El pantano, a vista de satélite

Las imágenes tomadas desde el Sentinel permiten comprobar la recuperación del embalse, que ha pasado en ocho meses de niveles mínimos a situarse a trece puntos del lleno

El pantano, a vista de satélite
Imágenes: Sentinel
Daniel Martínez
DANIEL MARTÍNEZSantander

Después de un largo periodo de sequía, a mediados de otoño el sol se volvió tímido de un día para otro y los paraguas se convirtieron en el complemento indispensable para salir a la calle en Cantabria. No es una cuestión de apreciación. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) confirmó la pasada semana la sensación general de la población, que la primavera, igual que anteriormente el invierno, fue especialmente fría y húmeda en la región. O dicho de otro modo, que los cántabros tienen motivos de sobra para quejarse del mal tiempo. Si pudiera hablar, el pantano del Ebro diría justamente lo contrario.

Gracias a las continuas precipitaciones de los últimos meses, alrededor de un 30% superiores –dependiendo de la zona de la comunidad autónoma– a la media de las últimas tres décadas, el aspecto de la mayor reserva de agua dulce de Cantabria ha dado un cambio de 180 grados. En poco más de ocho meses ha pasado de estar en niveles mínimos que no se veían desde 2003 a quedarse a tan solo trece puntos de alcanzar el 100% de su capacidad. El cambio es evidente. La diferencia se aprecia viendo la línea siempre ascendente que ha ido dibujando la gráfica desde entonces, es mucho más evidente comparando dos fotografías del antes y del después realizadas desde la orilla y no deja margen para la duda sobreponiendo dos imágenes aéreas del pantano campurriano como las que ilustran esta información.

Ambas fueron tomadas por el satélite Sentinel del programa Copernicus que desarrolla la Agencia Espacial Europea. Abajo, una instantánea tomada el 10 de octubre del pasado año, cuando se encontraba al 25,7% y apenas alcanzaba los 139 hectómetros cúbicos. El pantano tenía casi tanta cantidad de superficie emergida sobre el nivel de las aguas (en tonos blancos en la fotografía) como sumergida. Todavía durante dos semanas continuó perdiendo hectómetros cúbicos hasta quedarse en los 131 a finales de ese mes. Sobre el terreno, eso suponía que para alcanzar la orilla había que avanzar varias decenas de metros hacia el interior.

Ahora, en la fotografía tomada desde la atmósfera apenas se ven espacios en el pantano que no hayan sido invadidos por el líquido. Es de esta misma semana. Concretamente del pasado martes, cuando el embalse estaba al 86,7% de su capacidad total y seguía creciendo. La prueba es que el viernes ya había ganado otro medio punto. Eso sí, cada vez lo hace de manera más lenta. Con las montañas casi limpias de nieve el río que lo nutre ha comenzado a mermar su caudal. Además, como es normal en pleno mes de junio, las aportaciones que no vienen del cielo son cada vez menores. A estas alturas del año, ya es difícil que el pantano sobrepase ampliamente el 90%, pero lo realmente sorprendente es que lo haya alcanzado atendiendo a los registros de los que partía.

La otra prueba de la rápida transición de un extremo al contrario, de la sequía a la tranquilidad, es la cromática. Es cierto que la imagen más antigua se tomó poco después de que acabara el verano y la actual antes de que arranque, pero las diferencias de color en los campos que rodean a la infraestructura también dan cuenta del cambio. Los tonos marrones y amarillos daban cuenta de una situación crítica que en zonas altas de algunas comarcas de Cantabria llegó a secar los manantiales y obligó a llevar camiones cisterna para abastecer de agua potable a la población. Ahora que los registros de precipitaciones se acercan a índices de sobrehidratación lo que reina es el verde. Menos preocupación, más esperanza.

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