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Sebrango, el pueblo fantasma

El argayo que cambió para siempre la vida de los habitantes de la localidad lebaniega sigue latente cinco años después, un tiempo que ha transformado la fisonomía del paisaje local

Vista parcial del pueblo de Sebrango, donde sus habitantes tuvieron que dejar olvidados sus proyectos de vida tras el argayo./Pedro Álvarez
Vista parcial del pueblo de Sebrango, donde sus habitantes tuvieron que dejar olvidados sus proyectos de vida tras el argayo. / Pedro Álvarez
Pedro Álvarez
PEDRO ÁLVAREZSebrango

En junio de 2013 un gran desprendimiento de tierra, lodo y piedras cambió la vida de Marcos González, de Maite Llago y del resto de vecinos que vivían apaciblemente en la pequeña localidad de Sebrango, en el municipio de Camaleño. Un argayo de gigantescas dimensiones resquebrajó para siempre el suelo y la vida del pueblo, y continúa siendo una amenaza latente. Sebrango es hoy un pueblo fantasma que visitan los curiosos y sus antiguos pobladores, además de algún joven okupa que desconoce o prefiere ignorar el peligro que le acecha. La montaña está tranquila, pero sigue teniendo hambre, dicen, por lo que «no hay que bajar la guardia», se comenta en la zona.

 

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