Vértigo al ritmo de 'Lo Malo'

Cientos de personas, ayer, en el recinto ferial de la Semana Grande instalado en el aparcamiento de los Campos Sport del Sardinero. /Daniel Pedriza
Cientos de personas, ayer, en el recinto ferial de la Semana Grande instalado en el aparcamiento de los Campos Sport del Sardinero. / Daniel Pedriza

Frenesí, algodón de azúcar y reguetón dan vida a las tradicionales ferias un verano más

PEDRO FOMPEROSA

Las atracciones ocupan el aparcamiento de los Campos de Sport del Sardinero. Junto a ellas llega el momento más esperado del verano por los niños y los adolescentes de Santander. Las familias y los grupos de quinceañeros se mezclan en esta cita anual. Animación y frenesí componen un lote indivisible que satisface a todos.

Este año, las ferias cuentan con 42 atracciones, de las que 21 se enfocan claramente para los niños, mientras que los mayores disfrutan de dosis de vértigo en otras 16 atracciones. También hay ciertas atracciones que atraen a todos los públicos: los coches de choque, la noria y shows como los de la Mansión del Terror han vuelto a Santander.

El techo de estas ferias se sitúa en 42 metros gracias al 'Gigant XXL', un péndulo en el que los más atrevidos hacen cola para gastarse la paga. Pero, sin duda, la atracción más juvenil es la araña reguetonera. Se trata de una estructura giratoria con brazos que suben y bajan frenéticamente y a la que le acompañan los temas más discotequeros. Vértigo al ritmo de 'Lo Malo', de Operación Triunfo 2017. ¿Qué más puede pedir un quinceañero? Pero las ferias son más que atracciones, y para crear ese ambiente contribuyen 24 puestos de hostelería, 27 casetas variadas y ocho puestos de juegos.

El santanderino, cuando piensa en las ferias, huele a patatas fritas y churros, piensa en los cables que traban el paseo de las sillitas de los bebés y lo asocia al sonido de los motores viejos, esos que hacen funcionar las atracciones, mezclados con los gritos que proceden de las atracciones más fuertes.

Los premios

«Gira la ruleta, que no para, no está quieta». Esa es la melodía que domina las tómbolas y no se va de la cabeza en varios días. Los mayores se arremolinan frente a esos escaparates del 'Todo a cien' que representan las rifas. «Por cien puntos puede conseguir una licuadora», le dice el presentador a una señora. Los premios terminan en el trastero, pero parece que la gracia está en conseguir uno, el que sea.

Las ferias también vuelven a ser una prueba de destreza para todos. Las escopetas, los dardos, las porterías, las canastas, los patitos... Mientras los niños quieren pescar un pato o meter un gol, los mayores quieren quebrar un palillo. La oferta es variada y muchos se ven obligados a volver otro día para conseguir los tiques suficientes para llevarse una serpiente gigante, un flamenco o un mechero. Aunque el premio está bien, lo importante es poder demostrar puntería delante de los amigos.

Las máquinas de gancho son un punto de encuentro para los grupos de jóvenes que buscan llevarse un peluche de alguna serie de animación, un móvil o una cámara réflex. Son tentaciones que muchos quieren aprovechar ya que sólo pisan Santander durante quince días al año. Las ferias estarán hasta el 5 de agosto (que será el 'día del niño'), entre las 18.00 y las 00.30 horas de domingo a jueves, y ampliado hasta las 02.30 horas los viernes, sábados y vísperas de festivo.

La oferta gastronómica también es curiosa. No es variada, pero gusta a todos los públicos. Ante un puesto de dulces, un niño grita: «¡Mamá, quiero un regaliz!», a lo que la madre responde: «Eso lo puedes comer cualquier día. ¿No prefieres algodón de azúcar?». En lo que mamá no se ha fijado es en que el regaliz mide un metro. En todo el recinto, los algodones de azúcar se mezclan con los conos de salchipapas. Grasa y dulces también encuentran espacio en las ferias. Otras imágenes icónicas que acompañan a las atracciones son las trenzas o los tatuajes falsos. Tópicos que sólo tienen lugar en un espacio tan especial como las ferias. Junto a ellos aparecen los manteros que ofrecen zapatillas deportivas y películas piratas cuando se despista la policía.

En el recinto ferial las sillitas de bebé se mezclan con los playeros que pasan de largo en dirección al coche, que seguramente estará lejos. Aparcar en El Sardinero no es tarea fácil. Aquí, los grupos de adolescentes se cruzan con las abuelas del bingo. Los niños pequeños ponen el ojo en los chavales que esperan para golpear al saco de boxeo. La testosterona juvenil también se abre espacio entre las atracciones. Todo forma parte de un ambiente realmente auténtico que sólo se vive una vez al año.

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