Musiquea, diez años aprendiendo a disfrutar la música en Santander

La escuela ofrece una alternativa a la tradicional formación de conservatorio y apuesta por las emociones como centro de la enseñanza

Foto: Alberto Aja | Vídeo: Héctor Díaz
Pilar González Ruiz
PILAR GONZÁLEZ RUIZSantander

Es un pasillo blanco con puertas también blancas y algunos cuadros en las paredes, una tarde cualquiera en Santander. Nada fuera de lo normal hasta que una de esas puertas se abre. De su interior surge de pronto un torrente sonoro. Uno distinto al girar cada manecilla, como si Lewis Carroll imaginara a su Alicia adentrándose en distintos universos sosprendentes en la calle María Cristina. Guitarras por aquí y voces por allá. Al fondo teclados o bajos y, en medio, el latir de la batería. La suma de elementos es Musiquea.

Esta escuela de música comenzó a funcionar hace diez años como una «alternativa». Su director, Mario De Inocencio, huye de la formación reglada «tal y como está» a día de hoy en los conservatorios. «Conozco muchos casos de personas que, que al terminar de formarse, cerraron el piano, dejaron la guitarra o el instrumento que fuera y nunca más lo cogieron de nuevo, porque aquello se convierte en una tortura. Si el máximo exponente de la educación musical hace que la gente acabe harta, algo no va bien».

La premisa de Musiquea es pasarlo bien. «Intentamos que todo el proceso se base en el disfrute y que a través de esa principio acabes aprendiendo cosas». Y a eso se han dedicado, en esta década, más de 900 personas. Entre 160 y 170 alumnos por curso.

Mario De Inocencio, músico y director de Musiquea
Mario De Inocencio, músico y director de Musiquea / A. Aja

Rodrigo tiene diez años y empezó sus clases de guitarra con siete. Resume su experiencia en Musiquea como «divertida», cumpliendo así con la premisa inicial de este modelo. Este joven aprendiz cree que llegar a tocar en una banda es «muy díficil» y dice que sus grupos favoritos son Queen, Pink Floyd y los Beatles, ni más ni menos, tres referentes bastante alejados de los vídeos de YouTube habituales a estas edades como fuente de inspiración. En casa, la labor continúa porque la música también es esfuerzo. «No es de estar todos los días a 'cañonazo', puedes tocar un rato, después hacer los deberes y también jugar a lo que quieras», razona bajo su pelo rubio con total seriedad.

El director de la escuela señala la importancia que tiene a estas edades «complicadas» encauzar las emociones que aún no están del todo definidas o que cuesta expresar. La capacidad creativa que desarrollan los alumnos gracias la música es uno de los valores que aporta esta disciplina. «La música es un lenguaje que tienes que aprender y el cerebro se coloca de otra manera», explica De Inocencio, que añade, «si no hay alma o emoción detrás de la ejecución, puedo escuchar a un tío tocando muy bien pero no me dice nada».

Coros, batería o guitarra son tres de las clases de la escuela / A. Aja

En esas sensaciones es en lo que pone el foco Marta, una de las veteranas. Acaba de cumplir 40 y llegó a Musiquea casi cuando comenzó su actividad. Toca la batería, aunque ese verbo se queda corto para transmitir la emoción que pone a su argumentación. «La música te da cosas que no te da nada más en la vida. Sobre todo cuando tocas tú misma y dejas de pensar en el ritmo y simplemente te sale...es un placer», detalla. Marta, fiel a su instrumento, tiene una batería eléctrica en casa y una acústica en un local. De momento no se «atreve» a dar el paso a meterse en una banda aunque de vez en cuando comparte notas con un amigo bajista. Durante este tiempo su profesor ha sido Rodri Irizábal, a quien, bromea, ha visto «crecer» a su lado y que ha hecho que «cada clase parezca diferente».

Diploma RSL

Musiquea ha dado un paso más con la posibilidad de ser centro examinador de RSL (Rockschool Ltd), organización establecida en Reino Unido desde 1991 que ofrece titulaciones acreditadas en música moderna para guitarra eléctrica, guitarra acústica, bajo, batería, piano, teclados, voz y ukelele.

Los diplomas de RSL están reconocidos en el Reino Unido y otorgan puntos UCAS que facilitan el acceso a universidades británicas y también a escuelas superiores de música.

Para ser profesor de Musiquea -ahora mismos son seis en plantilla- es necesario cumplir tres requisitos; tener experiencia pedagógica, conocimientos y a ser posible estar en activo; «que sepan lo que es bregarse con la industria musical», indica De Inocencio. Ellos son los encargados de enseñar a componer, a ejecutar un acorde, a distinguir las notas «pero siempre disfrutando -insiste el director- Sin disfrutar el aprendizaje es mucho más complicado».

En pleno cambio de clases, a media tarde, siguen llegando familias a preguntar e informarse. En la mesa de Laura, encargada de la Administración de la escuela, se acumulan preguntas, inquietudes y algunos nervios. Mientras unos recogen sus bártulos con la adrenalina en alto, otros ocupan sus posiciones, atril mediante, para comenzar otra sesión de este nuevo curso. Con septiembre vuelven los uniformes, las rutinas, las tareas, pero también las canciones. El calendario suena de nuevo en Musiquea.