«La fotografía ha transformado la forma en que contamos la realidad»

Fotógrafo humanista, el creador cántabro ha vivido la tranformación de la fotografía en primera persona. Admira la del sigo XX, y aspira a una sociedad que vuelva a valorar la esencia de la imagen

Javier Cotera
Álvaro G. Polavieja
ÁLVARO G. POLAVIEJASantander

Del blanco y negro al color, de lo digital a lo analógico, de una fotografía conceptual y cuidada hasta el detalle a la avalancha de imágenes que han provocado internet y las redes sociales. La trayectoria del fotógrafo Javi Vila (Santander, 1961) es un relato minucioso y veraz de la transformación, tan veloz como radical, que ha experimentado el mundo de la fotografía.

–¿Cómo se inició en el campo de la fotografía?

–Empecé muy joven, con 16 años, en unos cursos de iniciación al laboratorio en mi barrio. Ahí aprendí el laboratorio y me enganchó. Los líquidos de fotografía se te meten en el cuerpo y ya no puedes parar. Luego eso se va haciendo más serio, te vas informando sobre fotógrafos, sobre la historia de la fotografía, en lo que se hace en ese momento y en lo que se ha hecho históricamente, y cada vez te engancha más. Al final se convierte en una forma de ver el mundo: es verlo a través de la propia fotografía. La cámara es una ventanita con la que captas lo que a ti te gusta, lo que tú quieres ver y como lo quieres ver, y te lo llevas para ti. Esa es mi forma de ver la fotografía: yo la entiendo como medio de expresión personal.

–¿Y cómo definiría su particular ventana?

–Casi siempre he hecho el mismo tipo de fotografía, que es una fotografía que tiene mucho que ver con mi entorno personal. Con mi pareja, con mi familia, con mis hijos, con mis amigos, con los sitios a los que viajo. Toda mi vida he hecho prácticamente la misma fotografía. He ido cambiando el proceso, he pasado de blanco y negro a color, del formato analógico al digital... La forma de verse puede haber cambiado por esa transformación en las tecnologías y por cómo va evolucionando la técnica, pero en el fondo el tipo de fotografía que he hecho ha sido siempre la misma.

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–Cuando usted comenzó no existía formación reglada. ¿Cómo aprendió?

–No, no la había. En esa época la forma de meterse en este mundo y de aprender, como siempre ha ocurrido en las artes, es copiar a los clásicos. Entonces era el afán por buscar y encontrar libros de fotografía donde quiera que los hubiera, porque en las bibliotecas había poco... Entonces teníamos que viajar allí donde hubiera exposiciones. En la época en que se movía más la fotografía en Barcelona pues había que viajar más a Barcelona, donde paradójicamente también había que ir a buscar materiales, porque había una escasez tremenda de materiales de fotografía y eran bastante caros... Había que viajar a a ver exposiciones y a ver y a conseguir y a intercambiarse libros. Esa era la forma de aprender fotografía.

«En mi época teníamos que buscar libros y viajar para ver exposiciones»

–¿Cuáles fueron sus referentes?

–A parte de los históricos, en el tipo de fotografía que yo hago, que se podría clasificar como una fotografía más humanista, mi gran referente ha sido Robert Doisneau, el fotógrafo francés. También Bernard Plossu ha sido para mi un maestro. Además le he conocido y he tenido un contacto con él muy estrecho, y para mi también ha sido un maestro en la forma de ver esa fotografía íntima que tiene más que ver quizás con la poesía que con ninguna otra cosa. Hace como pequeños haikus con las fotos. Eso es a lo que yo aspiro. Y fotógrafos españoles los hay maravillosos. Por ejemplo la generación de Gabriel Cualladó, o Paco Gómez, o Ramón Masats, que todavía vive... Son fotógrafos magníficos. Los del 'Grupo de la Palangana', como se autodenominaron. La fotografía madrileña, que tiene un momento especial. O el fotógrafo Catalá Roca, que es un maestro de la fotografía española. Hay muchos referentes muy cercanos y hay una fotografía española excelente. La ha habido y la sigue habiendo. Y también cántabra.

Javi Vila

–¿Qué fotógrafos cántabros destacaría? ¿Cómo es su principal proyecto, 'La Caverna de la Luz'?

–Hay muchos, y en ellos he centrado uno de mis grandes proyectos como es 'La Caverna de la Luz'. En principio es esto, mi estudio, que también ha sido mi laboratorio. Tiene dos escaparates que dan a la calle, a una calle que por otra parte tienen mucho movimiento cultural como es la calle del Sol de Santander, y quise aprovechar esa circunstancia para que esos escaparates fueran también una ventana para hacer una especie de colección virtual de la fotografía de autor en Cantabria, y eso es lo que hemos ido haciendo: cada mes un fotógrafo expone una fotografía en el escaparate y al final, desde el 2010, en estos casi ocho años que lleva de recorrido, hemos conformado una colección que son más de 80 autores y que ya tiene un peso, porque son autores históricos de Cantabria. Aquí además tenemos la posibilidad de acceder todavía a grandes maestros de la fotografía cántabra en vida como Ángel de la Hoz, que tiene ya 96 años, o referentes de la fotografía periodística sin ir más lejos como Pablo Hojas. De hecho hemos tenido foto de él y de su padre. Tener aquí el CDIS, que cuenta con una base importante de fotógrafos cántabros también nos ha facilitado el dedicar un año entero a revisar ese tema del archivo.

- Ahora mismo muchas de esas imágene sse exponen en Santillana del Mar.

- Sí. Gloria Bermejo, la comisaria que lleva la sala de la Torre de Don Borja, me propuso enseñar la colección de 'La Caverna de la Luz'. Ha sido toda una labor, porque realmente ha habido que recopilar todas las fotos que ya estaban en manos de sus autores, pero lo hemos hecho y construido con ello un catálogo. Y es muy satisfactorio ver en una sala como aquella, que es un sitio magnífico, ver expuestas las setenta y pico fotografías que hemos recogido durante todos estos años. La verdad es que no me esperaba al verlo todo junto darme cuenta de que al final tiene un corpus importante como colección de fotografía. Y que a la vez juega a hacer un guiño contra el mercado, porque no es una colección al uso. Yo no soy un coleccionista que se haya gastado miles de euros, porque además en determinados mercados del arte la fotografía de autor no les vale salvo los grandes formatos que se ven en Arco y demás, que son el único caso que puede alcanzar miles de euros de coste. El guiño es que no es una colección al uso: yo no me quedo esas fotografías, cada autor es dueño de su imagen y lo que hemos hecho es una colección virtual que está en la web, que está en el catálogo y ahora en Santillana porque las hemos reunido, pero de alguna forma se van quedando en la mochila de nuestros conocimientos.

«En 'La Caverna de la Luz' hemos reunido una colección con más de 80 autores de Cantabria»

–A lo largo de su trayectoria a visto cambiar radicalmente la fotografía. ¿Cómo describiría ese cambio?

–Yo fui de los reacios al cambio. De hecho tardé mucho con la fotografía digital porque la fotografía en blanco y negro te ofrecía la posibilidad de controlar todo el proceso: tú revelabas el negativo, hacías los positivos y conseguías la imagen que querías. Los inicios del digital eran un poco precarios: la calidad de las ópticas y de las cámaras no llegaba a las de lo analógico, y yo me mantuve hasta 2004. Pero después el cambio fue absolutamente natural y radical: en el momento en que empecé con el digital abandoné el analógico y el blanco y negro y me pasé al color.

–A nivel social, ¿cómo valora esa transformación?

–El concepto tradicional de fotografía enfrentado a la nueva circunstancia es un choque brutal. La gente ahora cree que cualquier 'cuñado' con una buena cámara vale, haciendo un desprecio absoluto a lo que es el conocimiento, no sólo a nivel técnico, sino al bagaje cultural que lleva dentro un fotógrafo profesional, que se ha preocupado por estudiar la composición, por la imagen, por el color, por mil cosas... Al final, esa estrechez de miras, esa búsqueda del beneficio a corto plazo por gastarte menos dinero ha deteriorado la calidad de la imagen de una forma impresionante. Lamentablemente es así, y eso ha repercutido en que los fotógrafos lo pasan mal porque su profesión está minusvalorada de una forma alarmante.

«Hay un desprecio terrible a la figura y los conocimientos del fotógrafo»

–Pero la imagen es esencial...

–Ahora mismo no podríamos entender el mundo si no fuera a través de las imágenes que nos lo han contado. Fenómenos como mayo del 68 o la llegada del hombre a la luna, sin ir más lejos. Allí aparecieron las primeras imágenes de la Tierra desde el espacio. Es impensable contar semejante acontecimiento sólo con palabras. La fotografía ha transformado no sólo la forma de ver la realidad sino además la forma de contarla. Hoy es impensable contar una noticia sin imágenes. Vivimos en un mundo muy visual. Pero el exceso de imágenes es perjudicial, porque no nos paramos ni siquiera a mirarlas. Ahora hay un consumo enorme, ves a la gente con el móvil y ves cómo pasan y pasan fotografías, pero no se parar ni a mirarlas.

–¿Tiene solución?

–Yo creo, y a lo mejor confundo la esperanza con la visión de futuro, que vamos hacia una mayor reflexión del mundo de la imagen y a un uso más consciente. O al menos deberíamos de ir hacía eso. Hoy en día no es así. Ahora misma está la situación desmadrada. Mientras hablamos habrán subido millones de imágenes a la Red y no las van a ver mas que cuatro, me refiero a ver y a entender, porque pasar por encima de ellas pueden pasar miles de personas, pero no se van a parar a mirarlas, ni a disfrutarlas ni a interpretarlas. A veces te llegas a preguntar si será algo consciente, la voluntad de desinformar a la población, porque el volumen de imágenes lo que consigue es desinformar. Como hay tanta contaminación al final se te pasa lo importante, las imágenes que de verdad denuncian situaciones sociales que deben ser denunciadas y corregidas, y que se diluyen en esas otras imágenes festivas, de desayunos con diamantes. Creo que inevitablemente tenemos que hacer un parón y enseñar tanto a los chavales como a la población en general a relacionarse con el mundo de imágenes en el que tamos inmersos, a comprenderlas y a utilizarlas de una forma consciente. Igual que creo que los periódicos están haciendo ahora el camino inverso y vuelven a darse cuenta de que la operación 'cuñados' no ha sido buena y que el deterioro en la calidad de su información ha sido tremendo, y vuelven a contar con informadores gráficos, con profesionales, creo que esa tendencia llegará a todo en la sociedad, aunque sea poco a poco.

Javier Cotera