Juanito Oiarzabal: «El Annapurna fue la culminación de un bonito proyecto»

Juanito Oiarzabal, en la cima del Annapurna el 29 de abril de 1999. /
Juanito Oiarzabal, en la cima del Annapurna el 29 de abril de 1999.

El 29 de abril de 1999 el alpinista ascendió el Annapurna y se convirtió en el sexto hombre en hollar los 14 ochomiles. Han pasado 20 años de aquella gesta

JUAN MANUEL SOTILLOS

En la actualidad Juanito Oiarzabal sigue ejerciendo de guía profesional de montaña, homologado por la Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo. El reto de los ochomiles lo tiene «aparcado» dadas sus dolencias pulmonares, consecuencia de un edema que tuvo en el intento al Dhaulagiri el año 2016. Se ha quedado a falta de hacer esa cima y las del Broad Peak, Shisha Pangma y Nanga Parbat para completar la segunda vuelta de los 14 ochomiles. El pasado lunes, 29 de abril, vigésimo aniversario de la consecución de sus primeros 14 ochomiles, lo celebró con amigos ascendiendo al Gorbeia.

– ¿Cómo recuerda aquello?

– Los años pasan muy rápido, como estoy comprobando. Veinte años no es nada, es mucho, es todo... Es el mismo tiempo o parecido que me costó realizar esas 14 cumbres. Así que 20 años es mucho y no es nada a la vez. Han pasado rápido.

– ¿Qué ochomil le ha dejado los mejores recuerdos?

– Probablemente el Annapurna. Fue una expedición rápida, ligera, en la que todo salió muy bien. Estuve rodeado de grandes alpinistas como Eneko Pou, Ferrán Latorre, Juan Vallejo… Recuerdo que mi gran ilusión era subir el 28 de abril, San Prudencio, patrón de Álava. Sin embargo el mal tiempo nos retuvo un día más y alcanzamos la cima el 29. Llegar arriba significó mucho para mí, fue la culminación de un gran y bonito proyecto en el que puse mucho esfuerzo, empeño e ilusión.

– ¿Y cuál le ha dejado los peores recuerdos?

– Ha habido muchos. La caída de Toño Miranda en el Everest, el accidente de José Luis Zuluaga 'Zulu' en el Shisha Pangma… Tengo momentos y pasajes muy duros en varios ochomiles. No puedo olvidarme de uno de los peores momentos de mi vida en el Kangchenjunga cuando bajábamos de la cima Félix y Alberto Iñurrategi… Siempre he dicho que aquello fue muy duro, tremendamente duro.

– Se ha quedado a falta de cuatro ochomiles para ser el único hombre del planeta en tener los 14 por duplicado…

– El edema de pulmón en el Dhaulagiri en 2016 me ha dejado secuelas y ahora tengo uno de los pulmones afectados. Actualmente estoy medicado y con un neumólogo que todavía me está haciendo pruebas. Evidentemente no soy la persona que fui y no tengo esa capacidad de sufrimiento que tenía antes. Sin duda influirá también la edad.

«La montaña me ha quitado amigos. Siempre te acuerdas de ellos, pero me quedo con lo bueno»

– ¿Cómo queda entonces ese proyecto de hacer dos veces los 14 ochomiles?

– En estos momento lo tengo aparcado, pero en absoluto me he olvidado de él porque está dentro de mí. La prioridad es controlar lo del pulmón y sanarme del todo. Si me pongo bien, no lo descarto, aunque soy consciente de que si esto ocurre será de otra forma, por ejemplo utilizando oxigeno artificial. Ahora bien, quiero matizar, que si lo vuelvo a intentar será una cosa muy personal porque ya sé que no aporta nada al alpinismo. Quiero que se le dé la importancia justa. Sencillamente es un asunto mío, es algo que está ahí, pero insisto, si lo retomo será algo muy personal con idea de convertirme en la única persona en el mundo que ha repetido los 14 ochomiles por segunda vez.

– ¿Qué le ha dado la montaña?

– Todo. Vivir profesionalmente de ella, conocer a mi mujer, tener nuestro hijo Mikel... Incluso adoptar una niña nepalí. Conocer mucha y muy buena gente. Tener grandes amigos. Y por supuesto, haber podido disfrutar de la vida en la montaña.

– ¿Y qué le ha quitado?

– Muchas cosas. Principalmente varios amigos. Pero me quedo con lo bueno. Lo que ocurre en la montaña son circunstancias de la vida. Sé que los amigos que han perdido la vida en ella también la han disfrutado, pero se han quedado allí para siempre. Evidentemente siempre les tienes en el pensamiento. No olvidas nunca esos momentos duros y trágicos vividos en la montaña. Pero, insisto, me quedo con lo mejor que nos da la montaña.