«La lengua de signos merece el esfuerzo»

Elena Jenaro, en la sede de la Federación de Asociaciones de Personas Sordas (Fescan), en Santander /Javier Cotera
Elena Jenaro, en la sede de la Federación de Asociaciones de Personas Sordas (Fescan), en Santander / Javier Cotera

Tras involucrarse en Fescan, se dio cuenta de la importancia de incidir en la educación de los niños y la atención a los mayores

Mariana Cores
MARIANA CORESSantander

Elena Jenaro (Santander, 1970) no sabe explicar la razón, pero siempre estuvo interesada en la lengua de signos. «Me parecía algo bonito». De casualidad, un día se enteró de que en la Federación de Asociaciones de Personas Sordas (Fescan) daban cursos y se apuntó, hace ya cuatro años. Aprovechó esta circunstancia y decidió colaborar con ellos. Ya tenía experiencia como voluntaria por su trabajo con Oxfam Intermón, ONG con la que sigue vinculada. «Creo que todo el mundo debería de ser voluntario en algún momento de su vida. Una sociedad movilizada, en la que los unos se ocupan de los otros, es más sana y atractiva que una individualista», sentencia.

-¿Qué le llevó a ser voluntaria en Fescan?

-Tras dar el curso de lengua de signos, una de mis grandes carencias era que no tenía momentos para practicar, lo que se convirtió en un problema cuando acabé. Las lenguas que no se practican, se olvidan. Así fue como entré en contacto con el programa de voluntariado de Fescan.

«Los niños con sordera deben tener los medios para desarrollar todo su potencial»

-¿Cuáles son los objetivos de la organización?

-Conseguir un pleno desarrollo y la inclusión de las personas sordas y la eliminación de las barreras de comunicación, que son el principal obstáculo para conseguirlo.

-¿En qué consiste su trabajo? ¿Cómo lo compagina con sus otras obligaciones?

-He colaborado con Fescan en la biblioteca y apoyando al departamento social y de empleo, a través de los talleres de empleo, con la trabajadora social. También realizo acompañamiento de una persona mayor sorda, gracias al proyecto Vidasor. Pero en este momento, debido a mis otras obligaciones, me resulta complicado compaginarlo todo y me he centrado en el acompañamiento. Se establecen lazos de confianza y amistad que son muy gratificantes.

-¿Debería ser la lengua de signos una materia, al menos de algún curso, de Educación Primaria para ayudar a la inclusión?

-Yo lo considero básico. Creo que en Infantil se podría empezar a aprender. Es una lengua expresiva, visual e intuitiva. El hecho de que desde pequeños se familiaricen con la lengua de signos les serve para que pierdan el miedo y la vergüenza y les resulte fácil comunicarse con una persona sorda cuando surja la circunstancia.

-Recientemente se publicó en este periódico la historia de una niña americana, de dos años, que volvía cada día triste a su casa porque no entendía que sus vecinos no se comunicaran con ella. El pueblo decidió contratar a un profesor de lengua de signos. ¿Es difícil el aprendizaje de un mínimo de expresiones?

-Es una historia preciosa. El nivel A1 no es difícil de aprender, aunque hay que cambiar el chip: es una lengua completamente distinta, con normas y estructuras diferentes, que extrañan, pero vale la pena. Un curso de nivel A1 no lleva mucho tiempo (yo lo hice en tres meses, tres mañanas a la semana). Me parece básico poder decirle a una persona sorda: «Hola, ¿qué tal? ¿Cómo te llamas?».

-Si alguien sintiera inquietud por ser voluntario en Fescan y no conoce la lengua de signos, ¿cuáles serían los pasos a seguir?

-Supongo que lo primero y más directo sería ponerse en contacto con Fescan (www.fescan.es/) y que ellos le vayan informando. Hay labores que, tal vez, podría realizar sin conocer la lengua de signos, pero realmente perdería parte del enorme potencial que tiene colaborar en una organización como Fescan. Pero, insisto, el nivel A 1 se puede obtener en relativamente poco tiempo. Hay cursos periódicamente y vale mucho la pena.

-Muchas personas mayores necesitan compañía porque se sienten solas. Imagino que las que sean sordas, además, sufran mayor aislamiento. Aquí la labor del voluntariado debe de resultar esencial.

-La verdad es que sí. Las personas mayores sordas se encuentran, además, con la dificultad añadida de la movilidad, la desaparición de su círculo de confianza y, en algunos casos, debido a que se tienen que ir a vivir a residencias o con otros familiares, no pueden acudir a su asociación de sordos. Todo ello hace que la incomunicación sea mayor. La labor de los voluntarios, en estos casos, es muy importante. Nosotros intentamos cubrir sus necesidades a través del proyecto Vidasor.

-¿Cuáles son las principales barreras con las que se enfrenta una persona sorda?

-Lo primero, la falta de interés y voluntad de la sociedad. Es frustrante querer comunicarte con alguien y no poder, pero a veces solo hace falta un poco de interés y buena voluntad. Además, es muy importante que se tome en serio el tema de la educación, que los niños que padecen sordera tengan los medios para desarrollar todo su potencial. Si no es así, se les estará coartando su derecho a la educación y su pleno desarrollo vital y profesional.

-¿Están los medios de comunicación concienciados?

-Barreras de la comunicación hay muchas. El ejemplo más claro y cercano es el de la televisión. Este medio aún no tiene implantado en todos los canales subtítulos de calidad e intérpretes de lengua de signos. Es importantísima la presencia de la lengua de signos en los medios de comunicación, así como la presencia de la figura del intérprete de lengua de signos.