Santander ya está en fiestas

Javier Cotera

Arrancan diez días de celebración en la capital cántabra. Casetas, conciertos, toros, ferias, fuegos artificiales...

ÁLVARO MACHÍNSantander

A muchos les llegó por teléfono. Uno de esos mensajes con una frase simpática que tienen su día de gloria. «Santander es un lugar tan fantástico para hacer turismo que hasta el invierno viene a pasar aquí el verano». Viendo las trombas de agua de la mañana, la ocurrencia tenía su aquel. Reír por no llorar. Fue –otra más– una jornada de cabezas inclinadas. Mirando al cielo. Pero esta ciudad (Cantabria en general) lleva en su carácter la contradicción. En un día, aquí, pueden hacer todos los tiempos posibles. Llover como si se acabara el mundo y, al rato, quedar una tarde de esas que los madrileños vienen a buscar al norte. Eso pasó. Que dejó de llover y no cayó más. Que a la hora del chupinazo hacía la temperatura ideal para estar en la calle. Y, aunque alguno tardó algo más en llegar que otras veces por las dudas que le plantearon las nubes, la Plaza del Ayuntamiento se llenó como todos los años.

Lleno absoluto para un chupinazo compartido. Gema Igual se repartió las frases de su discurso con las peñas. A oración por persona. «Venga, levantad el pañuelo, tiramos el chupinazo y luego cantamos todos juntos La Fuente de Cacho. Viva Santiago. Viva Santander». Cohete y todo listo. La ciudad ya vive la única semana del año que dura diez días. Fiestas.

Que había ganas de calle era evidente. En cuanto el sol se asomó por las azoteas del centro, en las atracciones que han puesto para que los niños se diviertan en Alfonso XIII ya se formó cola. Viajeros al tren, hinchables, los viajes aéreos con las gomas... «Venga, que ya te has subido dos veces. Ya vamos para el Ayuntamiento». Los críos son los reyes de una tarde de chupinazo. «A mí es que se me sale el corazón cuando la veo». Al abuelo se le caía la baba viendo a la nieta vestida de montañesa y bailando al ritmo de '¿Qué quieres que te traiga que voy a Madrid?'. El grupo de coros y danzas lo mismo tocaba eso que «Santander, la novia del mar» delante de las Gigantillas.

Allí, en Lealtad, se formó una tribuna improvisada en las escaleras que llevan a la catedral para ver a Doña Tomasa, La Repipiada, Don Pantaleón y La Vieja de Vargas. Estaba a reventar. Con el colorido de los trajes regionales –llamativo el carpancho que llevaba una mujer sobre la cabeza (pura tradición santanderina)–. Los más pequeños se vuelven locos intentando descubrir por la boca de los cabezudos la cabeza real de quienes están dentro. Cosas de todos los años.

Allí, con la chavalería, también se repiten conversaciones. Entre padres con hijos y solteros de su misma edad. «Ya sabes, con estos... Ahora se vive de otra forma».

En esto andaban un par de ellos mientras las piernas que mueven el carrusel ecológico (precisamente porque es un hombre que lo mueve con sus piernas) se preparaban para otro viaje. «Perdona, ¿el desfile viene de Puertochico o va con las gigantillas?». Nada que ver. El recorrido de los personajes típicos andaba por Lealtad de regreso a la Plaza del Ayuntamiento. Y esa marea multitonal que forman peñas, centros regionales, artistas de circo y charangas enfila por el Paseo de Pereda hasta el mismo sitio. Hay un poco de todo en la comitiva.

Junto a las peñas vienen haciendo ruido 'Los Ronceros' de Santoña, 'El Cancaneao' de El Astillero o la charanga San Juan, de Colindres. Entre otros, porque la lista es larga. Que si la Asociación Musical San Miguel, que si los de San Martín de la Mar... A ellos se suman representantes del Centro Gallego, el Andaluz, la Hermandad del Rocío, el Grupo de Tradiciones de Cantabria o el de flamenco de Cristina Osorio. Y más. Porque son tantos que tardan mucho en llegar. Tanto, que los de la cola asomaron por la esquina de Isabel II cuando ya había empezado el discurso de la alcaldesa desde el balcón.

Incluso pese a que el chupinazo se retrasara un poco porque había que organizarse en el balcón. Tiene su dificultad. Los fotógrafos de prensa buscan sitio, el cohete está a un lado y hay que dejar hueco para los representantes de las peñas. Y como este año les tocaba, además, hablar, hubo que ponerles en fila para que cada uno soltara su frase para deleite de los miles que había abajo.

Desde el balcón

Igual no aprovechó la ocasión para mensajes. Fue más interpelar a los que esperaban que un discurso. «Ha llegado el momento de iniciar la Semana Grande. ¿Estáis todos?». Y, así, una detrás de otra. «¿Han llegado las peñas ya?» (casi todos sí, pero algunos no). «¿Estáis todos preparados para estar en la calle estos diez días?». A la siguiente frase les tocó responder a los que la acompañaban en el balcón. «¿Qué vamos a tener en Santander?». Cada uno le puso cifra a una cosa. Setenta conciertos, casi cuarenta casetas, siete tardes de toros, dos días de fuegos artificiales... «¿Tenemos ganas de fiesta? ¿Empezamos ya?», continuó Igual.

Lo siguiente fue el cohete. El estruendo. Las cintas y los papelitos de color azul y blanco con el 'Ayer te vi que subías' de fondo. Y todos saltando. El vendedor de globos que este año tiró de 'Patrulla canina' y de 'Jet' como estrellas. Los que hicieron cola ante el puesto para recoger los programas de la fiesta. Las chicas que vendían entradas para los conciertos de la campa. O los de las casetas. Trabajando a tope. Para las cinco de esta zona fue su día –o su noche–. 'Por unas fiestas libres de agresiones sexistas', ponía en un cartel pegado en una de ellas justo debajo de otro en el que se anunciaba la marmita de bonito.

Todos. Todos saltando (después de 'La fuente de Cacho' pincharon 'Despacito'). Mucha gente. Porque, aunque tardaron tal vez un poco más en llegar por las dudas del tiempo, abarrotaron la plaza y también la calle Juan de Herrera e Isabel II. Desde el balcón se veían las riadas inmóviles de gente minutos ya después del lanzamiento. Alegres. Juntándose con esa facilidad de cercanía al de al lado que sólo consiguen las fiestas. Sonrientes. Como los tres jubilados que había a media tarde sentados en un banco justo detrás del escenario de los cantantes de la verbena infantil 'Alboroto'. Un hombre en medio y una mujer a cada lado. Moviendo un poco el pie con lo de 'Soy una taza'. Tres jubilados, dos bastones, tres paraguas... Los tres con el pañuelo azul. Y allí se quedaron hasta que el cielo, de nuevo, se puso a jarrear.

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