Una cumbre histórica A 8.201 metros (2ª parte)

Ricardo Bárcena, José Bolado y Gelo Cianca fueron los más fuertes de la expedición cántabra y los tres que hollaron la cima del Cho Oyu

Campo base./Miguel Ruiz
Campo base. / Miguel Ruiz
Miguel Ruiz Cervera
MIGUEL RUIZ CERVERASantander

....Pasada la crisis del edema grave de nuestro geógrafo Enrique Serrano, como ya contamos en la primera parte de este relato, me reincorpore al campo base (5.000 metros) donde me esperaban el resto de mis compañeros preocupados por no tener noticias, ahora lo mas importante era recomponer el ánimo y la moral del equipo para hacer cumbre en el Cho Oyu.

Dos días después iniciábamos el ascenso al campo base avanzado, ya a 5.800 metros, (mil metros más alto que la cima del Mont Blanc), donde tendríamos que vivir algo mas de tres semanas.

Estos campos se asientan en lugar seguro, en la base de una morrena donde conviven 15 o 20 expediciones formando un pequeño pueblo, y en el que para tratar problemas comunes los mas veteranos y expediciones comerciales reúnen un consejo de jefes de grupo para requerir la colaboración de todos. Nosotros faltos de un gran presupuesto aportamos los cuatrocientos metros de cuerda fija que llevábamos y que servirían para equipar las dificultades de ascensión entre el campo 1 y el 2.

Entretanto la vida transcurría cada día con una monotonía a veces desesperante añadida a nuestro estado físico, el normal en aquellas altura, que era de una sensación semifebril, con un permanente dolor de cabeza que salvávamos malamente a base de aspirinas. De esa manera y los equipamientos de los campos de altura íbamos poco a poco aclimatándonos a la altura y normalizando nuestro estado físico. Periódicamente, comentábamos la actualidad de los acontecimientos con Susana Echevarría para El Diario Montañés. De ese periodo recuerdo algunas anécdotas que con el paso del tiempo ayudan a visualizar cómo era aquello.

En las morrenas lo que abundan son las piedras y es difícil colocar las tiendas donde no las sientas cada día en tus costillas y también el correr debajo de ellas de unos pequeños sabuchos de campo (en este caso de monte), pues bien, unos compañeros que compartían campamento, cuya región de procedencia no voy a citar para no herir susceptibilidades, corrieron adelantándose para pillar un lugar sospechosamente plano donde poner sus aposentos. Lo gracioso fue que al día siguiente y calentar un poco el sol sus tiendas aparecieron flotando en lo que realmente era la noche anterior un pequeño lago helado.

Otra cosa que recuerdo fue la dificultad para disfrutar de la comida, que además se repetía uno y otro día, llegando a aborrecer el menú, uno de aquellos platos era una lata de frutas con almíbar que hervían cada mañana para evitar el botulismo y nos sabía horrible, pues bien Ricardo día a día cuando le preguntaban amablemente: «¿ Fruta?». Él contestaba «pa' tu ... madre». Tal fue así que al tercer día el cocinero local, pensando haber aprendido castellano nos decía «¿Fruta pa' tu ... madre?». Y nosotros contestábamos afirmativa o negativamente.

Estas cosas y el descubrimiento de que el mayor secreto que había en el campamento era una revista Interviú, que alguna expedición acertó a llevar, haciendo las delicias de cocineros y sherpas cada noche con el primer topless de Penélope Cruz.

Unos días mas tarde hicimos acopio de fuerzas para trasladar lo necesario para montar el campo 1, ya a 6.500 metros de altura, donde dejamos tienda comida y material y descendimos al campo base. Ahora comenzaba realmente la ascensión a los 3.400 metros que nos quedaban para hoyar la cima.

Miguel Ruiz

En un par de días mas, habíamos dormido en el campo uno y equipado el campo 2, ya a 7.200 metros y allí decidimos quiénes estaban mejor preparados para acometer la cumbre: dos equipos Ricardo y José; y Gelo y Marisa. Yo, con mas de 180 pulsaciones en reposo a 6.500 metros., decidí que no estaba en condiciones, pero seguí trabajando como equipo de apoyo.

Esperando una buena ventana de tiempo nos llegaban noticias del fallecimiento por mal de altura, a 7.200 metros, de un suizo que descendía de la cumbre. El asunto es que subía con oxígeno y no había aclimatado y en el descenso durmiendo en su tienda en el campo 2 se le acabo el oxígeno y nadie se percató de su muerte. Era casi imposible de rescatarle a esa altura, así que una sencilla ceremonia y una grieta le servirían de tumba.

Finalmente, el 26 de agosto de 1998, teníamos situados dos equipos en el campo 3, a 7.600 metros de altitud, decidiendo Marisa permanecer allí haciendo acopio de agua y apoyando la vuelta de sus compañeros.

Por fin, el 27 de agosto, Ricardo Bárcena, José Bolado y Gelo Cianca hacían cumbre en el Cho Oyu a 8.201 metros de altitud, marcando un hito en la historia del alpinismo de Cantabria. La noticia corrió más rápido que la pólvora e incluso algunas emisoras de radio de Cantabria pararon la retransmisión del partido de Primera Zaragoza-Racing para anunciarlo.

Cuando los tres regresaron al campo 3, Marisa ya tenía preparado buen acopio de líquido que les ayudó a recuperarse y entretanto yo subía al campo uno, junto a un sherpa de apoyo, para colaborar a bajar todo el material utilizado hasta el campo base. Allí se produjo un emocionante encuentro de todo el equipo.

El equipo había funcionado como un reloj y unos días mas tarde, ya de vuelta en Katmandú recibiríamos la visita de Mrs. Elizabeth Hawley notaria de los ochomiles, quien después de una larga entrevista constataría nuestra cumbre inscribiéndola en el registro de ascensiones a 8.000 metros en el Himalaya. Mrs. Hawley (ya fallecida) era norteamericana de nacimiento, vivió en Katmandú desde 1960 y fue muy buena amiga de Edmund Hillary. Ella acudía al hotel de cada expedición que llegaba a Katmandú para recabar datos de a dónde se dirigía y la vía de ascenso; y después regresaba haciendo una completa entrevista para constatar si esa expedición había hecho o no cumbre.

Una vez en Santander, fuimos poco a poco siendo conscientes de la gesta conseguida, tras un extraordinario recibimiento en el aeropuerto y los primeros meses de homenajes: Gallos de Año, saque de honor en los Campos de Sport del Sardinero y premio al mejor equipo en la Gala del Deporte de la Asociación de la Prensa Deportiva, Medalla de Oro en nuestro club y un sin fin de parabienes más.

Nosotros nos quedamos con la satisfacción de la cumbre, pero sin perder de vista, con humildad, que además de nuestra planificación, esfuerzo y perseverancia, gracias a Dios tuvimos la fortuna haber salido indemnes de semejante aventura. Buena experiencia con pocas ganas de repetir. Hay en mi opinión en el mundo otras muchas bonitas montañas que conocer que colman mi espíritu de aventura. Seguiremos compartiendo aventuras.