«Lo que iba a ser un finde idílico en santillana se convirtió en una pesadilla»

Más de 60 personas tratan de encontrar al responsable del aparcamiento de Rolaceña, donde el sábado una tromba de agua anegó todos los coches estacionados

«Lo que iba a ser un finde idílico en santillana se convirtió en una pesadilla»
Javier Rosendo
ANA DEL CASTILLOSantander

El sevillano José Suárez llegó el sábado con su familia a Santillana del Mar dispuesto a disfrutar de unos días 'frescos' en Cantabria y desconectar del calor y del día a día del Sur. Así que aparcó su BMW serie 3 -«comprado hace ocho meses por 37.000 euros»- en el estacionamiento de Rolaceña, frente a su hotel, y subió a asearse para salir a pasear. Eran las 20.00 horas y una tromba de agua sorprendió a turistas en menos de media hora.

Cuando Suárez y su familia bajaron del hotel se encontraron «mucho revuelo de gente en la zona del aparcamiento». En ese momento este sevillano vio que su vehículo estaba completamente anegado por el agua: «Llegaba a la mitad del coche, estaba totalmente inundado. ¿La tapicería? Pues a la mitad. No había ninguna manera de sacarlo», explica a este periódico.

Junto al coche de Suárez había otros 60 atrapados por el agua. La cántabra Elena Algorri tenía concierto ayer en la Colegiata de Santillana. Dejó su vehículo en el aparcamiento y cuando terminó la actuación -sobre las 22.30 horas- regresó a por su coche, que el agua cubría hasta por debajo de la matrícula. «Lo que había aquí era un río y era imposible sacar el coche, así que tomé la decisión de irme a casa. Cuando llegué encendí el ordenador y me metí en El Diario Montañés y encontré fotos de mi coche con el agua muy por encima de la matrícula», explica al otro lado del teléfono.

En apenas diez minutos...

La red de aguas pluviales no pudo soportar ayer el volumen de precipitaciones y se colapsó. La parte más baja del aparcamiento Rolaceña se llevó la peor parte. Allí, en el peor momento, el agua llegó hasta los 1,60 metros y algunos turismos desaparecieron. Estaban totalmente sumergidos bajo un líquido de color marrón. La cara de los propietarios -la mayoría turistas- que esperaban a que los servicios de emergencia pudieran achicar el agua era todo un poema.

A la desesperación de ver sus vehículos en ese estado se suma, dicen, la falta de ayuda por parte de responsables y autoridades. «Aquí todavía hay señoritas con uniforme para cobrar el parking, como si no hubiera pasado nada», apunta Suárez, que ya ha decidido denunciar a la empresa porque «es increíble, aquí todos los del pueblo me decían que cuando llueve el río se desborda y se inunda. No sé quién ha sido el lumbreras de poner aquí un aparcamiento». Este turista sevillano y su familia tenían previsto quedarse en Santillana hasta el 26 de julio, «pero por la pinta que tiene nos marcharemos pronto».

En tan solo diez minutos la parte baja del aparcamiento se convirtió en una piscina. / Javier Rosendo

Técnicos «de talleres» del pueblo se han interesado por los afectados y se han acercado hasta la zona para informar a los perjudicados: «Me dijo un señor que era muy peligroso arrancar el coche si todavía quedaba agua en el motor», cuenta Algorri, que está gestionando cómo sacar el vehículo con una grúa de Rolaceña.

Los afectados han hecho 'piña' -«qué remedio, porque ningún responsable del aparcamiento aparece por Santillana»- y han creado una plataforma, un grupo de Whatsapp y de Facebook. «Queremos que se declare zona catastrófica. Ha sido horrible ver a gente llorar porque habían perdido el coche», explica una bilbaína de 34 años con un nudo en la garganta. Su idea era «pasar un 'finde' idílico con mi marido y mi hija de dos años en Santillana, pero ha sido una pesadilla», explica de camino a Polanco en su Ford Focus -«y el culo mojado»-, donde van a poner una denuncia.

Recuperar la normalidad

Santillana del Mar trata de recuperar este domingo la normalidad tras la fuerte tromba de agua, un hecho que «nos ha sorprendido a todos», dice el alcalde, Isidoro Rábago, que subraya que lo ocurrido fue «como para declarar a la villa zona catastrófica».

Rábago ha afirmado que la red de recogida de aguas pluviales siempre se vigila y se mantiene limpia, pero la intensidad de la lluvia hizo que se colapsara. Tan rápido ocurrió todo que los sumideros no tuvieron tiempo de tragar el agua: «Estoy asustado de cómo caía el agua, por norte, sur, este y oeste. Era impresionante», ha asegurado Rábago, que cree que también habrá influido «el tema de mareas».

Además del parque de Rolaceña, la lluvia afectó al casco histórico, a establecimientos del pueblo y a la zona de la Colegiata, donde se formó una gran masa de agua. También levantó tuberías y entró en el colegio.

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