNÁNDEZ/
Paco Cuadra, siempre con su boina, en un café de Santander. / ANDRÉS FERNÁNDEZ

«Llueve y para mí es un placer. Agarro la gabardina y un paraguas, bien puesta la boina que me regaló Paco Cuadra, y ando incansable, bajando por la Avenida Menéndez Pelayo hasta los muelles (...)». De tal guisa iba por Santander Eulalio Ferrer, y así lo describe en su . El párrafo lo muestra el aludido, pegado a una boina desde que era un niño, tan pegado que ni para jugar al fútbol se la quitaba.

«Una boina enseñorea», sentencia Cuadra, apenado por el declive del complemento, aquel que aún luce en cada partido del Racing, con la bufanda verdiblanca y la boina, siempre negra, ladeada, con discreto vuelo y rabillo perfecto. «¿Aquí? Toda la vida se ha usado boina, es muy de la tierra, los remeros de Pedreña, los futbolistas, romeros, marceros... Todos», y tal defensa de lo auténtico la luce también sobre su cabeza y la quiso inculcar a sus hijos, «siempre les quise transmitir la esencia cántabra, nuestras raíces, porque si no se pierden».

Usar boina, para Paco Cuadra, va más allá de la utilidad, que claro que la tiene, «pienso que el 50% del calor se conserva por llevar la cabeza cubierta. Es un complemento perfecto». Y forma parte de su historia, para bien y para mal, «no me hacía ninguna gracia cuando de joven algunos me la quitaban, la tiraban o se atrevían a arrancarme el pico, y así se machaca», y se ríe también de aquellos vaticinios que no se cumplieron: «Me decían que de tanto ponérmela se me caería el pelo. Ya ves, a mis setenta tengo más pelo que nunca».

Saca un álbum repleto de fotos, con destacadas personalidades, en fiestas, viajes, recuerdos de su vida, sus artículos en el periódico del Racing, fotos de su padre, Antonio Cuadra, «qué curioso, ladeaba la boina para el lado opuesto al mío», algunas caricaturas, siempre con su boina, en la que a veces colocaba una cinta verde y otra blanca «para distinguir mi procedencia», que no se confunda. «Es la boina cántabra».

2.000 al año en Cantabria

Allá por los años ochenta la boina quedó relegada al mundo rural y a unos pocos urbanitas aferrados a la prenda. Desde hace tiempo sólo queda un fabricante en España, Boinas Elósegui, fundada en 1858 en Tolosa (Guipúzcoa) y único distribuidor, por tanto, de las tiendas de todo el país. El gerente, Federico González, calcula que a Cantabria van cerca de dos mil boinas al año, que se venden en poco más de una decena de tiendas «en Santoña, Laredo, Potes, Santander...».

La que gusta a los cántabros es la negra de caballero, «la típica», añade González, y para aquí vienen modelos básicos con y sin forro, la tupida con badana y la 'superlujo', la estrella de la casa, impermeabilizada con teflón, forro de raso, badana de piel y terminada con cinta.

En esta 'ruta de la boina' por Santander, dos paradas imprescindibles: (calle General Mola, 2) y (calle Isabel II, 3). En la primera tienda, José Echezarreta, natural de Escobedo, entra a comprarse una 'superlujo'. La usa «desde recién casado» y medio siglo después le sigue siendo fiel, «yo no me pasé a la gorra. Me quedo con la boina, la que le vi a mi abuelo, a mi padre y a mi hermano mayor». Admite, eso sí, que cada vez se ven menos y que de vez en cuando aún escucha eso de «¿eres vasco? De vasco nada, sólo el apellido, que llevo a mucha honra. Yo soy cántabro», dice mientras desembolsa los 26,50 euros de su nueva boina.

Los herederos de son parientes de , la otra tienda de Santander que todavía vende boinas, a pesar de haber diversificado su género con artículos y textil para el hogar.

Todas de Elósegui

Y todas son de la firma Elósegui, las mismas que acompañan algunos trajes regionales, como el de pescador de gala -boina azul marino con borla- o la del traje de cabuérnigo. En la Escuela de Trajes Populares Cántabros de ADIC (Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria), que dirige María José Mínguez, confeccionan las enormes borlas de seda negra para acoplar a las boinas, que se lucirán después en las fiestas con más solera.

Con sus alumnas, comenta las pocas que se ven hoy en día en la ciudad, que en algunos pueblos todavía sigue predominando sobre las cabezas masculinas y lo bien que quedan «si se saben llevar».

En la tienda de ADIC (calle Santa Lucía, 45) venden boinas Elósegui con el lábaro bordado, y los últimos clientes han sido «un grupo de moteros», dato que hace presagiar un resurgimiento entre las nuevas generaciones cántabras.

¿Quién mató a la boina?

La gorra y el sombrero, dicen unos, han asesinado a la boina; otros acusan a la mujer de haberla retirado de los roperos de sus maridos; las nuevas modas urbanas, la identificación con lo rural, que ya se acabó la costumbre de cubrirse la cabeza... «Hoy sólo ves una cubierta por cada quince calvos», señala Francisco Inda, de , defensor de las bondades de una prenda «que abriga, protege del sol, se guarda en el bolsillo y en su día hasta la usaban los obreros, en vez del casco actual».

«En mi pueblo las usaban para cazar murciélagos», dice una alumna de María José. No hay nada más versátil que una boina.