Renedo, un pueblo roto por los pasos a nivel

Los vecinos de Piélagos están cansados de escuchar promesas políticas mientras cruzan cada día las vías del tren

Uno de los dos pasos a nivel que hay en Renedo, ubicado en el barrio Sorribero./Luis Palomeque
Uno de los dos pasos a nivel que hay en Renedo, ubicado en el barrio Sorribero. / Luis Palomeque
ANA DEL CASTILLOSantander

Francisco Javier Ochoa Serrano lleva 20 años a pie de vía. Cuatro lustros que le han enseñado a distinguir el sonido discontinuo que viaja por los carriles del tren hasta su restaurante, El Jardín de Victoria, en Renedo de Piélagos. Parece un juego. «Ahí viene el Alvia», es el más veloz. «Ese suena al tren de cementos Alfa», uno de los más lentos y pesados. Desde que baja la barrera hasta que pasan por completo todos sus vagones discurren cinco minutos y veintitrés segundos. Casi siete hasta que la valla permite de nuevo el paso.

A pesar del ruido y las grietas que la circulación de los trenes produce en su establecimiento, ubicado en el barrio Sorribero, tiene una «muy buena» convivencia con Renfe. Tanto es así que cuando algo falla es el primero en dar la voz de alarma. «Si las barreras se estropean llamo a los responsables y cambio el tornillo. Lo pongo de bronce y después vienen ellos y lo cambian por uno de acero, mucho más resistente». Prefiere eso a revivir lo ocurrido en 2006. «Hay cosas que no se olvidan», añade. A su memoria ha asomado un antecedente que aún le mortifica, el atropello de un joven de 20 años que salió de su restaurante y por un despiste, cuentan los testigos que iba hablando por el móvil, fue arrollado por un tren. «Me dolería mucho que volviera a pasar», apunta Ochoa, que también tuvo que presenciar el otro accidente mortal: «Era un abuelo. Pascasio se llamaba». Tercera víctima mortal en el mismo punto.

«Solo necesitamos que el proyecto se lleve a cabo. Nada más. ¿Tanto cuesta ponerlo en marcha?» José Manuel Cuesta | vecino de renedo de piélagos

Los vecinos de Renedo de Piélagos llevan toda la vida conviviendo con una arteria que parte sus barrios en dos y que obliga a unos y a otros a cruzar cada día las vías del tren. El mismo tiempo que llevan exigiendo soluciones. «Solo necesitamos que el proyecto (redactado y en fase de supervisión) se lleve a cabo. Nada más», dice José Manuel Cuesta, de 73 años. Cada día cruza un mínimo de cuatro veces el paso a nivel de Sorribero. Ahora lo hace por ocio, pero cuando trabajaba en Carrocerías Mar, en Vargas, lo hacía por obligación. «Y muchas más veces», añade. Él, al igual que Ochoa, fue testigo del triste accidente de aquel chaval. Por eso por muchas veces que cruce no quitará nunca el miedo. «¿Tanto cuesta ponerlo en marcha?», se pregunta. En concreto, 7,5 millones de euros, aunque parece que el dinero no es el problema. «Lo que pasa es que no se ponen de acuerdo porque son tres los implicados», dice Miluca Herrerías. Y tiene razón, el Gobierno de Cantabria, ADIF(empresa pública responsable de la vía) y el Ayuntamiento de Piélagos tienen que dar el paso y firmar el acuerdo para acabar con los pasos a nivel en el municipio.

Luis Palomeque

El pasado 11 de octubre, el Ejecutivo cántabro dio el visto bueno a la firma del convenio por el que se llevará a cabo la duplicación del tramo Santander-Torrelavega (convencional-ancho ibérico) que incluye la eliminación de los pasos existentes en el trayecto. Desde entonces se está a la espera de su tramitación por parte de ADIF y de su envío al Ministerio de Fomento para su posterior autorización por el Consejo de Ministros. Y esta misma semana, el consejero de Obras Públicas, José María Mazón, ha remitido una carta al ministro José Luis Ábalos en la que le insta a firmar el acuerdo antes de las elecciones generales del 28 de abril.

«Llevamos toda la vida demandando un paso subterráneo. Ahora quieren ganar votos» miluca herrerías | vecina de renedo de piélagos

«Eso lo dicen porque quieren ganar votos. Yo ya no me creo nada, llevamos toda la vida demandando un paso subterráneo», cuenta Herrerías, una vecina desconfiada a la que le suben los colores cada vez que habla de los pasos a nivel. Su amiga y vecina, Carmen, le discute la obra: «No se puede hacer subterráneo porque entonces los coches no pueden pasar. No veo solución». Así queda el asunto.

Las barreras están para algo

El proyecto, que cambiará radicalmente la distribución del tráfico en Piélagos, contempla la construcción de una nueva variante en la CA-233 mediante un viaducto en la llanura comprendida entre el río Carrimont y el cruce con el ferrocarril. Además, los dos pasos a nivel -uno situado en el cruce de la línea férrea con la carretera autonómica que une Puente Arce y Renedo y el otro en el camino vecinal de Sorribero- serán sustituidos por dos pasos inferiores en la misma ubicación.

«El problema es que tanto jóvenes como mayores se saltan las barreras de seguridad» marina | vecina de renedo de piélagos

Lo curioso es que todavía hay vecinos a los que el tren no molesta. Lo conciben como un elemento más, otra fuente de contaminación acústica, e integrado dentro del municipio. «El problema es que tanto jóvenes como mayores cruzan saltándose las medidas de seguridad. Les da igual las campanas, las luces y las barreras», apunta Marina. David Torres, de 79 años, lo reconoce. Vive al otro lado de la vía y alguna vez cruza con la barrera bajada: «Es que cada diez minutos pasa un tren y ya he perdido el mío varias veces, pero cuando voy con mis nietos nunca lo hago», justifica.

Una mujer cruza el paso a nivel saltándose las barreras de seguridad.
Una mujer cruza el paso a nivel saltándose las barreras de seguridad. / Luis Palomeque

Lourdes López tiene dificultades para caminar, aunque a sus 81 años no va a quedarse en casa. Es vecina de Piélagos, «de toda la vida», y no acaba de acostumbrarse a cruzar el paso a nivel que le lleva hasta su médico de cabecera: «Intento que algún familiar me acompañe. Fíjate, después de tantos años y me sigue dando respeto», apunta.

56 pasos a nivel

La cifra de 10.000 pasos a nivel existentes a mediados de los 70 en España se ha ido reduciendo considerablemente. En Cantabria, entre Renfe y Feve, suman 56, según los datos de Fomento consultados por este periódico. En los del municipio, a las horas punta (entre las 14,00 y las 16.00), pasa una horda de adolescentes provenientes del IES de Renedo «que no respetan las barreras a no ser que esté la Guardia Civil controlando. Les llaman la atención e incluso les ponen multa si son reincidentes». Mientras Francisco Javier Ochoa pide a los estudiantes del instituto perder un segundo de vida y no la vida en un segundo, una mujer de mediana edad, en un claro ejemplo de falta de educación vial, cruza la vía con una pesada bandeja de comida. Hace un rato que sonó la campana y el rojo del semáforo no puede estar más candente.

Cabe recordar que en los últimos catorce años en Cantabria, al menos trece personas han perdido la vida por un tren en un cruce ferroviario.