Quiero respirar la verdad...

Quiero respirar la verdad...

Tras el televisivo debate presidencial, reconozco que pierdo la fe y recuerdo a Isabel II, reina de España, como emblema de la libertad

Mela Revuelta
MELA REVUELTA

La climatología cambia, es un hecho. Coloquialmente se dice que «el tiempo está loco» pero la política, también. Anoche se emitió el debate y gran parte de los habitantes de este país se sentaron frente al televisor. A mí me bastaron cinco minutos para perder el interés y otros cinco para desconectarme hoy tras leer por internet todas esas valoraciones de falsedades y verdades a medias.

En mi casa nunca se habló de «la política» ni de sus habilidades, supongo que bastante teníamos con prosperar para dejar de ser emigrantes y que nuestra familia numerosa pudiera discutir por quién entraba primero al aseo en la hora punta del madrugón y no ser el último y encontrarse el cristal lleno de vaho.

Hubo unos años que todo apuntaba a que así pudiera ser, pero llegó «la crisis» junto al pack de la burbuja inmobiliaria y la conversión del euro que azotó a muchos rincones de nuestra estabilidad económica y emocional. Nos adaptamos, nos desapegamos y, pese a todo el esfuerzo, nada evitó que los más jóvenes de la casa se vieran obligados a emigrar, otra vez con la palabra en la maleta.

Nos contentamos porque ahora nos llega una imagen llena de vida a tiempo real con cientos de kilómetros por medio, aunque en ese mismo grupo de WhatsApp leo a mi madre que nunca se queja, que siempre cuida de su rebaño… Ella escribe y yo leo para dentro «Qué decir… Lo he vivido tantas veces, que cada día me cuesta más».

Ni Mr. Albert Einstein me convence ya con su teoría de que los períodos de crisis son positivos para los seres humanos. Sí, hemos agudizado el ingenio, nos hemos reinventado, pero vivimos paralizados, vivimos presos de lo que unos cuantos decidan y me entristece la desesperanza. Anoche me hubiera gustado entretenerme en un debate sobre valores universales como los personales, familiares, empresariales, espirituales, morales… la lista es larga, pero en definitiva una controversia sobre prioridades que nos ayuden a determinar hacia dónde nos dirigimos. Me hubiera emocionado recuperar la fe en la esencia política. Creer. Crear. Respetar. Educar. Amar. Visto lo visto… me abstengo.

Hoy arranqué mi día literalmente camino del trabajo con una canción que me apasiona 'No hay manera', de Coque Mallao seguramente la conozcáis como «No puedo vivir sin ti». Su letra me llevó a esa reina, a esa mujer que en nuestro ahora tiene tanta presencia porque la igualdad vende.

«Has colgado tu bandera,

traspasado la frontera,

eres la reina,

siempre reinarás,

siempre reinarás»

«Yo me quedo para siempre con mi reina y su bandera,

ya no hay fronteras,

me dejaré llevar a ningún lugar».

La reina o dama, la pieza más poderosa en el juego de ajedrez.

Isabel II, reina de España que fuera emblema de la libertad y sobre la que pocos días antes de su muerte Pérez Galdós escribiera que «el mayor de sus infortunios fue haber nacido Reina y llevar en su mano la dirección moral de un pueblo, pesada obligación para tan tierna mano»… y hoy se me antoja imaginarla como una más caminando cada día al borde del precipicio de forma anónima respirando verdad con porte elegante y decidido.

Noli foras ire, in teipsum reddi; in interiore homine habitat veritas.

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