«Vas paseando por la Duna y si te descuidas te partes una pierna»

A los actos vandálicos, el olor a orín y los grafitis en la Duna de Zaera se suma ahora la rotura de piezas de madera en la pasarela peatonal

Algunas piezas se han roto y otras se han combado por el cambio de temperaturas./Roberto Ruiz
Algunas piezas se han roto y otras se han combado por el cambio de temperaturas. / Roberto Ruiz
Ana del Castillo
ANA DEL CASTILLOSantander

«Esto es una vergüenza. Mira ese agujero. Vas paseando, mirando la Bahía de Santander y si te despistas te partes una pierna». La Duna de Zaera, obra estrella del Mundial de Vela y del Frente Marítimo de Santander que, junto con la recuperación del Dique de Gamazo, costó a la ciudad 4,8 millones de euros, sigue sin capitán que la gobierne y cada vez se encuentra más a la deriva. A los grafitis, la suciedad, los actos vandálicos y el olor a orín se une ahora la rotura de piezas de madera del suelo. Un peligro para turistas y vecinos de Santander que, en lugar de disfrutar de las vistas, tienen que ir mirando al suelo - a las «maderas tecnológicas», tal y como las bautizó en 2013 el concejal de Urbanismo de Santander, César Díaz- para no sufrir un accidente.

La responsabilidad de arreglar los desperfectos en la zona pública de la Duna corresponde al Ayuntamiento de Santander. De hecho, desde que se inauguró en 2014 se han acometido diversas reparaciones por parte de la empresa que ejecutó las obras y que «ya ha pedido una remesa de material para reparar estos últimos desperfectos. Lo han recibido hace unos días. En cuanto deje de llover llevarán a cabo la sustitución, previsiblemente esta semana», explican fuentes del Consistorio.

Más difícil será acabar con la suciedad en la zona Oeste de la Duna. Aunque ya se había pintado la parte del almacén del CEAR para eliminar los grafitis, han vuelto a aparecer. Y a ellos se suman restos de comida, colillas, plásticos, latas de cerveza, cáscaras de pipas y escalones de madera también rotos que ahora hacen la función de cubo de basura.

Una valla metálica de obra pretende prohibir el paso al lateral acristalado del almacén -que apareció roto hace casi un año- pero cualquiera puede moverla, incluso los jóvenes que cada fin de semana hacen botellón, aunque se cierre al público a las 22.00 horas. Una vez más: «Es el CEAR de Vela quien se debe hacer cargo porque eso es zona privada», según el Ayuntamiento. Vuelven a no ponerse de acuerdo mientras la Duna se deteriora cada vez más. «Tengo entendido que es responsabilidad del Ayuntamiento. La otra vez, cuando detectamos que había jóvenes rompiendo los cristales del almacén del Centro Especializado de Alto Rendimiento dimos aviso. Ese es nuestro trabajo, pasar la incidencia cuando se detecta», explica Alejandro Manuel Gutiérrez, coordinador del CEAR de Vela Príncipe Felipe.

Roberto Ruiz

«Cuidado con eso», le dice a su mujer un vecino de Santander. El matrimonio tiene que ir sorteando los boquetes del suelo, donde no sólo faltan piezas, otras se han combado por los cambios de temperatura. «¿Que qué me parece que esté esto así de roto? Como si fuera lo único a lo que no prestan atención...», dice con resignación el marido.

En junio de 2013 el concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Santander, César Díaz, anunciaba el material con el que se iba a levantar la Duna: «Es resistente a la humedad, a la climatología extrema, a la salinidad, a la arena, al tránsito denso y no se pudre».

Roberto Ruiz

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